La catalana seductora

Barcelona parece combinar con exactitud sus aires de antigüedad, modernidad y vanguardismo

Acomodada entre las colinas y el mar, esta ciudad española y capital, deslumbra con sus paisajes del Mediterráneo desde el Montjui, el Tibidabo o desde el Parque Güell, tanto como con los coloridos puestos de la Boquería y las modernas instalaciones del Port Vell. Barcelona se escucha y se vive en español y especialmente en catalán, una lengua románica fuertemente revalorizada en las últimas décadas.

Plaza Cataluña. Si hay que señalar un punto en el mapa por donde comenzar a conocer esta ciudad, ése es sin duda alguna la Plaza Cataluña y las Ramblas. Desde aquí —sitio "neurálgico", como le dicen— el visitante podrá empezar a tomarle el pulso a Barcelona, seguir su ritmo y escudriñar entre sus múltiples facetas.

Plaza Cataluña es lugar de encuentro de la gente, centro de manifestaciones y de articulación entre las ciudades vieja y nueva. Combina con destreza la elegancia geométrica del trazado de Paseo de Gracia y las intrincadas callejuelas de la parte antigua. Es tal la centralización y el flujo de gente en esta zona que aquí tienen su sede los bancos más importantes, gran parte de las empresas multinacionales y una mega tienda del infaltable Corte Inglés, sello del consumo español.

Entre la plaza, que dicho sea de paso aloja una oficina de informes al turista, y el monumento a Colón, se despliega la avenida de las Ramblas, alma y símbolo inconfundible de la ciudad. En términos urbanísticos, se trata de cinco cuadras largas y anchas, unos 1.500 metros de cemento, como si se tratara de un boulevard. Cada rambla tiene su sello distintivo Es aquí donde la gente se reúne en las veredas, los artistas callejeros despliegan sus habilidades y los turistas se quedan azorados intentando adentrarse en este mundo en el que se escuchan voces de todo el mundo y donde el juego consiste en caminar entre los puestos, participar del desfile de gente —que con buen tiempo llega a convertirse en una verdadera aglomeración—mirar con alma de voyeurista y dejarse ver. Las sillas ordenadas como platea a la vida, tienen su precio. Pregunte antes de sentarse. Una recomendación: cuidado con los descuidistas.

BARRIO GOTICO. Ofrece la deliciosa sensación de vagar por las callejuelas más antiguas de la ciudad, de aires medievales y en las que se mezclan negocios de anticuarios, librerías, cafés y tiendas de curiosidades. Aquí es posible encontrar vestigios de la época romana como el Acueducto, la muralla romana en la Av. Catedral o la Torre romana de la Calle Tapineria, de la Edad Media al siglo XVII como el Palau Episcopal o el Palau Reial y también elementos que datan del siglo XVIII al XX, como la escultura Topa de Chillida en la Plaza del Rei o el falso puente gótico en Carrer del Bisbe. La calle Ferran lo guiará hasta la Plaza Sant Jume, donde están el Palacio de la Generalitat y el Ayuntamiento, en donde se destaca el Saló de Cent, de 1373. A pocos minutos de allí —cómo hablar de cuadras en un barrio donde las calles van y vuelven, se entrecruzan y se curvan mágicamente— encontrará quizá uno de los mayores tesoros de la ciudad vieja: la Catedral Gótica, del siglo XIII.

Un estilo audaz. Barcelona es modernista por definición. Y el barrio del Eixample (Ensanche), atravesado por el Paseo de Gracia y la Rambla de Catalunya, con su bella arboleda y cafés aterrazados, conserva una alta densidad de edificios construidos siguiendo los lineamientos modernistas. En un principio rechazado por antiestético y vergonzosamente decorativo, hoy estas construcciones caracterizan a Barcelona. Considerando que en parte gracias al aporte de Gaudí y su arquitectura Barcelona se convirtió en una de las capitales mundiales del Modernismo vale la pena detenerse un poco más en sus trabajos. Un poco más adelante, en Paseo de Gracia y calle de Provenza, encontrará más de Gaudí: la Casa Mil(más conocida como La Pedrera), de 1905 y uno de los edificios más visitados de la ciudad.

De cara al mar. Durante años, Barcelona vivió de espaldas al mar. Recién en la década de los 80 —y con vistas a los futuros Juegos Olímpicos del 92 que tendrían lugar en la ciudad— se tomó conciencia del espacio que se podía ganar para esparcimiento y ocio de los barceloneses. Así es como con la remodelación del Port Vell, la Barceloneta, el reciclado de las playas y la construcción del Puerto Olímpico se recuperó la fachada marítima.

A través de la Rambla de Mar se llega al Moll de Espanya (en el Port Vell) con sus modernos cine Imax, el Acuario más grande de Europa y el Maremagnum, un centro comercial con varios restaurantes y bares musicales que proponen una interesante oferta para la noche. El recorrido debe incluir el Moll de la Fusta y el Palau de Mar, cuya remodelación dio lugar a varios restaurantes y oficinas de la Generalitat.

Pero si lo que quiere es comer buenos mariscos y disfrutar de la vida nocturna, la recomendación es acercarse a la Barceloneta, antiguo barrio de pescadores.

Los Juegos Olímpicos del 92 –que dieron gran empuje al desarrollo de la ciudad— fueron el pretexto perfecto para recuperar el mar. La Villa Olímpica fue construida en una zona considerada hasta entonces eminentemente industrial, donde se amontonaban aquellas fábricas que el ascenso de la burguesía había traído en el siglo XIX. Todo esto fue reemplazado por coquetas y modernas viviendas, un puerto nuevo, una zona comercial y un acceso más fluido hacia las playas.

El itinerario olímpico incluye la Plaza dels Voluntaris, frente a la cual se encuentran dos altísimas torres: una es un hotel y la otra, oficinas y centro comercial. Vale la pena dejarse llevar entre edificios modernos hasta el Puerto Olímpico, obra conjunta de los arquitectos Oriol Bohigas, Josep Martorell, David Mackay y Albert Puigdomènech y del ingeniero Joan Ramon de Clascà. Es un importante espacio público para los barceloneses, tanto para disfrutar al aire libre, como para acercarse por la noche a sus bares y restaurantes. También parte de la montaña de Montjuïc fue remodelada para los Juegos. Allí encontrará, por ejemplo, la Anella Olímpica en donde resalta el pabellón deportivo Palau Sant Jordi.

No deje el Montjuic sin visitar la Fundación Miró, con la colección más importante de obras de este célebre artista catalán del siglo XX.

Barcelona, la segunda ciudad más importante de España tiene todas las de ganar. Dinámica, excitante, cosmopolita, pujante e inolvidable, Barcelona conquista al mundo.

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