GUILLERMO ZAPIOLA
Mientas se abre paso lentamente entre los aficionados cinematográficos la idea, explicitada desde el título, de que La pasión de Cristo de Mel Gibson trata sobre la pasión de Cristo y no sobre otros aspectos de la vida y la predicación de Jesús de Nazaret, la película así llamada, protagonizada por Jim Caveziel y Monica Bellucci, se estrena hoy en Montevideo en varias salas.
Esta página ha recogido algunas opiniones locales cristianas (a favor) y judías (en contra) del film, con lo que se arriesga el error adicional de creer que la polémica se plantea fundamentalmente en términos religiosos, ideológicos o étnicos. Las cosas no son tan simples, y cuando se lee lo que se está publicando hoy en los medios norteamericanos al respecto se descubre que hay matices en todos los bandos.
POLEMICAS. En un extremo, el afamado dramaturgo y cineasta judío David Mamet (Casa de juegos, Las cosas cambian, Identificación de un homicidio) ha podido acusar al film de Gibson de "pornografía cristiana", aunque con la salvedad de que considera a La lista de Schindler "pornografía judía": a su juicio, ambos films serían la mera explotación comercial de los sentimientos (legítimos) de un grupo racial o religioso. Otros sectores de la comunidad judía norteamericana han sostenido en cambio puntos de vista opuestos: el rabino Daniel Lapin, dirigente del grupo Towards Tradition, que fomenta el diálogo entre judíos y cristianos, ha defendido a Gibson y reprochado a sus correligionarios de la Liga Antidifamatoria echar más leña al fuego y quedar como unos intolerantes, lo cual sería eventualmente más dañino para la imagen de los judíos en general que el ocasional trazo grueso empleado por el cineasta en su film para describir a algunos integrantes de la comunidad.
En la misma página web de Towards Tradition, el crítico y ensayista Michael Medved, judío ortodoxo y algo así como el portavoz cinematográfico del Partido Republicano (es el autor de un documentado y muy discutible libro en el que acusa a "los liberales de Hollywood" de estar erosionando las tradiciones de América), reivindica a Gibson, descarta algunas objeciones de "infidelidad histórica" hacia su film, y recuerda que no se trata de un documental sobre la crucifixión sino de una ilustración de tradiciones religiosas: sería lo mismo, señala Medved, exigirle a Los diez mandamientos de Cecil B. DeMille o al dibujo animado de Dreamworks El príncipe de Egipto una precisión histórica (e incluso bíblica) con respecto a Moisés.
PLAN. Con esos datos en la mano puede entenderse mejor el propósito de Gibson, y reconocérsele por lo menos una coherencia conceptual y estética aunque se discrepe con sus objetivos y procedimientos. Es casi ocioso repetirlo: su film no es una vida de Cristo, no es un drama psicológico, no es un documental histórico. Hay que entenderlo más bien como un ceremonial, el equivalente cinematográfico de un Via Crucis, que sigue muy de cerca la sucesión de las "estaciones" de ese ritual de Semana Santa.
Así desfilan en el film la oración en Getsemaní, el arresto por los guardias del templo, el primer interrogatorio ante el Sanedrín judío, el traslado del caso a la jurisdicción del procurador romano Poncio Pilatos, el otro traslado a la corte de Herodes Antipas, la flagelación, la colocación de la corona de espinas, el tránsito hacia el Calvario con la cruz a cuestas, la crucifixión, el descendimiento. La Resurrección es apenas un lacónico epílogo cuyo estilo visual establece un contraste muy nítido (y muy deliberado) con el resto del film.
