Uruguay no está a salvo del atentado terrorista

Antonio Mercader

El delegado de la narcoguerrilla colombiana FARC, Javier Calderón, que hasta hace dos años daba conferencias en las aulas de la Universidad de la República, no ha vuelto a visitarnos. Tampoco reside en San José y Yií el egipcio acusado de integrar Al Qaeda, detenido en nuestro país y extraditado en 2003 hacia Egipto para ser juzgado en relación con la masacre de turistas alemanes en un templo de Luxor. Desde España informan que en Uruguay late un solo foco de vascos conectados a ETA y que están inactivos. Y como en estas latitudes quedan pocos partidarios de la violencia como argumento político, uno se siente tentado a pensar que podemos dormir tranquilos, que estamos a salvo del terrorismo.

¿A salvo? Quienes saben del tema dicen que ningún país lo está. Atentados con decenas de muertos como el de Amia en Buenos Aires o el más reciente en una discoteca de Bali demuestran que países en apariencia marginados de los grandes conflictos internacionales pueden padecer también su día 11. La seguridad es asunto de todos ante un terrorismo multinacional, como es el caso de la matanza en los trenes madrileños, en la cual, según lo reportado, están involucrados varios marroquíes, cómplices de diversas nacionalidades y, por supuesto, un español, porque el apoyo de algún nativo adicto a la violencia siempre es necesario.

En las investigaciones del 11 S y el 11 M, se concluye en que pudieron haberse tomado más precauciones, entre ellas un mejor análisis previo de la información disponible, algo que, como se advierte ahora en USA, tal vez hubiera permitido abortar el ataque de Al Qaeda. Son lamentos sobre sangre derramada. Lo que importa es prevenir y preguntarse, por ejemplo, por qué venían a Uruguay los emisarios de la narcoguerrilla colombiana; qué conexiones tienen aquí los fundamentalistas de la Triple Frontera; por qué España no cesa de inscribirnos en el mapa de los países-refugio de la banda etarra, o qué sentido tiene esa insistencia en seguir glorificando entre nosotros a quienes cayeron empuñando armas contra la democracia uruguaya. Y sobre todo, hay que preguntar por la información disponible, si se la analiza en coordinación con otros países y qué medidas se toman al respecto.

Aunque las penas sean ajenas, acá no cabe la indiferencia. Al día siguiente de las bombas en Madrid, centenares de uruguayos cercaron la embajada española en Montevideo en muestra de solidaridad. Asistió gente de todas las tendencias incluido, hay que decirlo, el Frente Amplio, el partido cuyos dirigentes alentaron una década atrás el bloqueo del hospital Filtro para impedir la extradición de tres etarras acusados de terrorismo. Reconforta comprobar ese giro y saber que ahora todos nuestros partidos políticos cierran filas en su condena a la violencia terrorista. Ojalá que en el futuro respalden sus dichos con hechos, no con quietismo.

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