SILVIA PEREZ
Gustavo Poyet acababa de regresar de Budapest a donde había viajado para participar del partido homenaje al jugador rumano Popescu.
Cómodamente instalado en su vivienda de Englefield Green en Surrey, un barrio ubicado en el sur de Londres a sólo 5 minutos del Castillo de Windsor, habló sobre su presente, su salida del Tottenham Hotspur y sobre todo, de su futuro. "Estoy de vacaciones. En realidad estoy esperando y tratando de alargar la decisión de seguir jugando o no. Posiblemente, acá, en Inglaterra, no siga jugando y estoy esperando por otras ofertas, pero la opción más fuerte es ir a Qatar. He tenido varios contactos. Ya estuve ahí a fines de febrero, aprovechando que había ido con mi equipo por cuatro días a Dubai que es muy cerquita y me largué. Es increíble, yo había estado en Qatar en el año 86 con la selección juvenil. Fue mi primer viaje en avión. No había ido ni a Buenos Aires y me subí a un avión ¡para ir a Qatar! Todavía no sé cual es el equipo, porque en Qatar te contrata la Federación de Fútbol. Generalmente, contratan 10 a 12 jugadores por año y luego la Federación los reparte dependiendo de lo que necesita cada equipo. Uno no se entera del equipo hasta el final. Puede parecer extraño, pero en cierto aspecto lo de Qatar me seduce, al menos me da la posibilidad de hacer otras cosas y sobre todo, de no tener que tomar esa gran decisión final. Me alarga un poco la carrera".
Los contactos con la Federación de Qatar comenzaron a principios de este mes. Seguramente, Poyet aprovechará sus próximas vacaciones familiares, que tendrán lugar en Dubai, destino muy común entre los ingleses, para trasladarse a Qatar a realizar algunos exámenes médicos de rutina. "En caso contrario, si no se concreta esperaré a que mis hijos terminen en el colegio y me iré para Uruguay como hago todos los años".
TOTTENHAM. Después de sus exitosos años en el Chelsea, Gustavo está muy decepcionado por lo que fue su última temporada en el Tottenham Hotspur y eso hace que esté dispuesto a dejar el país en el que vive hace más de siete años. "Yo estaba muy acostumbrado a jugar en un equipo importante. Eso no pasó el año pasado y es difícil que se vuelva a dar, sobre todo con mi edad y a este nivel en Inglaterra. Me han preguntado si no quiero ir a un equipo de segunda que tenga intenciones de subir, pero no, ni me lo planteo. No quiero bajar de nivel en este fútbol. No quiero que me vuelva a pasar lo del Tottenham, el equipo tuvo un año desastrozo y con gran peligro de descender. Jugué poco y sin divertirme. Pienso que si bajás todavía más, debe ser peor. Acá este año hubo tres equipos por encima de los demás y los restantes 17 prácticamente no tuvieron posibilidades. De esos 17, 15 eran equipos mediocres y el Tottenham fue uno de ellos. Mi contrato con el equipo finaliza el 30 de junio y no me ofrecieron para renovar. Tengo 36 años y es lógico, normal, evidente, que no me lo ofrecieran. Si con esta edad hubiera hecho 15 goles, me hubiesen renovado seguro, pero como en los últimos seis meses he jugado muy poco, era muy difícil. Jugaba cuando estábamos complicados, pero si ganábamos y respirábamos sacando un poco la cabeza del agua, dejaba de hacerlo. Dependía de como estuviera la cosa y de la necesidad de experiencia. Ya me veía venir esto, porque además los jugadores que compraron son todos jóvenes. De todas formas, la información de mi situación en el Tottenham salió mal al mundo. No me rescindieron el contrato. No me ofrecieron un nuevo contrato y yo tampoco iba a pedírselo porque no quería quedarme".
