Los orígenes de una gran polémica

| El film se impuso al mercado y tendrá un lanzamiento excepcional en cuatro mil salas de EE.UU.

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GUILLERMO ZAPIOLA

En libro reciente, erudito y polémico del ex-sacerdote e historiador John Dominic Crossan plantea la pregunta desde su mismo título: ¿Quién mató a Jesús?. La cercanía del film The Passion of the Christ, producido y dirigido por Mel Gibson, con Jim Caviezel en el papel titular y Monica Bellucci en el de María Magdalena, cuyo estreno mundial se producirá el próximo miércoles 25 y que ha venido provocando polémicas desde que se anunció su realización, otorga a esa cuestión una renovada actualidad.

El film de Gibson se concentra en las últimas doce horas de la vida de Jesús, desde su detención en el Monte de los Olivos hasta la crucifixión, con los vaivenes procesales intermedios ante autoridades judías y romanas. Hablada en latín y arameo en pos de una mayor autenticidad histórica, la película contiene al parecer una descripción particularmente violenta de los padecimientos de su protagonista. La posibilidad de que pueda despertar pasiones antisemitas ha preocupado a las comunidades judías de todo el mundo.

Gibson, quien integra un grupo de católicos radicales que reivindica la misa tradicional en latín y discrepa con las cambios introducidos en la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II, sostiene que su intención ha sido "mostrar de manera realista la historia de las últimas horas de Jesús", y que no pretendió "ofender, sino inspirar". Hay gente que no ha quedado convencida, sin embargo.

HISTORIA. La polémica se remonta por cierto hasta los orígenes mismos del cristianismo, y tiene que ver con sus fuentes escritas. Los relatos más cercanos de la muerte de Jesús están en los Evangelios, canónicos y apócrifos, y forman parte de los enfrentamientos iniciales entre la Sinagoga y la Iglesia luego de que los integrantes de la segunda fueron echados de la primera.

Era inevitable que ello ocurriera: quienes suelen atesorar los primeros recuerdos y las primeras manifestaciones de un movimiento que surge son sus propios integrantes; recién cuando ese movimiento adquiere cierta difusión el resto de la sociedad se interesa por él. El historiador judío (aunque romanizado) Flavio Josefo, algo posterior a la redacción de los primeros Evangelios, solamente menciona al pasar al cristianismo, y su referencia directa a Jesús es una obvia interpolación. Los romanos Suetonio y Tácito contienen alusiones aisladas. El Talmud de Jerusalén, redactado posteriormente pero que recoge tradiciones del siglo primero, cuando narra la ejecución de Jesús incurre en evidentes anacronismos y solamente sirve como fuente secundaria (aunque podría ser utilizado por los "antisemitas": allí se atribuye a las autoridades judías la ejecución de Jesús, acusado de "practicar la brujería" y de haber "engañado y seducido a Israel"). Ello deja a los historiadores "independientes" ante una disyuntiva un tanto incómoda: o aceptar la versión evangélica (a la que se puede considerar "propagandística", y por lo tanto sesgada) o proporcionar una alternativa para la cual se carece realmente de documentación sólida y satisfactoria.

Lo que cuentan los Evangelios con variantes de detalle pero coincidencia sustancial es un doble proceso: Jesús habría sido acusado de blasfemia ("se habría proclamado Hijo de Dios") ante el Gran Sanedrín, la asamblea político-religiosa de Israel, y fue luego transferido al tribunal romano a cargo del procurador Poncio Pilatos para obtener la condena a muerte que las autoridades judías no estaban en condiciones de emitir. En esta segunda instancia el cargo cambió a "subversión política", porque los acusadores habrían razonado que una diferencia en cuestiones religiosas le importaría muy poco a la potencia ocupante.

