Ya comenzaron en el Teatro Circular de Montevideo los festejos del cincuentenario de su fundación, que tuvo su momento culminante en la inauguración de la sala (diciembre de 1954) aunque en abril de aquel año ya habían comenzado las obras de transformación dentro de ese subsuelo del Ateneo de Plaza Cagancha que había sido parte del Taller Torres García. Desde entonces, el Circular (en su bastión de Rondeau 1388) formó parte de un vigoroso movimiento de la escena independiente montevideana y con el paso del tiempo llegó a figurar en una primera línea entre los grupos más prestigiosos, de trabajo más constante y repertorio más riguroso de ese circuito. La celebración de los cincuenta años se inició con el reciente estreno de Pabellón, una pieza de Alvaro Dell’Acqua que dirige Juan Graña y que fue ganadora del concurso de nuevos dramaturgos celebrado por la institución.
Pero esa conmemoración del cincuentenario proseguirá a lo largo del año con otros estrenos: Humor electoral, un espectáculo sumamente político de Horacio Buscaglia, que irá en el mes de junio con puesta en escena del autor y basado en textos de Juceca, Liscano, Buscaglia, Smith y otros; Las buenas muertes de Gabriel Calderón, que irá en julio con dirección del autor y que obtuvo una primera mención en el concurso de jóvenes dramaturgos; Kiev de Sergio Blanco, a estrenarse cerca de fin de año con puesta en escena de Nelly Goitiño y que recibió el primer premio en el concurso de dramaturgia convocado por el Circular. A todo ello se sumará en junio una mesa redonda sobre el tema del autor nacional y en octubre otra, en torno a la vigencia o decadencia del teatro independiente.
Por fin, el 17 de diciembre, la Fiesta del Cincuentenario culminará las celebraciones con participación de artistas de varias disciplinas que han pasado por la escena del Circular a lo largo del tiempo. En la perspectiva que abre la memoria de viejos testigos y amigos de la institución, y que aparece ahora facilitada por el remolino evocativo del cincuentenario, pueden recordarse acontecimientos que marcaron época en ese ruedo, como el enorme éxito de El caso Isabel Collins y los picos de calidad, exigencia y capacidad de convocatoria que lucieron las temporadas en que la gente del Circular se puso en manos de directores como Omar Grasso (Divinas palabras, El jardín de los cerezos, Rey Lear) y Jorge Curi (Esperando la carroza, Las de Barranco, Doña Ramona).
Los períodos adversos, como la década de dictadura con el duro camino que debió recorrer la cultura vigilada de cerca por el régimen, fueron salvados gallardamente por el Teatro Circular, que hasta llegó a inaugurar una segunda sala dentro del predio donde siempre ha funcionado y estuvo —en los mejores y los peores momentos— poblado por gente convencida de la misión fecundadora de esa actividad escénica y dispuesta a seguir dando la pelea por el futuro de su medio expresivo. Los hermanos Reyno, Nidia Telles, Gloria Demassi, Susana Castro, Alberto Arteaga, Armando Halty, Isabel Legarra, Rosita Baffico, Carlos Frasca y tantos otros que defendieron el lustre del Circular luego de la primera oleada de los años 50 (Alma Claudio, Gloria Levy) son ahora la galería de talentos que surge en medio de los recuerdos de esas décadas pasadas.
El homenaje que corresponde hacer a un Teatro Circular ya cincuentón, es para su notable foja y también para la gente que ha dado lo mejor de sí entre sus cuatro paredes.