LIBERACION. De todos modos, parece difícil que Poyet esté dispuesto a dejar un lugar donde parecía sentirse a las mil maravillas. Un país donde llegó prácticamente sin hablar inglés y no tardó en convertirse en todo un mister británico. Londres, con su gran variedad de actividades sociales lo deslumbró. Sin embargo, de la puerta de su casa para adentro, las costumbres siguieron siendo uruguayas y el five o’clock tea nunca consiguió entrar. "Siempre tuve la facilidad de adaptarme muy bien pero hay cosas que no podés dejar y en mi casa el mate de la tardecita nunca falta. Además, en este momento veo la posibilidad de dejar Inglaterra como una liberación. Lo del año pasado me afectó mucho. Un ejemplo, estaba haciendo el curso de entrenador, pero todo lo que pasó en Tottenham me sacó las ganas y lo dejé. Por otra parte, para mí no es fácil hacer algo en Inglaterra. Acá, salvo raras excepciones la estructura del fútbol está montada de una forma en que yo no puedo trabajar. Yo no puedo cambiar las cosas. O me voy o tengo que aceptar una cantidad de condiciones que no quiero aceptar. Aquí los equipos tienen un asesor deportivo, un manager y un técnico. Yo no estoy dispuesto a estar en una oficina. Yo quiero ser un entrenador como en Uruguay y en España. Si sale lo de Qatar me va a venir bien. Allí mi vida va a ser muy diferente. Muy tranquila, sin tantas cosas para hacer como en Londres, donde estamos acostumbrados a tener los mejores espectáculos del mundo: cine, teatro y conciertos, pero con otras posibilidades, entre ellas algo tan sencillo como ver el sol. Allá se vive mucho en relación a la familia y a la amistad".
Madelón, su esposa está dispuesta a acompañarlo como siempre. Al principio estaban preocupados por los hijos, Matías de 11 años y Diego de 9. Los niños han estudiado toda su vida en Inglaterra y eso es algo que le da mucha tranquilidad a sus padres. De todas formas, han averiguado y en Qatar hay muy buenos colegios ingleses. "Aquello está todo muy inglesado. Aún no tienen el nivel de Dubai, pero todo es muy inglés. Siempre dije que cuando dejara de jugar, me iba a tocar a mí seguir a mi esposa, pero me parece que ahora va a tener que seguirme un poco más. Estoy esperando que salga porque así no tengo que tomar decisiones que me cuestan. La de dejar de jugar y la de dónde vivir. Hay que ver qué quiere mi mujer. Está la posibilidad de quedarnos en Londres, la de volver a Zaragoza donde seguimos teniendo nuestra casa y tampoco descarto regresar a Uruguay, aunque mi padre no lo crea. Pero espero postergar la decisión un poco más".
Gullit se tomó un avión y él cambió las cifras
Tenía sólo 19 años cuando Juan Carlos Blanco y Carlos Curbelo lo llevaron a Francia. Jugó un año y medio en el Grenoble. Luego se fue al Zaragoza de España donde no pudo irle mejor. Estuvo siete años y fue campeón de la Recopa y de la Copa del Rey. Por esas épocas, Ruud Gullit dirigía al Chelsea de Inglaterra y estaba mirando por televisión un partido entre el Zaragoza y el Atlético de Bilbao. El volante uruguayo le llamó la atención y un rato más tarde escuchó que el relator comentaba que Poyet estaba por quedar libre del equipo maño. Entonces, se tomó un avión con el presidente del Chelsea y fueron a buscarlo. Le preguntaron qué ofertas tenía y las dos o tres que tenía en España, Poyet agregó al Barcelona. Entonces, el inglés le preguntó cuánto le ofrecía Barcelona. Poyet pensó rápido y dijo una cifra tres veces mayor a lo que ganaba en Zaragoza. El presidente del Chelea no se inmutó y le ofreció el doble, además, de casa, auto y el colegio para sus hijos. Al otro día le mandaron el contrato por fax y lo firmó. Fue cinco veces campeón con el equipo inglés.
100 comidas
Cuando jugaba en el Chelsea tuvo que ser operado de ligamentos cruzados y el médico del equipo, conociendo su profesionalismo, le ofreció hacerle un examen que determinaría las comidas que le hacían bien y las que no. Le dieron una lista con 100 que podía ingerir y otras 100 que lo perjudicaban. Nunca más comió las 100 prohibidas y hoy, a los 36 años, corre más que cuando tenía 20.