CESAR BIANCHI
A las 18 horas del martes 20 de abril, el hombre está en el club político que promueve la candidatura del colorado Alberto Iglesias, quien —con más de 36 mil votos obtenidos en 1999— se presenta como el heredero político del ex presidente Jorge Pacheco.
José Pedro Salvo —uno de cientos militantes anónimos— está a cargo del local situado en 18 de Julio 972. Es un lugar confortable. Está amoblado con un sofá, una mesa de vidrio con cómodas sillas, una veintena de otras sillas de plástico, un escritorio, un teléfono, una computadora con impresora y una cafetera.
Los partidarios de la lista 321 abrieron el club hace un mes gracias a un correligionario que lo cedió sin cargo después de alquilarlo por una cifra desconocida.
Salvo aclara que se trata de una gentileza sin pedir nada a cambio: "La diferencia con las otras listas del Partido Colorado es que ellos ofrecen cargos por votos o colaboración financiera. Nosotros no", opina Salvo.
En el lugar había un comercio de "Todo por $ 10". Hasta el propio presidenciable Iglesias debió ponerse manos a la obra para limpiar las instalaciones. Entre todos consiguieron el sofá, las sillas y el revoque de paredes.
El militante "neopachequista" está convencido de la vigencia de los clubes políticos, del contacto mano a mano, más allá de la parafernalia multimedia. "Es ideal para convencer indecisos", afirma.
En las últimas semanas, los clubes políticos crecieron como hongos en Montevideo. Sin importar su procedencia política, todos se parecen en algo: son centros de reunión para pensar el país o simplemente para pasar el rato.
De acuerdo a un relevamiento efectuado por El País, hay unos 350 locales partidarios y comités de base sólo en Montevideo.
Y se cree —desde tiendas partidarias— que hay otros tantos en el interior del país, casi todos montados a propósito de las elecciones internas del próximo 27 de junio.
AUSTERIDAD. Analistas políticos y asesores partidarios confían que la actual será una campaña mucho más austera que la de abril de 1999.
La interna nacionalista —la única cuyo desenlace se cree reñido— es la que ha invertido más dinero en propaganda.
"Un 80% del presupuesto se invierte en propaganda en medios de comunicación. El alquiler de los locales, su mantenimiento, la cartelería y las comidas son una ínfima parte", confió una fuente política del herrerismo, Partido Nacional.
La misma fuente estimó que "una lista grande en las elecciones nacionales pasadas no invirtió menos de U$S 300.000". Según el parlamentario, en esta oportunidad "con mucho menos de la mitad se paga todo".
Un operador político vinculado al Foro Batllista coincidió de que para estas elecciones internas se invertirá 50% del dinero utilizado para las internas de hace cinco años.
A pesar del generoso despliegue de los comités, hay quienes piensan en su perdida vigencia "Los clubes políticos están desvirtuados", afirma Francisco Gallinal, candidato al Senado que acompaña la candidatura de Jorge Larrañaga. "A la gente hay que ir a buscarla a la casa. Ya no va ni a los actos políticos", agregó.
Por el contrario, León Lev, diputado de Alianza Progresista, entiende que los comités de base gozan de vigencia, al menos a la usanza frentista.
"Creo que la política es la única herramienta para lograr cambios políticos y sociales necesarios", dijo. Lev estimó entre 50 y 60 los comités del sector frenteamplista que representa
La Vertiente Artiguista —otro sector del Encuentro Progresista— tiene un local partidario cada tres centros comunales zonales, respetando así una división regional de Montevideo, advierte Edgardo Ortuño, integrante de la dirección del movimiento.
Los alquileres —dice Ortuño— oscila entre $ 2.500 y $ 5.000. "Es una estructuración modesta, pero se mantiene gracias a las finanzas de la agrupación. Estamos tratando de generar una autofinanciación con venta de rifas o con aportes de cada uno de nosotros", dijo.
Por su parte, Arturo Silvera, secretario de movilizaciones del Herrerismo, dijo que su sector dividió la capital en ocho regiones a efectos de tener un club político en cada una de ellas, amén de la sede central en 18 de Julio y Vázquez.
Una comisión de Hacienda del Herrerismo se encarga de recoger fondos de correligionarios o empresas dirigidas por adherentes del sector. Se utilizan los "bonos colaboración".
La lista 71 —que apoya a Lacalle— tiene previsto organizar un cocktail y una cena con el afán de recaudar fondos para la campaña. "También hay donaciones de particulares. Muy pocas llegan a mil dólares", comenta el diputado Gustavo Penadés, un referente dentro del Herrerismo.
Su correligionario Silvera estima que dentro de cinco semanas, en plena campaña, habrá programados entre 300 y 350 cantones, es decir reuniones en casas de familia donde concurren personalmente los líderes de la lista.
Los ocho clubes políticos más importantes de la agrupación se financian con el propio presupuesto del Herrerismo, pero siempre aparece otro local cedido por algún adherente.
