Se acentúa crisis peronista con la renuncia del jefe del partido

| Dirigentes afines a Néstor Kirchnerpropusieron la celebración de elecciones internas para renovar las autoridades

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Reuters

BUENOS AIRES | AP

El peronismo quedó acéfalo ayer al renunciar su presidente Eduardo Fellner, designado hace sólo tres días, en medio de la crisis que sufre el partido gobernante por el enfrentamiento entre partidarios y adversarios del jefe del estado, Néstor Kirchner.

Fellner, gobernador de la provincia norteña de Jujuy, presentó su renuncia "indeclinable" a la conducción del Consejo Nacional del Partido Justicialista en rechazo a los incidentes ocurridos en el último congreso del partido el viernes, cuando se eligió nuevas autoridades.

Ese conclave se convirtió virtualmente en un campo de batalla entre los sectores del justicialismo que apoyan al presidente Néstor Kirchner y quienes rechazan su manera de conducir el país.

Dentro del partido, muchos dirigentes están en desacuerdo con ciertas posiciones de Kirchner así como con su alianza con otros sectores políticos ajenos al peronismo.

Las disputas quedaron en evidencia al momento de elegir nuevas autoridades partidarias. El candidato de Kirchner para presidirlo, el gobernador Fellner, fue elegido sin inconvenientes. Pero el resto del consejo se completó con algunos dirigentes que no eran del gusto presidencial.

AMNISTIA. Tampoco el Congreso partidario hizo lugar a una propuesta del sector kirchnerista para permitir regresar a las filas peronistas a quienes se apartaron de ellas en la década pasada, por discrepancias con la orientación del ex presidente Carlos Menem.

Un grupo de delegados abuchearon a la primera dama, Cristina Fernández, y al gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, hombre de confianza de Kirchner, cuando intentaron defender el pedido de amnistía.

En su renuncia, Fellner criticó lo sucedido en el Congreso por "las muestras de intolerancia que no permitieron en ese ámbito la libertad de expresión y la mezquindad de posiciones para impedir la apertura del partido a quienes se apartaron desencantados por los viejos métodos de conducción".

La renuncia de Fellner fue precedida por las de la mayoría de la cúpula del consejo elegido el viernes, como la del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá.

La ola de renuncias siguió a la declaración el viernes en la noche del jefe de gabinete Alberto Fernández, principal portavoz de Kirchner, quien dijo que el Presidente estaba disconforme con la nueva jefatura partidaria, por entender que no respaldaba suficientemente a su gobierno.

ELECCIONES. En este contexto, dirigentes peronistas que responden a Kirchner promoverán la declaración de acefalía del partido y pedirán el llamado a elecciones internas para elegir una nueva conducción.

Aunque desde el gobierno tomaron como una victoria el desmembramiento de la cúpula partidaria, se teme que la crisis en el peronismo tenga repercusiones negativas al corto plazo.

En particular, que las divisiones en el seno del partido se trasladen al Congreso al momento de sancionar leyes claves para el gobierno.

"El gobierno tiene tres años de gobierno por delante. No tiene otra alternativa que el diálogo con el PJ", dijo la diputada María del Carmen Alarcón.

Los legisladores peronistas dominan ambas cámaras del Parlamento.

Una discusión de alta peluquería

BUENOS AIRES

Las mujeres del presidente argentino Néstor Kirchner, del ex mandatario Eduardo Duhalde y del gobernador de Córdoba, José de la Sota, ocupan la primera línea de fuego en la lucha por el poder abierta en el gobernante peronismo, un partido con tradición de liderazgos femeninos como el que ejerció la mítica Evita Perón.

El enfrentamiento femenino tuvo lugar en el Congreso que el Partido Justicialista (PJ) realizó el viernes y colmó de asombro a las miles de personas que pudieron verlo en la transmisión en directo por TV.

La chispa la lanzó la senadora y primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, cuando tomó el micrófono. Las imágenes la mostraron con una camiseta rayada azul y blanca, los largos cabellos negros revueltos por los enfáticos movimientos de cabeza y la mano izquierda en alto acompañando su voz, templada en los debates parlamentarios y en la militancia universitaria de los tumultuosos años ’70.

La primera dama habló sin inmutarse por los abucheos y silbidos que recibía de un sector de los congresistas, y aludió a aquellas dirigentas que ocupan car-gos porque tienen "portación de maridos".

Aunque ella misma estaba involucrada, todos comprendieron que sus palabras estaban dirigidas a la esposa del ex mandatario Eduardo Duhalde, Hilda ‘Chiche’ González y a la del gobernador de Córdoba, Juan Manuel de la Sota, la ex legisladora Olga Riutort, quienes habían sido elegidas secretarias de la Familia y de Coordinación del PJ.

Y allí comenzaron los choques verbales. "Chiche" Duhalde —cuyo marido no estaba en el acto— tomó el micrófono y enfrentó a la audiencia: "En mi caso, Cristina, soy portadora de apellido, me llamo Hilda González de Duhalde, no me pesa y estoy muy orgullosa de serlo".

Aseguró que las dos mujeres nominadas se habían "roto el alma y otras partes del cuerpo" para ganarse ese lugar y advirtió que "ningún compañero trasnochado piense que pueda tener un proyecto fuera del PJ", en alusión a las versiones que señalaban que Néstor Kirchner podría estar pensando en acumular poder por afuera del partido. AFP

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