No es solamente un país al norte de Europa: buena parte de su territorio está dentro mismo del círculo polar. Finlandia tiene dos idiomas oficiales, finés y sueco y todos los carteles, anuncios publicitarios y letreros de las calles están en ambos, quizás como resultado de varios siglos de dominio sueco.
Helsinki, su capital, de sólo 560.000 habitantes, es una ciudad de contrastes, de estilo marcadamente urbano europeo pero caracterizada por el mar y la naturaleza. En el brevísimo verano, de junio a agosto, la luz del día dura casi las 24 horas invitando a vivir al aire libre, y disfrutar, por ejemplo, de sus casi cien kilómetros de costas, pero en invierno -considerablemente más largo y riguroso- propone una actividad cultural y asimismo otras actividades.
El Estado no tiene religión, pero el 72% son evangélico-luteranos, un 2% ortodoxos y hay un 1% de católicos.
La austeridad como rasgo del carácter de este pueblo está presente en numerosos detalles de la vida cotidiana. Uno de los símbolos de Helsinki es la Plaza del Senado, singular conjunto neoclásico construido entre 1822 y 1852, plena época de dominio ruso. La catedral es el edificio más fotografiado del país. El otro símbolo de la ciudad es la iglesia luterana de Temppeliaukio, de 1969, excavada en la roca. Naturalmente, por su original arquitectura, es uno de los lugares más visitados.