SALTO | LUIS ALBERTO PEREZ
Decenas de casas sin techos, personas levemente heridas, centenares de árboles arrancados de cuajo y miles de metros de cables de corriente eléctrica y de teléfonos dispersos por el suelo, fue el saldo del fenómeno climático con características de huracán desatado sobre las 03:50 de la pasada jornada y que afectó principalmente a habitantes de la zona sur de la ciudad de Salto.
Nada hacía prever en la jornada anterior que el fuerte viento desde el oeste —que tuvo una duración aproximada de tres minutos— y que fue precedido por un intenso aguacero, causaría tantos destrozos a su paso. El fenómeno arrasó una franja de un kilómetro y castigó a los barrios Horacio Quiroga, Salto Nuevo, Ceibal y Luján.
La magnitud de los vientos quedó registrada en la estación meteorológica ubicada en el Aeropuerto Internacional de Nueva Hespérides: la velocidad superó los 112 kilómetros por hora en ese punto y se presume que allí la intensidad fue menos que en la zona más afectada.
La avenida Solari que atraviesa el corazón del barrio Salto Nuevo era ayer la prueba más elocuente de la furia del viento. Allí quedaron arrancados de raíz los árboles de cuatro cuadras. Con la caída de los árboles también fueron arrancados varios metros de cables y derribadas algunas columnas, lo que determinó el corte del suministro de energía eléctrica por parte de UTE para prevenir accidentes.
La tormenta también afectó el acceso a la ciudad por ruta 3 desde el sur, al quedar interrumpido el tránsito a la altura de "La Gaviota", por la caída de árboles centenarios en Avenida Wilson Ferreira Aldunate.
CONJUNTO. Al amanecer, funcionarios de la intendencia comenzaron a retirar los árboles, y efectivos del Ejército apoyaron al municipio para tratar de solucionar los problemas más urgentes en las viviendas afectadas.
Si bien no existía hasta anoche una cifra oficial de perjuicios en fincas, se estimaba que superaban las 30 en la planta urbana, desconociéndose lo ocurrido en el interior del departamento.
Tampoco se pudo precisar el número de personas heridas, aunque se sabía que seis habían acudido al Hospital Regional de Salud Pública. Ninguna quedó internada.
TESTIMONIOS. En medio del nerviosismo por los momentos vividos, Walter Costa —un funcionario policial que junto a su esposa y tres hijos de 4, 5 y 8 años dormían en una casa de la calle Lavalleja— dijo a El País que salvó la vida de uno de sus hijos "sólo por milagro".
"Cuando corrí al dormitorio del fondo y saqué en brazos al nene mayor, ni bien pasé la puerta se derrumbó todo y ahí me golpeó un pedazo de bloque en la cabeza. Igual, logré meterme debajo de una mesa, al tiempo que le gritaba a mi mujer que hiciera lo mismo con los dos más chicos que estaban con ella", contó.
Otra de las tantas personas afectadas fue Juana Witman, vecina del barrio Ceibal. A esta señora no le quedó ni una chapa en la estructura de su vivienda. Narró que cuando comenzó el viento, en no más de un minuto, sobre su cama, comenzó a sentir el rigor de la lluvia. No entendía que ya no existía el techo. "Comencé a gritar, me puse de pie y quería salir para afuera pero no podía", recordó.