De modo que habría tres culpables en la muerte de Jesús: los miembros del Sanedrín (desprestigiada aristocracia colaboracionista que por cierto no cuenta con las simpatías de los historiadores judíos posteriores), la chusma de siempre que se reúne en la plaza para pedir la cabeza de alguien, y por supuesto los romanos que emitieron la condena a muerte y la llevaron a cabo. Ese punto de vista "balanceado" es, por ejemplo, el del sacerdote, historiador y abogado alemán Joseph Blunzel en su documentado libro El proceso de Jesús. El punto de vista de John Dominic Crossan es más radical: sostiene que los primeros cristianos se empeñaron en acentuar la culpabilidad judía y atenuar la de los romanos luego de ser echados de la Sinagoga, buscando la aprobación de las autoridades de turno. En todo caso es cierto que el más "antisemita" de los Evangelios es justamente el último, el de San Juan, escrito cuando el cristianismo constituía ya un movimiento separado y rival de la Sinagoga: allí los enemigos de Jesús se llaman genéricamente "los judíos", mientras otros textos anteriores se ciñen a denostar a "escribas y fariseos".

Es inevitable conectar esas variaciones en los textos a las necesidades de la polémica inmediata. La penosa consecuencia (dos mil años de antisemitismo) acaso no estaba en la mente de los autores. De cualquier manera, acusar a Los Judíos, en abstracto, de esa muerte, es por supuesto una tontería además de una obscenidad. Tal vez sea más correcto decir que hubo unos judíos (y unos romanos) concretos que tuvieron que ver con el asunto, pero ya se sabe que no hay pueblo en cuyo seno no haya gente culpable de algo.

POLEMICAS. Más allá de la película en sí misma, sobre la que se podrá opinar cuando se la vea, habría empero que razonar que si había algo que el mundo no necesitaba en estos momentos es que alguien echara (queriéndolo o no) más leña al fuego del antisemitismo. Por si todo eso fuera poco, el padre de Mel, Hutton Gibson, ha aportado lo suyo proclamando que el Holocausto no existió, o que por lo menos los informes al respecto son muy exagerados. Con amigos (o con padres) así, Mel no necesita enemigos.

El director de la Liga Antidifamatoria de los judíos norteamericanos, Abraham Foxman, ha podido afirmar que Gibson "sostiene opiniones que sólo pueden ser descritas como antisemitas", Por su parte, el productor, director y actor se ha defendido señalando que, como católico, considera que "el antisemitismo es pecado". Y a su vez el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, que ha sido mencionado entre los posibles candidatos a suceder al Papa Juan Pablo II y que ha visto en privado The Passion of the Christ, sostiene que se trata de una película "maravillosa, profunda, fiel a los Evangelios y sin sesgo antisemita alguno".

El cardenal, prefecto de la Sagrada Congregación de la Fe en el Vaticano, dijo también que el film presenta "en términos contemporáneos lo que fue la crueldad contra el Señor en el camino de la cruz, la crueldad de la crucifixión. A veces resulta demasiado dura esa crueldad, pero el artista lo que quiere es conmover a una sociedad que desafortunadamente se ha acostumbrado a la crueldad". Castrillón sostiene que el film no es antisemita. "Está de acuerdo con la narración bíblica, pero no nos pone frente al juicio de una raza. El crucificado es judío, son hebreos los apóstoles y la Santísima Virgen María. No es el juicio de un pueblo, sino por el contrario, un juicio sobre el pecado y un llamado a la reconciliación".

Expectativa de mercado

El debate generado en torno a The Passion of the Christ ha provocado un aumento de 2.500 a 4.000 en la cantidad de salas donde será estrenada. Hace un año luchaba por conseguir salas de exhibición. La cifra de cuatro mil copias implica un lanzamiento mucho más poderoso que el de Capitán de mar y guerra, que se estrenó en 3.101 salas norteamericanas, o el de El último samurai, que comenzó con 2.908 cines.

Uno de los aspectos más llamativos de la campaña de lanzamiento del film consistió en que, en lugar de recurrir a las técnicas tradicionales en Hollywood, Gibson apeló a las iglesias y capillas, y en vez de promocionarla en la prensa lo hizo desde los altares, con notables resultados.

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