JORGE ABBONDANZA
Era joven pero ya parecía viejo. En Quo Vadis (1951) retrataba al emperador Nerón y lo hacía con un aplomo, un velo de ironía, una autoridad, un sobrepeso y una fealdad que recordaban a su colega y compatriota Charles Laughton, otro característico que lo había antecedido en la composición de personalidades temibles. De allí en adelante, Peter Ustinov tuvo fama cinematográfica y su carrera creció, a pesar de que por su físico y su estilo permaneció toda la vida recluído en papeles secundarios, a menudo barrocos, cuya complejidad se complacía en elaborar desde la apariencia física hasta la carga dramática. Esa fama culminaría con los dos premios Oscar que Hollywood le otorgó por sus papeles en Espartaco y Topkapi, donde componía a un empresario de gladiadores y a un ladrón de joyas, respectivamente.
Después el público se habituó a verlo en esas sabrosas viñetas, a veces exóticas (Sinuhé el egipcio) y otras veces espectaculares (el director de circo en Lola Montes), aunque también sabía dibujar a villanos (La fragata infernal) o detectives (como el Hercule Poirot de Muerte en el Nilo), apoyándose en una máscara sumamente expresiva y sobre todo en una voz grave que se hizo tan famosa como él mismo. Esa gargante le sirvió para incursionar como barítono en el mundo de la ópera, terreno en el que fue asimismo regisseur y hasta libretista, pero la variedad de oficios y dedicaciones de Ustinov se amplió a la narrativa, la autobiografía, la dramaturgia y la puesta en escena, sin olvidar la dirección en cine, donde hizo varias cosas vistosas, y dejando al margen su afición por la pintura y su tarea en beneficio de los niños del mundo, por la que fue designado Embajador de Buena Voluntad por cuenta de Unicef.
Lo que ahora quedará en la memoria de sus admiradores será empero su temperamento de actor, ubicado en una cuerda aparatosa, de presencia dominante y a veces deliberadamente pintoresca, prolongando la línea que otros ingleses como Donald Wolfit habían marcado para componer a monarcas, excéntricos y monstruos. Van quedando pocos ejemplares de esa vieja estirpe en la industria del cine, sobre todo cuando reúnen tantos talentos y vocaciones como las que adornaron la vida y la carrera de Ustinov.