Desde una perspectiva cristiana tradicional, Gibson tiene muy claros por lo menos dos alcances de su tema. Una es su carácter de cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento (o de lo que los cristianos tomaron por tales), en particular el Poema del Siervo de Yavé, el "varón de dolores" del capítulo 53 de Isaías. El segundo es la idea de la "Nueva Pascua": el primer diálogo entre María la madre de Jesús y María Magdalena parafrasea muy claramente la primera frase del ceremonial judío de Pésaj ("¿Por qué esta noche es diferente a todas las noches?"), y sugiere que la muerte de Jesús actualiza y transforma el sentido del antiguo ritual. El tercero es una cualidad eucarística: los breves pero muy calculados ‘flashbacks’ vinculan reiteradamente el cuerpo lacerado y el pan de la Ultima Cena, la sangre derramada y el vino consagrado. Si para un cristiano la Cruz es el fundamento de su fe (un escéptico, quizás antropólogo, diría "el mito fundacional de la cultura occidental"), el vino y el pan son el ceremonial que lo prolonga y reitera (se oye de nuevo la voz de nuestro amigo antropólogo: "el rito que actualiza del mito"). Quien quiera seguir enojado con Gibson debería tener, por lo menos, esos elementos en cuenta.
Las fuentes de Gibson
Mel Gibson le pidió a su director de fotografía Caleb Deschanel un estilo visual inspirado en el pintor italiano Caravaggio, cuya obra considera "bellísima" y del que afirma que es "violento, obscuro, y también tiene una extraña extravagancia".
Más importantes parecen ser sin embargo sus fuentes literarias. Gran parte del material narrativo del film proviene por supuesto de los Evangelios canónicos, y aunque habría que consultar los textos la primera impresión es que San Juan proporciona el esquema central, y hay algunos agregados a partir de los sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas).
Para entender mejor los propósitos y hasta las obsesiones de Gibson habría que conocer empero algunas de sus fuentes adicionales. Al parecer se basó también en los textos de la monja española del siglo XVII María de Agreda, y especialmente en las Meditaciones sobre la Pasión de la visionaria y estigmatizada alemana del siglo XIX Ana Catalina Emmerich. Un extracto de las meditaciones de la Venerable Emmerich es accesible en Internet, y allí proliferan los ángeles y los demonios que los Evangelios más bien retacean. Quizás de allí provenga el andrógino Satanás de Mel.
Otro nombre del que quizás valga la pena saber algo más es del coguionista Benedict Fitzgerald, quien es seguramente un católico conservador pero también un individuo con un ‘background’ cultural de cierto peso. Su padre es Robert Fitzgerald, un poeta respetado. Su madre, Sarah Fitzgerald, es una especialista en la literatura de la novelista católica Flannery O’Connor, y Benedict adaptó al cine una de las más conocidas novelas de esta última, Wise Blood, examen de un caso de fanatismo religioso en el Cinturón Bíblico norteamericano que dirigió el maestro John Huston.
Más cerca, Fitzgerald ha tenido que ver con otros proyectos vinculados a textos o personajes literarios: el telefilm Zelda (1993), sobre la esposa del escritor Francis Scott Fitzgerald; la adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad que dirigió Nicolas Roeg, con John Malkovich de protagonista; una versión televisiva del clásico A sangre fría de Truman Capote. Podrá ser muchas cosas, pero no parece un mal lector.
Más allá de la película
Las comunidades religiosas uruguayas han comenzado a moverse en torno a la película de Mel Gibson, aunque con bastante más discreción que en otros países. Cabe recordar que entre los primeros espectadores del film en Estados Unidos figuraron los fieles de una iglesia cuyo pastor había gastado 40.000 dólares en entradas.
Aunque la empresa exhibidora en Uruguay está abierta a transacciones comerciales, las mismas deben atenerse a las pautas marcadas por la distribuidora Fox: no hay descuentos por compras en cantidad. Lo que está operando en el complejo MovieCenter es la venta anticipada de localidades, que hasta ayer no era muy importante aunque el número de consultas telefónicas estaba muy por encima del habitual.
Más allá de las salas de cine, la película ha provocado la organización de charlas. Así el Centro de Conferencias Rey de Paz (ubicado en 21 de Setiembre 2789, casi Ellauri) está invitando para un análisis del film a cargo de un panel de integrantes de comunidades religiosas montevideanas, que se hará el martes 30 a las 20 horas. En el mismo lugar, tendrá lugar el viernes 2 a las 20 hs. una conferencia del pastor Salvador Dellutri, autor del libro Hay que matar a Jesús, quien hablará de Jesús desde la perspectiva ofrecida por los textos bíblicos y desde la proporcionada por la película de Gibson.