Gracias a la conjunción de esfuerzos de la Alianza Francesa y del Jazz Tour el público local pudo escuchar por primera vez en vivo al notable pianista argelino-francés Franck Amsallem, quien se presentó en formato trío junto al contrabajista Thomas Bramerie y al veterano baterista estadounidense Jeff Hirshfield, quien —según explicó Amsallem— había estado en Montevideo junto a la banda de Woody Herman, por 1969.
Frente a una sala prácticamente llena, el trío realizó un concierto que, como muchas veces sucede, comenzó algo frío pero con rapidez el sonido se templó en base a calidad, entrega y comunicación. Es que pocas formaciones instrumentales son tan nobles y apropiadas para hablar con fluidez y naturalidad el lenguaje del jazz. Un trío conformado por piano, contrabajo y batería tiene potencialmente todo para expresar lo máximo en materia de jazz. De ahí que ese esquema instrumental haya logrado que se lo considere como "clásico" en la historia del jazz. Claro, también están quienes no terminan de concebir el jazz sin la presencia brillante y metálica de una trompeta y/o el sonido potente y sensual de un saxo tenor. Postura, sin duda, muy entendible.
Ahora bien, el repertorio que hizo en su concierto montevideano el trío de Amsallem se basó en el material del último trabajo discográfico: Summertimes (2003), en el que participaron el contrabajista Johannes Weindenmuller (de notable actuación en el último Festival de Lapataia junto al trío de Kenny Werner) y al legendario baterista Joe Chambers que tocó en Montevideo hace unos años junto al guitarrista Mike Stern.
De los ocho temas de Summertimes, Amsallem tocó seis en la sala Zitarrosa, y su amor por George Gershwin hizo que no dejara de lado ninguno de los tres de éste que figuran en el disco: Got Rhythm, The Man I Love y una refinada versión de Summertime, que realizó como bis.
La propuesta musical de Amsallem apunta antes que nada al equilibrio, la mesura y el refinamiento sonoro. La estructura, tanto de sus propias composiciones como de las versiones de los standards, es conservadora, en tanto repite la tradición sin irse demasiado lejos en los momentos liberados para la improvisación. Pero todo lo que toca tiene un sabor muy apetecible. En otra palabras, Amsallem es un músico que muestra un muy bien gusto, tanto componiendo como improvisando.
Tal vez una de las características más sobresalientes de este trío sea la capacidad para pintar, esto es, logran diferentes colores, aspecto en donde se destacó el trabajo conjunto de Amsallem y Hirshfield. Un pequeño ejemplo de paralelismo tímbrico: en un pasaje en el cual el baterista buscaba sonidos secos y agudos en los platos, Amsallem golpeaba con fuerza y en stacatto las octavas más altas del teclado. También se trabajó mucho por contraste o combinando ambos recursos.
Hubo varios momentos de alto vuelo, como Laila, una pieza del propio Amsallem que es un cruce perfecto entre la clásica balada jazzística y una bossa lenta. Un tema muy inspirado que el pianista compuso para su pequeña hija. Para quien escribe, la versión que hicieron los tres músicos en la Zitarrosa es superior a la que está grabada en el disco; justamente, esas cosas forman parte de la magia del jazz: lo imprevisible de la improvisación.
Nadie que haya ido a la Sala Zitarrosa podrá decir que no presenció un muy buen concierto de jazz, en donde tres excelentes músicos (tomados individualmente) sumaron sus talentos al servicio de una expresión colectiva superior, que en este caso tuvo forma de trío.