La interna nacionalista está incubando nuevas alianzas

| Larrañaga cree que será difícil torcer la bipolaridad. Gallinal dice que hoy su compromiso es "seguir hasta el final"

JULIO MARRA

En los últimos siete días, varios de los candidatos blancos que están lanzados en la carrera electoral reivindicaron sus espacios políticos, de confirmación de liderazgo en un caso, y al amparo de las consignas de "renovación", en otros.

Esas improntas están marcadas, por un lado, por Luis Alberto Lacalle (Herrerismo), en la búsqueda de ratificar un escenario mayoritario de su sector, y por Jorge Larrañaga (Alianza Nacional), Francisco Gallinal (Correntada Wilsonista) y Sergio Abreu (Reconstrucción Nacional), por el otro.

Los sondeos de opinión conocidos esta semana mantienen la tendencia a un mapa bipolar en el seno del nacionalismo, con Lacalle y Larrañaga ocupando los lugares que recogen la mayor adhesión.

Lacalle ha sostenido que lo más saludable para la resolución de la interna sería la comparecencia de dos candidaturas "fuertes", extremo que también comparte Larrañaga.

Ambos están conversando y negociando las posibilidades de fortalecer "cada polo" y en las próximas semanas habrá novedades al respecto.

"No queremos hacer una patota contra nadie", ha comentado Larrañaga, escapando a la sensación instalada de consagrar una sumatoria de opciones no herreristas para vencer al ex presidente en los comicios del 27 de junio.

"Nadie, aunque quiera, podrá quebrar la polarización", pronosticó como "destino manifiesto" de la liza electoral.

EN COMPETENCIA. Abundan los contactos y las conversaciones. Pero, como la campaña está en ciernes, cada pieza alienta aún su juego particular y no da por vencidas sus pretensiones.

Es el caso de Francisco Gallinal. Más allá de la mayor afinidad —reconocida— hacia la figura de Larrañaga, disparó el último lunes las bases para un programa de gobierno, al abrigo de los técnicos y políticos que rodearon a Wilson Ferreira Aldunate y ordenaron el histórico plan que el caudillo blanco presentó en las elecciones de 1971.

Así, Gallinal ha negado que un acuerdo con Larrañaga esté decidido. Dice que su postura no significa "cerrar las puertas a nadie" y que tampoco es "antilacallista" el concepto que pregona de "renovación" y de "reencuentro nacional" para romper con la "atomización" política y social que padece Uruguay.

"Cuando dije sí a la candidatura el pasado 14 de setiembre en el Congreso de la Correntada Wilsonista era para seguir hasta el final", comentó a El País.

"La candidatura sigue en pie", enfatizó y se apoyó de inmediato en los cinco postulados que coronan su propuesta programática: reforma tributaria con una rebaja del IVA; definición de una política exterior que tenga al Mercosur como horizonte ordenador; apertura de áreas de inversión respetando la propiedad de las empresas públicas; reforma del Estado; y un fortalecimiento de las políticas de inversión social.

Por su parte, Abreu también reivindica su postulación y sostiene que su intención es "renovar" el estilo "de hacer política". Para ello, defiende un abordaje de los temas con "seriedad", y pone en su "mochila" —como gusta decir— un itinerario político que reconoce pasajes como ministro, legislador, e incluso candidato a la vicepresidencia del Partido Nacional en las últimas elecciones generales de octubre de 1999.

Abreu multiplicó contactos con dirigentes blancos para buscar forjar "un tercer polo", pero no ha tenido mayor eco. De todos modos, continúa conversando. Incluso con Lacalle, con quien se reunió el pasado domingo.

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