Propuesta removedora y catártica

| Critica | eduardo roland BALLET PRELJOCAJ "Near Life Experience" Ballet para once bailarines. Coreografía. Angelin Preljocaj Música. Grupo Air Vestuario. Gilles Rosier Iluminación.Patrick Riou Lugar. Teatro El Galpón, jueves 22 de abril

Se enciende una iluminación tenue que surge de los costados del escenario y se filtra a través de dos paredes que ofician de enormes pantallas planas de pergamino. Aparece una mujer que se trepa a una silla muy elevada (como las que utilizan los jueces en el tenis) ubicada en el ángulo posterior derecho de la escena; simultáneamente un hombre se posiciona, como un gimnasta, en el andamiaje de una silla idéntica que está en el ángulo delantero izquierdo de la escena.

Luego de un tiempo de silencio, surge un "loop electrónico" sobre el que la mujer —con un micrófono inalámbrico— suspira y emite sonidos que hacen referencia al placer sexual. El hombre se mueve con sensualidad y se contorsiona entre las barras que forman los "andamios" sobre los que se sostiene la silla. Parece que estuviera despertando de un sueño profundo.

Con la limitación que en este caso suponen las palabras, tal fue el comienzo del espectáculo Near Life Experience (experiencia cercana a la vida) que presentó el Ballet Preljocaj en su primera visita a Montevideo, una coreografía de casi hora y media de duración: la última creación del coreógrafo francés Angelin Preljocaj.

FLUIDEZ. Al la primera escena descriptas el comienzo de la nota siguieron aproximadamente unas quince más, perfectamente ensambladas unas con otras, siempre con movimientos muy fluidos y en donde lo colectivo fue claramente más importante que lo individual. Todo realizado con movimientos perfectamente sincronizados. Aún en las escenas más tensas y/o violentas los once artistas de la compañía francesa bailaron. Es decir no hubo brillantes gimnastas, ni actores, ni anti-baile, como sucede en muchas de las coreografías más vanguardistas de la danza actual. No; este grupo multiétnico danzó permanentemente en medio de un contexto nada tradicional que se sirvió de lo teatral (géstica, interacción con objetos), lo gimnástico y lo musical (mitad ruido, mitad música) como elementos al servicio del baile.

Sea la coreografía íntegramente de Angelin Preljocaj (como dice la ficha técnica) o una creación colectiva de los propios bailarines (como lo aseguró el asistente artístico en la conferencia de prensa), lo cierto es que si algo abunda en ella son las buenas ideas. No hablamos de originalidad porque en el arte posmoderno es un concepto que ya no tiene importancia, tal como sucedía antes del Romanticismo.

Near Life Experience es de alguna manera una sucesión de cuadros extraordinariamente representados que bucean en diversos estados del alma humana: por un lado la soledad, la incomunicación, el miedo, el horror, la muerte; por otro el deseo, el amor, la comunión, el reconocimiento, el nacimiento

AUSTERIDAD. La propuesta es ejemplar en el sentido de que no se necesita una superproducción para plasmar un espectáculo muy bueno por donde se lo mire. Tanto la escenografía, como la iluminación y el vestuarios muestran una gran sensibilidad y eficacia con recursos que están más cerca de la austeridad que de la opulencia.

Resulta curioso que Near Life Experience sea catalogada como un remanso (casi que lírico) por la crítica europea y hasta por integrantes de la propia compañía. Seguramente la razón esté en que la mayoría de las creaciones de Preljocaj tienen por lo general altísimas dosis de violencia.

La verdad es que la pieza de Preljocaj está atravesada de principio a fin por una gran tensión, que por momentos resulta insoportable y cada tanto afloja. En este sentido el equilibrio está muy bien logrado y tiene un correlato perfecto en "la banda sonora" creada por el mismo grupo que realizó la música de Las vírgenes suicidas de Sofía Coppola.

Incluso, ese hilo narrativo que se tensa y se afloja alternadamente está literalmente representado (a la manera expresionista) por la presencia de numerosas madejas de hilo que los bailarines usan en tres o cuatro escenas para tejer entre varios complejas figuras, mientras están danzando.

IMPACTO. De hecho, en un momento un enorme ovillo de hilo rojo (que parece un gran capullo) es ingresado a la escena por uno de los bailarines tirando con fuerza. A medida que la madeja va avanzando el sonido de un bajo y una guitarra eléctrica absolutamente saturada va creciendo en volumen hasta que comienzan a vibrar las paredes del teatro. De adentro del capullo sale reptando un hombre con el cuerpo cubierto por una capa de espuma blanca. Mientras comienza a incorporarse el sonido ya es insoportable, y justo cuando se había parado y miraba de frente a la platea, se sintió una explosión que provocó un apagón total.

La mayoría del público —que colmaba las localidades— pensó que había sucedido un apagón "de verdad", que habían volado los tapones.

Pero no. Se trataba del final trunco más efectivo y sorpresivo que este cronista haya presenciado en cualquier espectáculo del género que sea. El cierre de un espectáculo removedor y catártico.

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