BAGDAD | EFE
Decenas de miles de chiítas se manifestaron ayer en Bagdad para apoyar la exigencia de su líder religioso, Ali Sistani, de celebrar elecciones directas, en la mayor marcha popular en esta capital desde la caída de Saddam Hussein.
La convocatoria concluyó con un llamamiento al secretario general de la ONU, Kofi Annan, para que defendiera esa postura en la reunión que mantuvo en Nueva York con el actual administrador civil de Irak, el diplomático norteamericano Paul Bremer.
"Este es un mensaje a Annan para que comprenda nuestro sufrimiento y tenga en cuenta nuestro derecho de celebrar elecciones, que son la base de la democracia", dijo ante los congregados el representante de Sistani en la ciudad, Hachem Awadi.
En declaraciones a EFE tras la manifestación, el clérigo desmintió las informaciones divulgadas a lo largo de la jornada por radios locales que le atribuyeron el anuncio de un plan de Sistani para convocar los comicios en un plazo de tres meses.
"Eso no es cierto", afirmó, antes de subrayar la necesidad de organizar cuanto antes elecciones "para que los iraquíes elijan libremente su propio destino".
"Todos tendrían derecho a voto; chiítas, sunnitas, árabes, cristianos, kurdos y turcomanos", precisó.
"NO A LA OCUPACION". Con banderas verdes del Islam, enseñas tribales y pendones negros —emblema del chiísmo—, los manifestantes recorrieron durante más de cuatro horas los seis kilómetros que separan el centro urbano del campus universitario, en el noreste de Bagdad.
"Sistani es nuestra Constitución", "Sí, Sí, a las elecciones", "No, No a la ocupación" y "Sí, Sí a la libertad", fueron algunos de los lemas más coreados por los congregados.
Algunos enarbolaban retratos de ese ayatolá chiíta y de otros líderes religiosos de su misma comunidad, como el asesinado Mohamed Al Hakim, que estaba considerado el dirigente del ala moderada, y del joven Mohtadar Al Sadr, cerebro de la radical.
Varios manifestantes también exhibieron fotografías del imán Jomeini, fundador en Irán de una República Islámica de carácter teocrático y cuyo ejemplo Estados Unidos teme que cunda en Irak, donde igual que en el vecino país los chiítas son mayoría.
DEMOSTRACION. Desarrollada tres días después de una manifestación semejante que tuvo lugar el sábado en Basora, segunda ciudad y en el sur de Irak, la marcha supone una nueva demostración de fuerza popular de Sis- tani e incrementa la presión sobre Annan.
El secretario general de la ONU parece haberse convertido en el mediador elegido por el santón chiíta para convencer a Bremer de la necesidad de rectificar un calendario que en la actualidad prevé el traspaso gradual del poder a los iraquíes.
La capacidad de Annan para conjugar esa petición con el interés del diplomático estadounidense en implicar a Naciones Unidas en la posguerra es una incógnita, pero la exigencia de Sistani constituye un factor que el secretario general de la ONU no podrá obviar en caso de aceptar el regreso de la organización a este país.
Con autoridad espiritual sobre el sesenta por ciento de los iraquíes, el ayatolá Ali Sistani se había abstenido hasta ahora de pronunciarse sobre asuntos políticos y su cambio de actitud resucita el fantasma de una insurrección chiíta, algo que vendría a complicar, y mucho, una posguerra ya con visos de pesadilla.