A pedido de las autoridades de Botnia, un grupo de técnicos seleccionados especialmente por su idoneidad, preparó un informe sobre el impacto socioeconómico de la instalación de una planta de esta naturaleza en los aledaños de la ciudad de Fray Bentos. A modo de adelanto de esas conclusiones, que se darán a conocer oficialmente más adelante, El País pudo saber que el mismo refiere al desarrollo con que se beneficiará la zona si finalmente se decide construir la planta de celulosa.
El impacto mayor será el del transporte vinculado al movimiento de madera y la actividad portuaria.
Al haber mejorado el perfil de la actividad turística respecto al año 2002 en Fray Bentos, el informe determina que se convertirá en una zona privilegiada en el corto plazo.
OPINION. Mario Vila, un residente de Fray Bentos de 75 años, viajó a Finlandia invitado por Botnia para conocer las plantas, dialogar con sus directivos y preguntarle a los vecinos de los establecimientos sobre cómo se desarrolla su vida.
Al concluir el viaje Vila adelantó que planteará al intendente Juan Carlos Centurión y al diputado colorado Ruben Carminatti la necesidad de allanar el camino para la construcción de la planta lo más posible.
En la planta de Aanekoski, en el centro de Finlandia, Vila pudo dialogar con Matías, un habitante de la zona cercana al establecimiento, con quien -traductor mediante- intercambió experiencias acerca del impacto ambiental y social que podría generar en Fray Bentos. Según Matías, sin la planta de Botnia ni siquiera existirían las ciudades cercanas, dado que es la principal mano de obra en un área que no deja margen de maniobra más allá de trabajar de lo que dan los bosques.
Matías admitió, sin embargo, que una o dos veces al año, la planta desparrama por un par de horas olores fuertes -no tóxicos-sobre la zona, cuando se inicia el proceso de apagado de los sistemas de filtrado de emisiones, lo que ocurre en Navidad y en la celebración de San Juan.