Santiago González —asesor del nacionalista Larrañaga— estimó entre 50 y 60 los clubes políticos de todas las facciones que acompañan al líder del sector. La unión con otros líderes ayudó a armar una infraestructura importante. "Sólo en el Cerro hay tres: uno de (Francisco) Gallinal, otro de (Ruperto) Long y otro de (Sergio) Abreu. En el centro, por 18 de Julio, hay siete locales distintos", dijo.
PATRIA O MILANESA. Los muchachos que salen a hacer "pegatinas" o pintar muros casi nunca reciben remuneración. Apenas cuando terminan está la milanesa pronta o la pizza muzzarella. Para el herrerista Silvera el amateurismo también hace a la mística del grupo.
Alvaro Lorenzo, integrante de la comisión de Finanzas de la lista 2004 de Larrañaga, dice que no todos salen por la gloria electoral. Hay brigadas que pintan paredes a $ 100 el muro. Idéntica suma se le paga a modo de jornal a aquellos que salen a hacer "pegatinas" promoviendo la candidatura del ex intendente de Paysandú.
Para financiar su campaña, el comando de Larrañaga ha organizado tres cenas con fines recaudatorios, dónde vendió 200 tickets por cena de entre U$S 50 y U$S 100 cada uno.
Los miércoles de noche, el diputado quincista Jorge Barrera se reúne con un plenario con todos los delegados de las listas. "¿Comidas? Cuando las hay, cada cual se paga lo suyo de su bolsillo. Acá se gasta poco", explica el líder del oficialismo. Seis de sus 10 locales son "prestados sin cargo", agrega.
La Lista 15 asegura financiar su campaña con el dinero que otorga la Corte Electoral contra cada voto obtenido en la elección anterior. Lo mismo hacen el resto de las agrupaciones políticas. Todas, invariablemente, solicitan a sus militantes que ocuparn cargos públicos una parte de sus ingresos, que varía según el sector.
La lista del presidente Jorge Batlle recaudó también U$S 100.000 por haber rifado un auto Renault (vendieron mil números a U$S 100 cada uno) en oportunidad del pasado referéndum por la ley de Ancap.
La unión del Foro Batllista y la 15 no solo ratificó un dominio territorial al candidato común, Guillermo Stirling. Tuvo también sus consecuencias a nivel de las finanzas. El comando de campaña no gastará un solo peso en publicidad televisiva y en asesoramiento de imagen hasta después de las internas.
"Será una campaña austera y de aparato", dijo un asesor, quien admite que la financiación de las campañas políticos es un secreto que no le hace bien al sistema. La financiación de las campañas es uno de los puntos oscuros que muchas veces echan sombra sobre las posteriores acciones de gobierno.
El miércoles pasado una comisión de Diputados aprobó un proyecto de ley que obliga a los candidatos a Presidente y al primer candidato a la lista al Senado a presentar declaraciones juradas antes del 15 de octubre sobre los gastos realizados en la campaña electoral.
Las promesas hechas en cartonplast
El cartonplast es el producto más exitoso de las campañas políticas desde 1984. A tales efectos, mucho ha tenido que ver Ernesto Reyes, responsable de la firma Distriplast, que ha sabido imponerse en el mercado desde que en 1982 le vendió su primer serie de "columneras" al precandidato colorado Manuel Flores Silva.
La empresa logró posicionarse entre los políticos sin necesidad de invertir en publicidad. Logró copar el mercado por "calidad, precio, rapidez y experiencia", según Reyes. "El cartonplast desplazó las ‘pegatinas’ y la pintada de muros, rechazadas por la gente", dijo.
Distriplast trabaja con todos los partidos políticos y para las internas de junio le venderá "columneras" a todos los sectores partidarios, en mayor o menor medida. Por cierto, Reyes confiesa que no ha expendido grandes cantidades de cartonplast con listas que candidateen a Vázquez o a Stirling, pero sin embargo sí ha trabajado muy bien con los nacionalistas.
"De Stirling o Vázquez he hecho muy poco porque ya se ve que seguramente ganarán las internas. Con quiénes más hemos trabajado es con Larrañaga y Lacalle y sus diferentes listas por sectores", sostuvo.
Un allegado al Partido Colorado estimó, en tanto, que tanto el Foro como la lista 15 invertirán unos U$S 30.000 cada uno en cartonplast y otras formas de cartelería, a lo largo del año 2004.
"El Frente Amplio casi no ha contratado en esta oportunidad. Seguramente se está reservando para las elecciones nacionales. Si acaso algunos clubes y casas de familias han pedido algunos", agregó el empresario Reyes.
Una "columnera" puede costar entre 20 centavos de dólar (6 pesos) y 40 centavos de dólar (12 pesos) y las más comunes son de plástico y miden 50 centímetros por 33 y 50 por 66. Hay muchas variantes influyentes en su costo, como por ejemplo, el costo de las películas o si será impreso a una tinta o cuatro tintas.
Unos 100 carteles de 50 x 33 cuestan U$S 50. "Los precios no tienen nada que ver con los de las elecciones internas pasadas". A partir de la devaluación bajaron, por lo menos un 20% los precios, estimó. "Esta campaña es bastante más ‘light’ que la de abril de 1999", agregó Reyes.