Martes 20 de enero de 2004 | Año 86 - Nº 29615
Internet Año 8 - Nº 2725 | Montevideo - Uruguay
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[EDITORIAL]
Siempre hay un más allá

LA noticia es asombrosa: la NASA planea establecer una estación habitada permanente en la Luna y, desde allí, lanzar un cohete a Marte y hacer descender a sus tripulantes en el planeta rojo.

La idea de llevar a cabo tal proyecto fue manejada por el presidente Bush (padre) pero parece que será su hijo, George W., el que la concretará.

Como es de imaginar, el viaje tripulado a Marte llevará años para ser planificado y convertido en realidad pero, si tiene el éxito que se prevé, la actual generación será un privilegiado testigo de él.

Tecnológica y científicamente el emprendimiento es posible. Económicamente también, aunque demande un costo aproximado de 23 mil millones de dólares, más del doble de la deuda pública uruguaya.

Estados Unidos, la nación más rica del orbe, y quizá de la Historia, está en condiciones de encararlo. Todo depende de una decisión política: la aprobación por parte del Congreso. El problema se puede enfocar desde otro punto de vista: ¿es admisible, éticamente, gastar tanto dinero para que algunos seres humanos salgan de la órbita terrestre y se posen en Marte cuando, aquí, en nuestro planeta, aún no han sido superadas deficiencias tan endémicas como la pobreza, las enfermedades, el analfabetismo, los vicios sociales y muchos otros males que adquieren mayor dimensión teniendo en cuenta la enorme riqueza derrochable del Primer Mundo?

SIN embargo, la historia humana nunca se ha regido por principios morales, lo cual no quiere decir que las sociedades, las culturas y los individuos no los tengan y proclamen. Pero el hombre es un ser conformado por una vida animal de millones de años de lucha contra sus semejantes, contra otras especies y contra la naturaleza y —comparativamente— en ínfimos años de existencia civilizada no puede esperarse que en él se engendren cambios radicales en su conducta que hagan olvidar su acondicionamiento para sobrevivir, su apetencia de dominio y de poder y su inclinación irresistible a tener más, a ser más fuerte y, por consiguiente, a no depender de los demás y a exhibirse orgullosamente ante ellos. Todo esto podría ser considerado como una manifestación de vanidad y de arrogancia —es la lección o el mensaje que nos llega del pasado— y en función de esos parámetros habría que juzgar los esplendores de las sociedades más antiguas, las pacientes construcciones medievales, la fastuosidad de los palacios renacentistas o de las cortes modernas, la lucha por exhibir las torres más altas, las estructuras cada vez más impresionantes, los barcos más lujosos y los aviones más gigantescos. Pero no todo es producto de la vanidad, por cierto. Igualmente está presente el irrefrenable afán de mejorar las cosas que se hacen, de dar el paso que queda por delante, de superar las vallas actuales.

PORQUE el hombre no se conforma nunca: para él no existe el "non plus ultra" ni el "finis terre" de los antiguos. Siempre habrá un audaz desconocido que se aventure más allá de los dogmas o de los límites y siempre habrá un Colón que se arriesgue a descubrir un nuevo continente. Si no es el presidente Bush quien haga que sus expertos conquisten Marte, otro lo hará. Ese impulso no se puede detener. El hombre ya no tiene empacho en desafiar a los dioses.

El deseo de conocer, una vez desarrollado, es insaciable y hace que la ciencia y la tecnología materialicen los sueños que anidan en la mente humana.

Sin esa sed de conocimiento no tendríamos ni las pirámides de Gizeh, ni el Partenón o el Coliseo, ni las vías romanas ni las catedrales románicas o góticas, ni el riquísimo arte renacentista, ni las leyes de Newton, ni la filosofía de la Ilustración, ni a Bach, Mozart y Beethoven, ni a Einstein ni a la desintegración nuclear, ni...

Nada de esto se logró sin que existiera pobreza, enfermedades y analfabetismo. Pero se hizo, y hoy nos enorgullecemos de ello, aparte de que cada uno de esos mojones en la historia humana trajo consigo avances notorios en otras áreas. ¿O acaso se ignora que la conquista espacial ha significado evidentes progresos en el desarrollo de la medicina, por ejemplo?

NO nos alarmemos, entonces, porque Estados Unidos gasta sumas exorbitantes para mantener y aumentar su vanguardia en la carrera espacial e intentar llegar al más cercano planeta al nuestro. Si puede hacerlo, que lo haga. Además, no son dineros que se echan en sacos rotos: son dineros que se vuelcan en investigaciones y proyectos, que movilizan las industrias y que dan oportunidades a talentos nacionales y extranjeros. Es decir, que son dineros que vuelven a la sociedad de la cual proceden.

Lo mismo harán la Unión Europea y China en el próximo cuarto de siglo y, quizás, otros países más.

Porque el hombre jamás cesará de indagar, de penetrar en lo desconocido, aunque no siempre pueda resolver sus problemas inmediatos.

Grandeza y miseria rigen su mundo.

¿Piqueteros uruguayos?

Es conocida la lamentable actuación de los "piqueteros" en Argentina. Por tal razón, en su momento preocupó el que hubiera quienes en Uruguay pretendieran importar gente de esos grupos violentos.

Ello no se concretó. Pero hace algunos días se anunció para el pasado domingo una acción típicamente "piquetera": la agrupación denominada PTD (Plenario de Trabajadores Desocupados), amenazó con cortar rutas en ocho puntos del país.

Afortunadamente, aunque el PTD dice tener 3.200 afiliados, los aspirantes a piqueteros orientales no totalizaron en la pretendida acción del domingo pasado, más de 400.

Finalmente, hubo más policías que manifestantes en los lugares donde pretendían cortar rutas y tras algunas negociaciones, la amenaza se diluyó... por ahora. Un dirigente del PTD dijo que si no se satisfacían sus demandas, iban "a cortar las rutas de verdad".

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