China, entre oportunidad y amenaza para Latinoamérica

| Expertos afirman que el auge económico chino lo impulsará a comprar millones de dólares en alimentos de América Latina

WASHINGTON | EFE

China es vista en algunos países de América Latina como un dragón dispuesto a arrasarlos económicamente, pero ciertos sectores se han beneficiado mucho de su despertar, que está cambiando los flujos del comercio mundial.

Aunque en algunos países latinoamericanos han surgido quejas sobre el trasvase de empleos de esta región hacia la nación asiática, para Clayton Yeutter, ex representante de Comercio Exterior de EE.UU., China representa "más una oportunidad que una amenaza" para América Latina.

"China tendrá que importar cantidades ingentes de productos y alimentos" para responder a las necesidades de su población de 1.300 millones de personas, explicó Yeutter. "Es un mercado gigante en el que América Latina debería entrar".

En realidad, su atracción ya se está sintiendo, especialmente en el Cono Sur. En 2003, las exportaciones brasileñas a China aumentaron más de un 90 por ciento, según datos de Brasilia.

Argentina vio casi doblarse sus ventas de materias primas al país asiático, que alcanzaron 1.300 millones de dólares.

Este tirón de la demanda ha elevado los precios mundiales de productos como el cobre y el hierro, para regocijo de Chile, Perú y Brasil.

ARANCELES. El aumento de las compras chinas de acero salvaron a la industria siderúrgica brasileña de una crisis cuando Estados Unidos impuso aranceles especiales a este producto en marzo de 2002, los cuales tuvo que eliminar a finales del año pasado tras ser declarados ilegales por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Esta experiencia pone de manifiesto cómo el avance de China está cambiando los flujos comerciales en el mundo. El país, que creció un 8,5 por ciento en 2003, ha reemplazado a Japón como motor económico de Asia y sus pistones están tirando también de ciertos sectores latinoamericanos antes dependientes de Estados Unidos.

Otros, sin embargo, se han visto seriamente perjudicados. La nación más dañada es México, que ha perdido 200.000 puestos de trabajo en los últimos dos años, la mayoría en el sector textil, los cuales volaron cuando unas 500 fábricas se trasladaron a China u otros países asiáticos.

En 2003, México vio cómo China le adelantaba y se convertía en el segundo mayor exportador a EE.UU. —tras Canadá—, a pesar de la proximidad geográfica mexicana y su facilidad de acceso al mercado de su vecino gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

GUADALUPE. Una gran parte de los zapatos, confecciones e incluso las estatuillas de la Virgen de Guadalupe vendidas en las tiendas del propio México llevan el sello de "hecho en China".

Con salarios de 72 centavos de dólar por hora en ese país, a México le es muy difícil competir en sectores que requieren mucha mano de obra, por ello Clayton recomienda que el país realice inversiones de capital y tecnología para fabricar productos de mayor valor añadido.

El ejemplo mexicano no es un buen augurio para América Central, que ha apostado por el sector textil como su cabeza de puente para la industrialización.

"Están asustados de que si no negocian el TLC —Tratado de Libre Comercio— con Estados Unidos, no se va a poder tener éxito en competir con China", dijo Manuel Orozco, director del departamento de América Central de Diálogo Interamericano, un instituto de estudios independiente.

Sin embargo, Orozco manifestó que el miedo es exagerado. "China tiene que competir con calidad y los textiles chinos no tienen la misma calidad que los centroamericanos", afirmó.

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