El empleo juvenil

Entre todos nuestros problemas sociales, pocos nos angustian tanto como el desempleo de nuestros jóvenes, la situación más aguda de un cuadro general de dificultades laborales que se expresan también por los trabajos temporarios, a menudo "en negro", así como por las remuneraciones excepcionalmente bajas y los puestos que ocupan chicas y muchachos sobrecalificados, que los aceptan a falta de mejores alternativas y desplazando involuntariamente a quienes normalmente optarían por ellos. La desocupación y la subocupación impulsan a la juventud oriental a la emigración, una sangría intolerable para la conciencia nacional. No cabe especular en esta materia, de tan especial urgencia. El sistema político debe elaborar los consensos necesarios, en torno a criterios precisos, de modo de actuar eficazmente en el cumplimiento de sus responsabilidades. No puede resolver por sí solo los problemas de desocupación de los jóvenes, pero las soluciones no son alcanzables si el sistema político incumple o retrasa su intervención, enredado en excesos de electoralismo, por ejemplo. Se requiere que haga lo suyo, precisamente porque de eso depende que otros agentes encuentren la orientación que hoy les falta y por cuya ausencia se muestran remisos ante dificultades que se agravan. Algunos de estos otros agentes, que pueden concurrir a la superación del desempleo juvenil, estimulados y complementados por la acción pública, son las asociaciones de jóvenes, existentes o potenciales.

Pensamos, en efecto, que los propios afectados pueden constituirse en partícipes principales de las medidas, las iniciativas y las actividades innovadoras que terminen derrotando la desocupación de los que buscan su primer empleo o han comenzado recientemente sus carreras laborales.

El Plan Nacional de Desarrollo Integral, elaborado por las fuerzas de la renovación blanca reunidas alrededor de la precandidatura del Senador Larrañaga, contempla el establecimiento de cinco Agencias Regionales de Desarrollo. Entre las cinco, cubrirán por entero el territorio nacional, estarán al alcance de toda la población del país, llegarán a "los rincones más olvidados". El lenguaje de esas Agencias, por así decirlo, será el de los proyectos. Todos los proyectos, no solamente los de gran magnitud y altos costos. La integralidad del desarrollo buscado exige, precisamente, que la atención y el apoyo técnico a los emprendimientos menores sea igual, si no superior, a los que reciban aquellos de gran envergadura. Una Agencia accesible, así inspirada, que se exprese en el lenguaje de los proyectos (vale decir, de la imaginación y de las sanas rebeldías) tiene que encontrar en la juventud del Interior y de la Capital sus mejores interlocutores. Sin demagogia ni facilismos, porque seguramente no esperan eso. El diálogo se desenvolverá en términos serios, rigurosos, tendientes a establecer una cooperación entre las Agencias y los pequeños emprendedores que redunde en la creación de actividad económica genuina y duradera.

Los jóvenes uruguayos deben movilizarse contra sus dificultades laborales, desde su propia condición y de conformidad con sus pautas y sus recursos culturales y éticos. Entre éstos, la desenvoltura con que acortan distancias sociales y salvan barreras de origen familiar y educación formal recibida. El sistema político puede convocar a una movilización de ese carácter, intrínsecamente juvenil. Los protagonistas, sin embargo, serán los jóvenes. ¿Por qué no aspirar, por ejemplo, a que los proyectos que ellos lleven a las Agencias Regionales abran espacios a los mejor preparados tanto como a los que arrancan su vida de trabajadores con capacitación de menor nivel e inclusive con deficiencias que con tiempo y esfuerzo podrán cubrir gradualmente? Los emprendimientos planeados pueden realizar también la integralidad del desarrollo que Uruguay requiere, en cuanto se los conciba para que arraiguen en la conjunción de posibilidades y aptitudes de jóvenes de todos los medios y estratos de la sociedad.

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