Ola de inseguridad azota la zona de Paso Carrasco en Canelones

| El año pasado hubo un promedio de tres robos diarios, pero ahora los delitos aumentaron en el castigado barrio costero donde los vecinos muestran alarma

CANELONES | E. BARRENECHE

La inseguridad se ha vuelto moneda corriente en Paso Carrasco. Ayer los docentes del liceo de la zona se reunieron con los mandos de la comisaría 26ta. para reclamar más vigilancia. Los problemas dentro del centro de enseñanza se han incrementado desde que el mismo no cuenta con el servicio 222 de custodia. Las autoridades prometieron remediar esta situación, con custodia en el local y mayor patrullaje, incluso con efectivos de la Policía Montada de Canelones.

Pero no son los únicos afectados por problemas de robos, rapiñas y hechos de violencia. Una recorrida por esta populosa zona costera de Canelones permite encontrar numerosos testimonios que dan cuenta de una situación muy compleja.

El quiosco "La Pampa", ubicado sobre Camino Carrasco, es una referencia de la zona. Por las noches, su propietario, Daniel Castro (40) lo cierra con postigones fabricados con gruesas chapas que dan cuenta del ataque continuo de "uñas de gato", pinzas y otras herramientas, utilizadas por los ladrones para ingresar al local.

Castro, en los últimos meses, ya fue asaltado unas cinco veces para quitarle la recaudación.

"Esto se ha transformado en un lugar muy inseguro", expresó.

La inseguridad se transformó en un lugar común en Paso Carrasco, según los vecinos.

Las estrategias para neutralizarla son similares a otras zonas: rejas, perros y, en menor medida que otros barrios por sus costos, alarmas y guardias de seguridad.

Todos los comerciantes y pobladores consultados por El País respondieron que habían sufrido robos en sus casas, arrebatos o rapiñas. Las quejas apuntan contra los habitantes de los asentamientos ubicados sobre la costa del arroyo Carrasco, a los que califican de "zona roja".

Raúl Viera, habitante del asentamiento "19 de Agosto" de Paso Carrasco, se defiende: "no somos ‘chorros’ sino gente de trabajo que ha quedado desocupada por la crisis económica. Acá puede haber uno o dos delincuentes como en cualquier lado, pero nosotros tratamos de subsistir decorosamente haciendo changas en la construcción. No es cierto lo que se dice de los asentamientos".

EJE. La vida económica del barrio se centra sobre Camino Carrasco. Pero ese no es el nombre oficial de dicha avenida. El Estado la rebautizó denominándola "Camino de las Industrias Wilson Ferreira Aldunate".

"En el barrio nadie la llama así", dijo Castro, el dueño del kiosko "La Pampa".

Para la mayoría de los habitantes del barrio —quienes trabajaban en las 36 industrias que había en la zona hace siete años—, la vía de tránsito sigue llamándose igual.

Muchos de los desempleados aún añoran ese pasado glorioso y no tan lejano al quedar en el barrio sólo cuatro plantas fabriles.

Según Castro, el panorama que vive el barrio no puede ser peor: elevada desocupación, calles en mal estado y carencias de alumbrado público.

"Muchos desocupados se fueron al exterior y los que quedaron buscan su sustento en changas o vendiendo en ferias", dijo.

Al costado de Paso Carrasco, decenas de vendedores ambulantes ofrecen televisores, ropas, herramientas usadas, hierros viejos, repuestos de autos, garrafas de gas y artesanías.

VIVIENDA. Salvo contadas excepciones, las casas de Paso Carrasco son de un planta. Su entorno muestra una preocupación de sus dueños por la seguridad: verjas, muros, rejas y perros.

Abundan las casas hechas de bloques que, desde el exterior, muestran que fueron construidas "por retazos".

Si se habla con el padre de familia éste contará que aquel trozo se hizo cuando nació menganito o fulanito. Se trata de historias cotidianas.

Juan Montenegro (64) tiene un pequeño puesto ambulante al costado de Camino Carrasco donde ofrece una pistola de calor, varias herramientas usadas, un pequeño reel frontal, trozos indescifrables de hierros y metales y artesanías elaboradas por uno de sus hijos.

Cuando surgen, Montenegro también hace pequeños trabajos de albañilería y pintura, por los cuales cobra un jornal de $ 250.

"Pero es todo en negro, sin aportes", apunta la ventaja del contratante, con la espalda apoyada en un muro y la mirada perdida en los árboles ubicados al otro costado de Camino Carrasco.

La semana que viene, Montenegro tiene una azotea para reparar. Si no tiene changas, trata de sacar "algún peso" con el puesto que "deja muy poco dinero". Sin embargo, comida nunca le falta.

El vendedor vive con dos de sus hijos y sus familias, quienes aprovecharon el fondo espacioso de la casa que alguien "me dejó en usufructo hace 21 años" para construir sus propios espacios.

"Mis hijos se casaron y siguieron en la casa. Nunca me falta un plato de comida", explicó.

Uno de los hijos de Montenegro es obrero de la empresa constructora Teyma y el otro es pintor de autos. Ante el desempleo existente en Paso Carrasco, "mis hijos se revuelven", dijo con un dejo de orgullo.

Hace dos años, al comedor que tiene en la zona la comuna de Canelones con apoyo del Inda, concurrían unas 150 personas a retirar la vianda que está constituida, según el día, por arroz o verduras, pan y frutas.

