A pocas semanas de su lanzamiento en Uruguay, el nuevo álbum de Jorge Drexler ya alcanzó la certificación Disco de Oro (2.000 copias comercializadas). Desde que el cantautor se radicó en 1995 en España, apadrinado por Joaquín Sabina, su popularidad en Uruguay crece a ritmo sostenido.
Sin embargo, el apellido Drexler pasó a ser mucho más conocido a partir de Frontera, primer disco en el que el músico colaboró con los productores artísticos Juan Campodónico y Carlos Casacuberta, ex-integrantes del grupo El Peyote Asesino. El mismo equipo de producción estuvo detrás de Sea (2001) y, ahora, de Eco.
Desde su gira española, Drexler charló telefónicamente con El País y narró cómo nació Eco. "Venía de hacer dos discos que fueron encarados desde la exploración sonora, cosa que cambió para Eco. A pesar del título, este es un álbum que parte de la palabra. En cuanto a la sonoridad de este álbum, nunca nos sentamos a determinar qué dosis de electrónica iba a estar en el disco. Hubiese sido más fácil, y sobre todo más barato, hacer un disco enteramente electrónico. Máxime si se tiene en cuenta que Juan Campodónico ganó un Grammy por el disco de Bajofondo, que es esencialmente electrónico. Pero ese componente fue uno más de la paleta de sonidos e instrumentos que fueron para el disco".
Más allá de los loops y los "scratches" que figuran en Eco como marca de identidad del Drexler del último lustro, hay en el álbum un mayor espacio para otros estímulos sonoros: "La presencia del cuarteto de cuerdas Camerata Punta del Este y el violinista argentino Javier Casalla fueron muy importantes en Eco y ahí tuvo mucho peso el aporte de Luciano Supervielle como arreglador".
La consigna fue potenciar emocionalmente las canciones. "Todo se hizo en función a eso. Si para lograrlo hacía falta que Martín Ibarburu tocara la batería o que Luciano Supervielle o Juan o Carlos programaran una base, se hacía. La técnica, ya sea acústica o electrónica, nunca estuvo antes que la emoción. Por otra parte, también reconozco que evité ir automáticamente al casillero de la electrónica. Después que me había quitado de encima el sello de cantautor, quería evitar caer en el casillero de ‘canción electrónica’." explica el cantante.
ORIGEN. Parte de Eco nació en España y otra parte en Estados Unidos. "Hace dos años que voy a Madison, una ciudad en el estado de Winsconsin, para veranear y componer", cuenta. En dicha ciudad vive el músico y productor Ben Sidran, co-autor de Se va, se va se fue. La inclusión de una canción compuesta por otro no es lo más frecuente en la discografía de Drexler: "Es cierto, no soy de incluir temas de otros en mis discos, en parte porque a mí me gusta componer. A Ben lo conocí en Madrid. Fui a ver un show de él y luego lo visité en camarines para conocerlo. Ahí me encontré con que su hijo, el baterista de la banda, tenía mis discos ahí, en el camarín. Cuando nos presentaron, me dijo ‘pero tú eres el que está en la tapa de estos discos’. Más adelante, lo visité en Madison y escuché una melodía que me atrapó de manera instantánea. Le dije que si alguna vez necesitaba una letra para esa melodía, estaba a su disposición. Ahí mismo sacó el tema del equipo de música, me lo dio y me dijo: ‘adelante, es tuya’. Así fue cómo fue a parar a Eco."
Otro tema no corrió la misma suerte y quedó afuera del nuevo disco. Se trata de Al otro lado del río, canción especialmente compuesta para nueva película del brasileño Walter Salles: Diarios de motocicleta, el film que adapta los diarios de viaje de Ernesto Guevara antes que éste se convirtiera en el famoso "Che". Según Drexler, Salles lo llamó para pedirle una canción: "Me sentí muy honrado, por supuesto. Estación Central es una de mis películas favoritas y tuve la fortuna que a Salles le gustó el tema enseguida y la incluyó como cierre de la película. Estuvimos discutiendo con Juan y Carlos si incluirla en Eco, pero nos pareció que era de otro mundo, que no encajaba. Tal vez haya sido un error de marketing, pero iba a quedar como metida a la fuerza. Sin embargo, es probable que la incluya en una futura grabación".
Aún faltan varios meses para la presentación en vivo de Eco en Uruguay, ya que Drexler tiene varios compromisos que no puede postergar: "Un músico brasileño, Paulinho Moska, grabó La edad del cielo y en parte gracias a eso, Eco se editará en Brasil, por lo que voy a ir a defenderlo. También voy a hacer una gira de promoción por varios países latinoamericanos incluido Uruguay. Pero ya nos conocemos bastante como para que yo vaya a tocar solo con mi guitarra. Quiero ir con toda la banda, pero por el momento no es posible hacerlo", concluye el músico.
Las canciones que seducen
FABIAN MURO
Drexler se baja del carro de la "electrónico" que lo venía llevando sobre el sendero del éxito. Pero no lo hace del todo. Eco es como un disco a medio camino entre los intentos de hacer milonga-drum’n’bass en Frontera y Sea y un marco sonoro algo más novedoso, que puede abarcar un cuarteto de cuerdas o, esta sí es una sorpresa, un rap (Guitarra y vos), por más que se trate de un rap muy singular.
Pero la timidez de dejar lo seguro para adentrarse en terrenos menos familiares no es sinónimo de cobardía artística, porque Drexler nunca se "vendió" como una artista rupturista y experimental. Más bien, estuvo claro desde el principio que se trata de un autor de canciones seductoras y solventemente compuestas, grabadas y ejecutadas en vivo. Sobre todo en el rubro "seducción", Drexler tiene pocos pares en Uruguay. Nadie como él logra conquistar los oídos de mujeres que ansían escuchar las frases tiernas de un hombre "sensible".
Sería injusto empero confinarlo exclusivamente a esa categoría, porque a pesar de cierta demagogia en las letras —ya que, vamos, Drexler nos dice lo que nos gustaría que nos digan— se trata de un músico que domina su instrumento, que sabe sacarle muy buen partido a una voz frágil y con la clarividencia de rodearse de excelentes músicos que potencian sus canciones.
Sin embargo, la mayor virtud de Drexler está en las canciones, en esos estribillos que derriban cualquier resistencia que letras demagógicas o posturas demasiado políticamente correctas y tiernas puedan imponer. A pesar de que Drexler sostiene que en esta oportunidad la melodía vino luego de la palabra, en Eco se encuentran algunas de las mejores canciones que el músico ha compuesto en los últimos años. También en ese menester, hacer canciones pop, Drexler tiene pocos contrincantes en el medio musical uruguayo, aunque Jorge Nasser podría, desde lo suyo, disputarle parte de ese terreno.
La colaboración entre el cantante y su equipo de producción llega aquí a su mejor resultado. Si bien Campodónico y Cascuberta ya se habían destacado en Frontera y Sea, en este caso la unión del trío adquiere una madurez y una contundencia que convierte a Eco en referencia obligada para futuras producciones musicales nacionales. No todo son rosas: la casi inexistente participación de Fernando Cabrera en Se va, se va, se fue lleva a preguntar para qué lo invitó y ese tema también puede sonar desfasado con el resto del disco, que tiene una homogénea solidez.