IGNACIO QUARTINO
No es necesario armar un estudio de mercado ni encuestas de preferencias sobre la gestión de los técnicos de los cuadros grandes. Las salidas de Nacional y Peñarol a las canchas chicas son un "boca de urna" fenomenal. Sólo basta con permanecer los 90’, los descuentos y el trayecto desde un improvisado banco de suplentes hasta el vestuario, para tener un pantallazo sobre el presente que viven en sus respectivos clubes.
Una tribuna con 500 hinchas a menos de dos metros del entrenador desnuda actitudes, comportamientos de los dueños de la pelota.
El Peñarol de Diego Aguirre y el Nacional de Santiago Ostolaza viven realidades diametralmente opuestas. Las visitas de ambos equipos al Parque Nasazzi y Belvedere, respectivamente, confirmaron sus presentes. Y el hincha tuvo la palabra.
OSTOLAZA. Cinco minutos antes del inicio del encuentro entre Bella Vista y Nacional, Santiago Ostolaza cruzó a paso tranquilo el campo de juego y se quedó parado al lado de la casilla para los suplentes sin gesticular, concentrado como uno de los once titulares que estaban a punto de empezar a jugar.
Por eso no extrañó su negativa a firmarle la camiseta a la quinceañera que le suplicó su autógrafo desde atrás del alambrado. El "Vasco" se limitó a contestarle gentilmente que los autógrafos los firmaba a la salida.
Con el partido en marcha, mucho apoyo, mucho aliento del cuerpo técnico y el hincha hacia el jugador tricolor que buscaba el gol del triunfo que nunca llegó.
Precisamente, ese detalle empezó a marcar el quiebre entre los hinchas y el cuerpo técnico: "¡esto no tiene arreglo, Vasco!", le gritaron a Ostolaza desde la tribuna a los 30’ del primer tiempo.
Fue un reclamo "tipo", que se fue agudizando con el correr del segundo tiempo, cuando ni el "Lucho" Romero, ni el "Chori" Castro, ni Marcelo Guerrero podían vulnerar el arco de Martín Góngora.
Pero el "Vasco" no sólo se nutrió de críticas en la tarde sabatina. También escuchó consejos. "¡Poné a Guerrero!". "¡Poné a Mello!". Y hasta ¡"poné a Abreu!", que estaba en la tribuna, le pidieron. Y el técnico cumplió al pie de la letra con todos los pedidos que tenía a su alcance (ver nota aparte).
Es más. Nacional seguía 0-0 y la hinchada le pedía al "Vasco" que calentara para que cambiara la historia.
Indignados por la salida de Castro, por más que puso a Mello, le dijeron que estaba "¡loco!" y le preguntaron: "¿qué partido estás mirando?".
Cuando Cabrera decretó el final, no hubo insultos pero abundaron los reclamos por los bajos rendimientos de los jugadores y un solo pedido de renuncia: "¡Vasco, andate a Dolores a plantar soja y trigo!". Dando muestras de profesionalismo, Ostolaza se marchó callado y con la misma bronca que el más fanático de Nacional.
AGUIRRE. Otra historia y otro ambiente se vivió ayer en el Estadio Belvedere. Con un público más parecido al de la Amsterdam que al de la Olímpica. Diego Aguirre se ubicó al lado de los suplentes, paraguas en mano, casi recostado sobre la bandera aurinegra del Barrio Fraternidad.
Hasta los 12’ del segundo, cuando Bueno hizo el tercer tanto y liquidó el pleito, la hinchada se olvidó de criticar a Luiz Nunes, el único resistido. "¡Sacalo y poné a Leo Ramos, Diego!", le gritaron.
También le tiraron un par de consejos. Algunos vieron a Bueno con exceso de confianza: "porque pide todo, patea y hace todo. ¡Hacete respetar, Diego!".
Pero a palabras necias, oídos sordos. Nunes, terminó jugando todo el partido y redondeó la goleada. ¿Bueno? Autor del primero y tercer gol.
Al final, el hincha no tuvo otra que felicitarlo y decirle a Diego "¡seguí así!". De paso, aprovechó para el "mangazo": le hablaron suave al oído y le pidieron la campera y hasta el paraguas. Lo que viniera.
¡Agarrala con la mano!
Cuando el partido estaba virtualmente liquidado para Peñarol, Aguirre comenzó a jugar el clásico. Antes que Liverpool moviera del medio, con el partido 3-0 arriba, Aguirre llamó a Diogo y le pidió que le avisara al "Boya" Pereira que se hiciera sacar una amarilla. El objetivo era que el volante no jugara la fecha que viene ante Rocha por suspensión y resguardarlo para el clásico.
Pereira cumplió con su cometido, pero eso no quitó que Aguirre tuviera más de un dolor de cabeza, al punto que le pidió, desesperado, que agarrara la pelota "con la mano", para ser amonestado.
¡No quemes al pibe!
En el inicio de ciclo de Ostolaza a la hinchada tricolor sólo le faltó ponerse de rodillas para que pusiera a Sosa al menos un rato. Como buen vasco, parecía que el técnico no aceptaba sugerencias de los hinchas. Sin embargo, el sábado, cuando la tribuna pidió que sacara a Coelho, al finalizar el primer tiempo, lo hizo. Para el complemento estaba Méndez en la cancha en lugar del artiguense. Algo similar pasó con el cambio de Colzada. "¡No lo quemes al pibe!", le pidió un parcial: dos minutos más tarde, el sanducero fue sustituido por Guerrero.