Según fuentes municipales, el incremento explosivo de los necesitados obligó a la Intendencia a cambiar el menú para que los comensales tengan una dieta más rica en proteínas.

"Debimos modificar el sistema de comidas, porque para muchos era la única alimentación que recibían en el día", expresó.

Las fuentes municipales explicaron que, en la zona, hay muchos niños que no comen en los comedores escolares por falta de cupos y advirtió que, en Paso Carrasco, "éstos están desbordados".

ROBOS. En Paso Carrasco hay 10 asentamientos que arrancan al final de la calle García Lagos, bordean el arroyo Carrasco y finalizan en el extremo de la Avenida de La Playa. (Ver nota aparte.)

"La Policía viene cuando se los llama y se los ve patrullar. Pero creo que están desbordados", dijo Castro, el propietario del quiosco "La Pampa". Una opinión similar expresó María Celina Gagy, una jubilada de 79 años.

Celina, pese a su edad, atiende un comercio de su hija. Al llegar el atardecer, cierra con llave el pequeño kiosko. "Hay robos a menudo", dijo.

Hace un año, Celina atendió a un muchacho que se hizo pasar por un cliente. En un descuido, el adolescente pasó al otro lado del mostrador y le colocó un cuchillo en el cuello a la anciana. Tras pedir la recaudación y manotear un cartón de cigarros, el ladrón huyó.

A dos casas del quiosco, se encuentra el almacén "Granjita 16". Jorge Godoy (54), trabajador de ese comercio, dijo que en los últimos 15 años le robaron ocho veces. En dos de ellas, los delincuentes lo amenazaron con armas de fuego.

La mayoría de los habitantes de Paso Carrasco, dijo, padecieron "historias de inseguridad. Hay robos en las casas y arrebatos. Esta es una zona insegura".

Esta frase explica un cartel pegado en un vidrio del quiosco "Las Pampas", entre anuncios de ofrecimientos de trabajos de niñeras, obreros de la construcción y pintores. El cartel dice: "Vendo casa de tres dormitorios, estufa a leña, fondo, jardín. Precio: $ 65.000".

La dura experiencia de una familia de la zona

A las 5.30 horas de una fría madrugada de mediados de julio del año pasado, tres delincuentes ingresaron en el domicilio de Roberto Bonifacino y Natil Chiribone, tras forzar la puerta principal de la vivienda. Atiborrados de drogas, comenzaron a revisar los muebles en búsqueda de dinero y joyas para comprar más estupefacientes.

Cuando buscaban en el dormitorio principal, Bonifacino abrió los ojos. Uno de los delincuentes lo mató, tras golpearlo en la cabeza con un trozo de baldosa.

Netil también se despertó, quizás porque percibió un movimiento extraño en la cama.

Según las pericias forenses, recibió un duro golpe en uno de sus ojos y luego fue muerta asfixiada con una almohada o con otro elemento.

Uno de los delincuentes abrió unos cajones de una cómoda y prendió fuego a las ropas.

Cuatro horas más tarde, funcionarios de la Dirección de Investigaciones de Canelones, comandados por Zósimo Nogueira y Johnny Trías, detuvieron a los delincuentes con su magro botín: una estufa a gas, un bote inflable, dos garrafas, una radiograbador, dos linternas y una bolsa con cubiertos viejos.

Datos

Según los comerciantes consultados, en Paso Carrasco viven unas 32 mil personas.

Se trata de un barrio integrado en una gran parte, por ex obreros de las 36 fábricas que existían hace siete años. En este momento, sólo quedan cuatro.

El barrio se compone de unas 20 cuadras comprendidas entre los límites con Montevideo, el arroyo Carrasco, el Parque Roosevelt y la Avenida Giannatasio.

Unos 10 asentamientos están ubicados al costado del arroyo Carrasco, los cuales son considerados "zonas rojas" por muchos habitantes del barrio.

Según estadísticas policiales el año pasado hubo un promedio de tres hurtos diarios.

Promedio de tres robos por día

En 2003 ocurrieron un promedio de tres robos diarios en Paso Carrasco, una zona donde habitan alrededor de 30 mil personas.

Según fuentes judiciales de la Ciudad de la Costa, estos índices de seguridad son buenos si se comparan con comisarías de Montevideo, Shangrilá y El Pinar.

Por ejemplo, en Shangrilá hubo 2.200 robos en el correr del año pasado, mientras que en el segundo sucedieron unos 1.900 delitos.

Los copamientos y las rapiñas son escasos en la zona, según indicaron las fuentes. Otro problema de seguridad está vinculado al uso de los patrulleros y camionetas de la comisaría del barrio.

Funcionarios de la policlínica de Monterrey indicaron que este centro carece de ambulancias y que el peso de los traslados de enfermos, ancianos con asma o problemas cardíacos, parturientas y niños carenciados, recae sobre la camioneta de la Policía.

PROBLEMAS. Diez asentamientos se formaron en los últimos años en los márgenes del arroyo Carrasco y son considerados problemáticos por la Policía, según indicaron fuentes judiciales.

Agregaron que este conjunto precario de viviendas influyen en la seguridad de la zona.

Las fuentes mencionaron que otro elemento distorsionador para la Policía son los liceos, ya que allí ocurren riñas que exigen una presencia policial continua y obligan a la comisaría a descuidar los comercios y casas.

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