Ganado bajo riesgo por postzafra larga

| Como llovió, subieron los valores de las haciendas y se verificó una cierta retracción en el embarque a frigorífico

CONSULTORA SERAGRO

A esta altura del año, la dotación vacuna es la más alta de la historia, y salvo que haya un fuerte incremento en la faena, deberá ser superior a la del año pasado, cuando llegue la fecha de la declaración de Dicose, el 30 de junio próximo. Las estimaciones presentadas en el cuadro, ubican en casi 12,2 millones de cabezas el número total de vacunos en este momento, de los cuales, casi 4,9 millones son vacas, entre las entoradas y las destinadas a invernada.

Puede observarse que se calculó un ingreso de 2,5 millones de terneros (que serán censados en la próxima declaración jurada), según las estimaciones que oportunamente realizó DIEA. Las cifras de faena, que han ido aumentando, han sido aún insuficientes para regular el exceso acumulado en los años anteriores. La mortandad calculada es la histórica, así como la faena predial y la de los mataderos; la exportación en pie (aún reducida) complementa el cuadro. El año pasado, entre los meses de mayo y junio, la faena industrial sumó 308 mil cabezas; aun cuando subiera a 400 mil en estos dos meses venideros, el stock seguiría siendo superior al del año pasado.

Un rodeo tan numeroso puede llegar a correr riesgos graves, si se considera que no se ha podido revertir el déficit de forraje, fundamentalmente por las pérdidas y la demora en las siembras que acarreó la reciente sequía.

El año pasado la falta de pasto provocó una aguda escasez de ganados preparados a la salida del invierno, y a todo lo largo de una primavera que le costó instalarse. También se registraron numerosos episodios de mortandad, y muchos ganados fueron afectados al extremo, al punto que demoraron varios meses en recuperar el estado corporal adecuado.

Particularmente, en estos momentos, la categoría relativamente más cuantiosa es la de los vientres, integrada por vacas de distintas edades, muchas de ellas sobrevivientes a la época de la aftosa, y que no fueron faenadas por falta de demanda.

POSTZAFRA LARGA. Ahora, entre las dos lluvias se ha sembrado algo, a toda marcha, y seguramente se sembrará más —avenas, trigos forrajeros, praderas consociadas—, pero ya es tarde: se depende íntegramente de lo que ocurra con el tiempo. Si ahora levanta, vienen algunos días soleados, y las heladas demoran en llegar (normalmente empiezan en torno al 1 de mayo), puede esperarse, con optimismo, que lleguen a implantarse pasturas que puedan dar algo de comida en el invierno, a partir de julio, no antes. Pero lo grave es que los campos naturales, que constituyen la base de la sustentación del rodeo, no tienen tiempo de recuperarse suficientemente: se perdió la producción otoñal, e ingresan al invierno arrasados, y con una alta carga animal encima.

Tampoco hay demasiadas reservas (henos o silos), y los granos están demasiado caros para encarar liberalmente suplementaciones masivas.

El año pasado, a esta altura, los ganados estaban en excelente estado, y había volúmenes de pasto muy importantes remanentes del verano lluvioso: se podía retener el ganado a la espera de la suba de precios que iba a traer la apertura del mercado estadounidense, cosa que finalmente ocurrió recién en junio, cuando ya los ganados estaban alivianados por un invierno que se presentaba crudo. Luego, el tiempo fue empeorando: heladas continuadas y temporales de agua y viento, llevaron a los ganados al límite; lo que importaba era que no murieran, ya no que engordaran.

Ahora, la situación es mucho más preocupante, desde el punto de vista forrajero y del estado corporal: no hay pasto, y los ganados vienen castigados de la seca. Para peor, desaparecieron muchos campos invernadores, praderas y verdeos del litoral, sustituidos por la soja, por lo que no estarán los ganados de esas procedencias, que normalmente cubrían buena parte de la faena de postzafra.

Así que lo que ahora se plantea es faenar la mayor cantidad posible antes de que los fríos se lleven las gorduras de campo que queden, y apuntar a extraer las categorías de menor futuro, como las vacas viejas, en el estado en que estén, que con el paso del tiempo va a ser cada vez peor.

Faltan en nuestro país industrias conserveras, y la industria del chacinado local se satura con volúmenes limitados, así que los exportadores tendrán que encontrar los negocios para colocar lo que puede ser una oferta importante de este tipo de carne de industria, de segunda calidad.

A diferencia de los años pasados, los productores tienen todavía fácil colocación y precio remunerador para estas categorías, así que cabe esperar que se mantenga una oferta fluida de las mismas.

Como es notorio, la aftosa hundió al mercado de haciendas, de todas las categorías. En la gráfica se muestra la evolución del precio de la vaca manufactura alta. El precio actual, en torno a los 60 cts. por kilo en pie, es un 50 % superior al del año pasado, en consonancia con el resto de las descripciones, que también se recuperaron en niveles similares. En estos momentos es posible vender una vaca faltona, carne blanca, abasto de segunda o "camarita", o sencillamente manufactura —clasificaciones que pueden corresponder a vacas que se destetan ahora, falladas, usadas, que difícilmente vayan a engordar en el invierno—, a valores mucho más altos que el de una vaca gorda en esta misma época de los años anteriores.

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