Cuando el papel preferido resulta ser la víctima, la actividad principal, el guión de vida resulta ser buscar al culpable o los culpables. Aunque ser la víctima conlleva múltiples sufrimientos también brinda múltiples "beneficios" a saber:
El primero de ellos es el "permiso" para no tener que hacer nada para cambiar o mejorar personalmente.
Si la mamá, el papá, el jefe, los hijos o el psicólogo son los culpables, la persona se siente con el derecho de enojarse mucho y esperar de brazos cruzados que el otro cambie mágicamente.
El segundo "beneficio" importante es que si eternamente soy la víctima los demás deben protegerme, ayudarme, comprenderme y tolerarme, de lo contrario serían malas per- sonas.
El tercer ingrediente es que si yo soy la víctima, el victimario debería "pagarme" algún tipo de indemnización por el daño que me está causando o causó. De todos modos aunque el victimario nunca llegue a cancelar su deuda, se va a encontrar en "falta" eternamente y la víctima va a tener un cierto grado de control y manipulación emocional sobre él.
Este es el motivo por el cual a veces muchas "víctimas" no quieren ni permiten de ninguna manera una disculpa, reparación o indemnización real. Sintiéndose ofendidos y no dando lugar a un diálogo abierto y sincero consiguen mantener la culpa viva y controlar al otro emocionalmente, por ejemplo para que haga cosas que de otra manera nunca haría.
Hacerse la víctima, a diferencia del crimen, a veces paga y muy bien, por eso aunque la víctima parece estar sufriendo mucho, nunca da ese obvio y necesario paso al costado que lo alejaría del victimario.
El cuarto "beneficio" decisivo que la víctima crónica puede estar obteniendo de los demás, es el sentido de importancia, el sentirse el centro de la atención de personas conocidas o incluso desconocidas.
En general las personas escuchan con mucha mayor atención las desgracias y calamidades que los éxitos y las alegrías. Viendo la desgracia ajena el infeliz se siente menos desgraciado.
Aunque por supuesto también va a despertar la atención de las personas que lo escuchan con un genuino interés de brindar algún tipo de ayuda a quien puede estar necesitándola.
Y en quinto y último lugar ser la víctima es la mejor manera de ser irresponsable con uno mismo sin sentirse culpable.
Cuando soy la víctima, la culpa de ser agresivo, alcohólico, depresivo, poco emprendedor o tacaño la tienen mis padres mi ex mujer, el país, los jóvenes o la situación mundial. Ser la víctima es una poderosa droga que nos impide mirar hacia adentro y ver aquellas cosas negativas que podemos y debemos cambiar.
La actitud inversa a sentirse crónicamente víctima de las situaciones es el sentimiento de responsabilidad adulta. Este sentimiento significa aceptar el hecho de que muchas veces no son los demás quienes me están dañando, sino que yo mismo hago que las cosas sucedan o por lo menos permito que sucedan sin hacer nada.
En todo caso, es un primer paso para evitar convertirse en una víctima crónica a todos los efectos.
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