Como en toda profesión, entre los cientistas sociales hay de los buenos y serios y de los otros. La semana pasada tres de los que tienen más prestigio incursionaron en el campo de las predicciones electorales. Lo hicieron para adelantar el resultado de los próximos comicios y de las características que tendrá el próximo gobierno, que según ellos será ejercido por el Dr. Vázquez.
El análisis debió haber sido muy interesante, pero sólo contamos con lo que hasta ahora han informado los medios de la participación de César Aguiar, Juan Carlos Doyenart y Luis Eduardo González en un desayuno de la Asociación de Dirigentes de Marketing. Los conocemos personalmente desde hace tiempo y por ello también acreditamos, no haría falta, que son académicos de reconocimiento bien ganado.
Sostuvieron cosas fuertes: a) que triunfará el Encuentro Progresista con el entorno del 56% (Aguiar); que estará cerca del 50% y ganará seguramente sin balotaje (Doyenart); que lo más probable es la victoria del EP (González), aunque éste no manejó datos. b) Que si el futuro gobierno no es frentista será "el más débil de todos los que conocimos en el siglo XX" ya que no tendrá respaldo parlamentario y se enfrentará a una dura oposición de esta fuerza (Aguiar); que no sólo será débil sino que habilitaría, de no ganar el EP, a la liberalización de las fuerzas de ultraizquierda (Doyenart). Pero el tercero, González, discrepó y sostuvo que la coalición tendría más problemas para gobernar que los otros partidos ya que sufriría la presión sindical por las expectativas incumplidas y dificultades como fruto de una mala definición de objetivos. Asimismo, uno de los académicos que afirmó que si el gobierno no era encuentrista sería débil, sin embargo adelantó que habrá un período de retracción en la economía fruto de la nueva situación y desconfianzas que durarían hasta bien entrada la administración de Vázquez. Suena contradictorio sostener que si el gobierno no es frentista será débil y por otro lado no reconocer que esto último también es una fragilidad. En definitiva no hubo mucho acuerdo en esto. ¿Pero si dicen que va a ganar tan holgado, para qué prever lo que pasaría si no triunfa?
Estas opiniones levantaron polvareda, no por afirmar cosas, contradictorias y ciertamente no unánimes entre los expositores, sino por su rotundidad. Sobre todo cuando al mismo tiempo se sostiene desde las propias filas del Encuentro Progresista que la aparición de los liderazgos de Larrañaga y Stirling debería generar un cambio de estrategia en la coalición. Para los políticos aparece una nueva realidad, incluso para quienes se sentían seguros ganadores, que para los politólogos no tiene importancia. El propio Dr. Vázquez se introduce indebidamente en la interna nacionalista anunciando su pretendida cercanía al ex intendente sanducero para contener a aquellos ciudadanos que ven con simpatía el nuevo liderazgo nacionalista. Sabe muy bien que no es lo mismo un escenario de disputa con Larrañaga que con Lacalle.
Todas estas alternativas, a siete meses de las elecciones, carecen de significado para estos analistas.
El tiempo que media hasta octubre es demasiado como para aventurar y más lo es cuando en el medio habrá elecciones internas. ¿Todo ello es irrelevante? No parece ser lo que en otras latitudes sucede, ni tampoco lo que aquí aconteció con pronósticos parecidos a estos que se derrumbaron frente a la realidad.
Este tipo de afirmaciones tajantes, sin matices, apresuradas, como calificó El País el domingo, dadas por estos destacados académicos los vuelve rehenes de sus dichos. De aquí hasta las elecciones sus encuestas serán leídas sabiendo, previamente, que pronosticaron un resultado en el que juegan buena parte de su prestigio profesional y por ello pierden, a ojos ajenos, la independencia de la que nadie debe dudar. Son ahora, sin quererlo, parte interesada y están ligados a un resultado del que dependen. Es un profundo error.