Una apuesta a todo o nada

| El teléfono de Duhalde no paró de sonar. Los gobernadores le clamaban que se pusiera al frente de un movimiento para enfrentar a Kirchner

Si se mira más abajo de las formalidades, quizás haya comenzado la ceremonia del adiós. Es posible, en efecto, que Néstor Kirchner pueda contar en adelante con el peronismo sólo muy abreviadamente. Su distancia con la estructura oficial del partido que lo vio nacer en la política venía profundizándose de manera notable hasta que estalló por el acto de la ESMA y en el congreso partidario.

¿Quiere Kirchner renunciar al peronismo y fundar un partido propio desde la Presidencia? Sería un proyecto demasiado ingenuo para un político fogueado como él. Pero está claro que no quiere el peronismo tal como existe ahora y que aspira a refundarlo bajo su omnipresente liderazgo. Esa es la sospecha más firme de los gobernadores justicialistas, o de la mayoría de ellos, y lo que ha desatado la crisis en el partido gobernante. Los mandatarios provinciales han ganado elecciones hace muy poco tiempo. ¿Por qué deberían aceptar resignadamente una precipitada jubilación? Kirchner no juega sino con apuestas a todo o nada. Podría haber comenzado por carearse con mandatarios de pequeños distritos. Eligió para empezar, sin embargo, a los cuatro principales gobernadores del peronismo.

El gobierno difundió que esos mandatarios no fueron al acto de la ESMA porque ellos no quisieron. Es una verdad a medias. En lugar de haber sido un acto de Estado (el Presidente habló en nombre del Estado), la organización quedó en manos de los grupos de derechos humanos más sesgados e intemperantes. Los gobernadores fueron vetados y decidieron no ir. ¿No era eso lo que quería Kirchner en última instancia? La respuesta es afirmativa si se lee su discurso en la ceremonia, cargado de omisiones y de injusticias.

Felipe Solá, gobernador de Buenos Aires, perteneció en los años 70 a la Juventud Peronista más cercana a la izquierda. Jorge Obeid, gobernador de Santa Fe, fue un importante jefe montonero que sufrió la cárcel y la tortura, aunque nunca se lo escuchó hablar de esa experiencia. José Manuel de la Sota, gobernador de Córdoba, no militó en la izquierda peronista, pero estuvo preso tras el golpe de 1976 y fue el primer dirigente peronista en oponerse públicamente a los indultos de Menem. Jorge Busti, gobernador de Entre Ríos, también desfiló entre los montoneros y estuvo preso en 1976.

"¿Quién tiene la bolilla negra para vetarnos? ¿Quién tiene más autoridad moral?", preguntó uno de ellos, con furia evidente. Kirchner acusó a los mandatarios de que ninguno hizo nada durante los años ’90 para quebrar el "silencio menemista" sobre las violaciones de los derechos humanos en los setenta. "¿Y qué hizo el entonces gobernador Kirchner? En ninguna reunión del peronismo aludió jamás a los derechos humanos", recordó ese mandatario crispado.

Eduardo Duhalde tiene la angustia a flor de piel. Desde el miércoles su teléfono no paró de sonar, traqueteado por los gobernadores que le clamaban que se pusiera al frente de un movimiento para enfrentar a Kirchner. El ex presidente cree que la Argentina es aún un país demasiado frágil y enclenque como para dar rienda suelta a los lujos políticos. Su única estrategia posible para enfrentar a Kirchner consistiría en montarse sobre la rabia de los gobernadores, hacerse fuerte en ese liderazgo y negociar con el Presidente. Pero Duhalde no quiso. "Ustedes no lo conocen a Néstor. Redoblará la apuesta y la crisis política podría terminar en cualquier lado", trató de atemperar sin suerte.

De la Sota aguardó a Duhalde, pero ya está claro que decidió ocupar su lugar en el peronismo, aunque luego sofrenó su discurso en el Congreso. Sea como fuere, se levantó como la opción peronista a Kirchner, seguro como está de que los estilos sobreactuados suelen cansar rápidamente a las sociedades. No le será un adversario fácil a Kirchner.

Cristina Fernández de Kirchner no podrá arrear nunca a los gobernadores sólo con el don de la palabra provocadora. Eso está bien para el Senado, pero no ante líderes provinciales que han ganado su lugar a golpe de astucia, carisma y conducción.

La senadora ha sido otra vez injusta. Hilda González de Duhalde no tiene "portación de marido", como ha dicho la señora de Kirchner, sino tantos méritos como ella en la política. La esposa de Duhalde es la dirigente que más conoce el conflicto social del país, en el que se zambulló con una dedicación incomparable.

No es cierto que la señora de Duhalde expresara el pensamiento oculto de su esposo; el ex presidente es mucho más moderado y tibio que ella. Pero "Chiche" tiene el termómetro del peronismo en el teléfono de su casa. No expresaba a Duhalde, pero sí encarnaba a una parte considerable del peronismo que, por ahora, se ofende y calla.

© "La Nación"

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