Bush decidió atacar a Irak sin pruebas concluyentes

WASHINGTON. - El presidente estadounidense George W. Bush consideraba hasta diciembre de 2002 que las pruebas contra Saddam Hussein no eran concluyentes, lo cual no le impidió preparar activamente la guerra contra Irak, afirma el periodista Bob Woodward en apartes de su último libro, Plan de Ataque.

"¿Es todo lo que tenemos?", le preguntó Bush el 21 de diciembre a George Tenet, jefe de la CIA, sobre los argumentos a favor de la guerra, después de un amplia exposición de fotos satelitales, diagramas y transcripciones de comunicaciones interceptadas en Irak.

"No se preocupe, esto es cemento" (sólido), le aseguró Tenet, según narra Woodward en apartes de su libro, adelantados por The Washington Post.

Según Woodward, Bush decidió finalmente a atacar Irak a principios de enero de 2003, ya que opinaba que la misión de inspección de la ONU no funcionaba y en su entorno se consideraba que el entonces jefe de los inspectores, Hans Blix, "era un mentiroso".

"Estados Unidos no puede quedarse en esta posición mientras Saddam se burla de los inspectores", habría dicho Bush a su consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, durante una reunión en su rancho de Crawford (Texas, sur) poco después del 1 de enero de 2003, según los extractos que aparecerán en la edición dominical de The Washington Post.

"El tiempo no está de nuestro lado (...). Debemos ir a la guerra", habría agregado Bush durante ese encuentro.

Woodward, que cobró fama mundial por su papel al revelar el escándalo de Watergate que implicó la caída del presidente Richard Nixon, entrevistó a 75 personas para elaborar su libro, entre ellas al propio Bush y a su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

La planificación militar de la guerra en Irak "estaba en curso desde más de un año antes, a pesar de que Bush buscaba una solución diplomática a través de las Naciones Unidas", asegura el periodista.

Después de la reunión en Crawford, Bush mantuvo, al menos en apariencia, las acciones diplomáticas, pero su decisión de ir a la guerra " ya había alcanzado el punto de no retorno", escribe el periodista.

Interrogado el viernes sobre si había solicitado a Rumsfeld que preparara la guerra contra Irak desde noviembre de 2001, Bush respondió: "No puedo recordar las fechas exactas tan lejos en el tiempo".

"El 15 de setiembre de 2001, cuatro días después de los atentados, nos reunimos (en la residencia presidencial de Camp David: ndlr) con mis consejeros para la seguridad nacional para hablar de la respuesta y el tema de Irak fue mencionado", declaró Bush en una conferencia de prensa con el primer ministro británico Tony Blair el jueves en la Casa Blanca.

Los preparativos de guerra, que se intensificaron durante 2002, eran en parte alimentados por la CIA, la central estadounidense de inteligencia, convencida de que la fuerza era el único medio de derrocar a Saddam Hussein., señala el libro.

Desde diciembre de 2001, Bush comenzó a tener reuniones regulares con el general Tommy Franks, ex comandante de las fuerzas estadounidense en el Golfo, y su Estado mayor, para planificar la guerra, mientras en público el presidente y sus portavoces afirmaban continuar los esfuerzos diplomáticos para evitarla.

Para Bush, escribe Woodward, mantener en secreto esos preparativos era necesario para evitar "una enorme ira de la opinión internacional".

El periodista describe también las presiones ejercidas sobre Bush por el vicepresidente Dick Cheney, a quien Woodward describe como "una fuerza poderosa" cuyo empecinamiento en derrocar a Saddam alcanzó un "estado febril", según comentaron otros miembros del gobierno.

El autor detalla además las tensas relaciones entre Cheney y el secretario de Estado, Colin Powell, que estaba convencido antes del desencadenamiento de la guerra que el vicepresidente trataba de establecer una relación entre Irak y Al Qaida usando datos ambiguos de inteligencia como hechos concretos.

El 11 de enero de 2003 Cheney recibió en la Casa Blanca al embajador saudí en Washington, el príncipe Bandar, en presencia de Rumsfeld y del jefe del estado mayor conjunto, el general Richard Myers.

Sentado sobre el borde de la mesa de la oficina de Cheney, Myers tomó un gran mapa con el sello "Top secret noforn" (que designa los documentos secretos que no pueden ser vistos por un extranjero) y explicó los planes de guerra, según Woodward.

"Puede contar con esto (...). Esto es lo que va a suceder", habría dicho Rumsfeld al embajador saudí. El príncipe Bandar habría preguntado entonces: "¿Qué posibilidades tiene Saddam de sobrevivir?". "Príncipe Bandar, una vez que arranquemos, Saddam estará frito", le contestó Cheney.

AFP

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