China privatizadora

Está en trámite la "discusión" —de algún modo hay que llamarla— en la sesión de la Asamblea Nacional Popular china, de la propuesta del primer ministro, Wen Jiabao, sobre la privatización de la economía local, transformando a las empresas públicas en "sociedades accionarias" (igualito que acá) y la "optimización de los diferentes sistemas del reparto de los diferentes sistemas de propiedad" en áreas productivas, incluida la privada. El cambio no significaría demasiado si no hubiera ido acompañado de una norma que establece que "la propiedad privada será inviolable" pero siempre que sea legítimamente adquirida. El acontecimiento es histórico. El Partido Comunista Chino, por años el más numeroso del mundo y con cincuenta y cinco años en el poder, condenaba el concepto de propiedad privada por su carácter burgués y capitalista. Hoy, siguiendo a Bai Sazhou conviven tres tipos de capitalismo en China. El "aliado del poder", original de Den Xiaoping, con empresarios ricos y famosos que ocupan altos cargos en el gobierno cuyas decisiones no se discuten. El "sordomudo", ave rapaz que toma vuelo en donde le dejan campo libre, que ni acata ni se opone a las decisiones del gobierno y solo le interesa el dinero, y el "desafiante", modelo en alza pero con poco espacio para la discusión, que quiere cambiar las reglas de juego. De allí la sorpresa de la definición de Wen, que, además, reconoció los grandes problemas de pobreza y miseria en zonas rurales, en donde de los 1.300 millones de habitantes del país se agrupan 900 con una renta anual de apenas 300 dólares, y prometió eliminar gradualmente en cinco años los impuestos al campo. También hubo un pronunciamiento poco explícito sobre los derechos humanos. El gigante asiático empieza a comprender la necesidad de sacudirse en el mundo globalizado de hoy. Estamos muy lejos todavía de un acercamiento a la democracia, pero no se puede negar que arrastrando el peso de una historia milenaria y de las consecuencias y secuelas de la revolución comunista de Mao, el cambio constitucional proyectado que se hará efectivo sin duda significa que China está dispuesta a crecer económicamente, para lo que tiene necesariamente que adaptarse al mundo y superar sus problemas sociales. A nosotros en cambio, nos cuesta más. La mitad de los uruguayos resisten a los cambios, y en buena medida por eso, se aferran a quienes se definen como progresistas, aunque todo el país sabe el único cambio que les entra es la marcha atrás. Si no sólo pueden adelantar en punto muerto.

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