SILVIA PEREZ
Faltaba casi media hora para el comienzo del partido y mientras adentro, los corazones infartaban con las mulatas de Bafo Da Ona, afuera, en las boleterías de la Amsterdam, largas colas esperaban. Algunos despistados hinchas de Nacional que habían ido hacia esa tribuna, emprendían molestos el camino hacia la Colombes.
Bastaba con pasar la única puerta habilitada en la Amsterdam y subir las escaleras para sumergirse en un mundo verde y amarillo.
Las familias del barrio estaban todas, desde el más viejo que ya no esperaba vivir la experiencia de ir a alentar al equipo al Centenario, hasta los más pequeños que se entretenían más recogiendo las serpentinas que mirando lo que pasaba en la cancha.
El equipo salió a la campo saludado por papelitos, la gran mayoría recortados de diarios y revistas, y una cohetería infernal. Los jugadores se dirigieron a la Amsterdam y aplaudieron a la gente mientras un enorme "Pepe Carioca" alentaba desde la Platea América.
Algunos camisetas tenían el escudo de la CBF, en realidad eran de Brasil, pero no importaba, los colores eran los mismos. "¡Vamo el Cerri!", gitaban enloquecidos.
La hichada de los del Cerrito de la Victoria respetaron el minuto de silencio y la mayoría aplaudió la memoria de Natalia, la hija de Daniel Felipe Revelez.
Es que los hinchas de Cerrito son así, gente sencilla, de barrio, que alientan a sus ju- gadores aun cuando se equivocan, "¡bien iguaal!". Nunca los insultan, eso sí, se acordaron hasta de la tatarabuela de Peralta.
En el entretiempo todos se saludaban. "¡Vengan para acá, que se ve mejor!", le gitaban unas jóvenes a otras amigas que estaban ubicadas más abajo. La mayoría compartía el mate y las madres comenzaron a sacar vasos y refescos de los bolsos: había llegado la hora de la merienda. "¿Abuela, me trajiste las galletitas?", preguntó un pequeño.
El equipo volvió a la cancha y los niños repitieron la alegría de tirar las serpentinas que habían juntado. "¿Terminó Danubio?", perguntaban preocupados los hinchas que no querían compartir la punta con los de la franja.
Cuando ya empezaban a inquietarse: "¡vamo’ a meter, vamo’ a alentar!", "¡toque, toque Cerrito!", llegó el gol de Mauricio Pérez y se desató la locura. Dos pequeñas niñas se reían de su abuelo que gritaba con los brazos apuntando al cielo. "¡El auuuriverdeeeee"!, "¡el auriiverdeee!", el grito que comenzó en la soleada Amsterdam, siguió en el 174 y terminó en el Cerrito de la Victoria.
Estrategia
VENDEDORES
Varios de los vendedores ambulantes llevaban vinchas de Cerrito. Fuera estrategia de ventas o pura pasión, les daba resultado porque vendían como locos.
VIAJE
Hoy con los talones de las entradas se sorteaban en la sede tres pasajes a Brasil, gentileza de Ega.
FANATICOS
El sol se había escondido y una madre luchaba por ponerle la campera a su hijo. El pequeño se resistía porque no quería que le tapara la camiseta de Cerrito.
INCIDENTES
Promediando el primer tiempo hubo algunos problemas en "la pesada" y tuvo que intervenir la policía. En principio dijeron que era hinchas de Nacional infiltrados, pero otros reconocieron que eran algunos que tenían unas copas de más. Los delegados del club, presurosos, hablaron con la policía y las cosas no pasaron a mayores.