Como en la Viña del Señor, hubo de todo en el Congreso del Frente de la semana pasada. Dicen que fue un éxito para Tabaré Vázquez. Yo creo que es exactamente al revés. La conducción del Frente siente pánico porque de aquí a octubre se puedan escapar sinceridades como aquella de la solidaridad con la ETA en 1994, o vaguedades como la del Impuesto a la Renta en 1999, o metidas de pata como las de siempre, como consecuencia que esta gente no tiene un plan de gobierno definido. Es que son demasiadas las tendencias internas y la fuerza de las discrepancias ideológicas, las diferentes maneras situarse el mundo y hasta de entender la vida, como para poder conciliar en algo que se parezca a un programa. Los hechos lo demostraron. Cuando se entró al tema educativo, por ejemplo, en el cual la moción clave era la de tomarse la revancha excluyendo de toda función a aquellos que hubieran trabajado en la reforma de los tiempos de Rama, Bayardi estuvo a los manotazos con un joven delegado de la Unión de Juventudes Comunistas, y Marina Arismendi se cruzó duramente con una delegada del MPP. Sobre este asunto, no se resolvió nada, de manera que no es descartable que si se dieran las condiciones que no esperamos, a muchos funcionarios de la enseñanza los saquen de los fundillos. Hasta la propia proclamación de Tabaré Vázquez como candidato presidencial tuvo algún que otro voto en contra, y ni que hablar de la que se montó cuando se propuso a Nin Novoa para acompañarlo en la fórmula, y uno que no lo quería, al impedírsele fundar su posición se abalanzó sobre el estrado al tiempo que derribaba los obstáculos que intentaron impedirlo y consiguió hablar. De ahí a disponer la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba —faltaba más— a rechazar una iniciativa de renegociación de la deuda externa —lo que no se entiende bien porque al condenar el canje Vázquez implícitamente ha dado a entender que eso es lo que hará— pasamos por la crítica a los medios y profesionales de la comunicación que sin ellos "se morirían de aburrimiento" a la "renuncia al derecho a equivocarse" y a otros detalles de trascendencia variada. Pero el postre, estuvo en la actitud a asumir frente a la Ley de Caducidad. El sábado, en comisión, por un voto de diferencia se había resuelto anularla al mejor estilo patagónico. Este disparate atómico fue llevado al plenario y se ha dicho que la tesis contraria, reclamada por Fernández Huidobro para no caer en "torpezas políticas ahora que tenemos la victoria en la mano" fue derrotada por amplia mayoría. Sin embargo, hubo 569 votos en 1315 a favor de la idea. Los números indican pues que dentro del Frente Amplio hay un 43% y pico de torpes, lo que es bastante. El tupamaro fundó su oposición en una especulación puramente electoralista y salió con la suya por un pelo. Pero supongamos que a la victoria llegaran. ¿Quién garantiza que esa leve mayoría no se transforme en minoría, y los arrebatados se salieran con la suya? Por lo pronto ya se decidió la "depuración" del ejército, lo cual vuelve a poner de manifiesto que la misma política de revanchismos que se llevará adelante en la educación se aplicará también en las Fuerzas Armadas. No es un síntoma de tranquilidad precisamente.
Francamente, no vemos cómo el resultado de esta asamblea se puede interpretar como un éxito para Vázquez. En lo sustancial, dejó la prueba del nueve que en el Frente los radicales tienen un elevado peso específico. Y que conste que a los tupamaros, que allí adentro son los más, y a los comunistas, se les encasilla en el grupo de los moderados para vestir de seda a la mona.
Feliz y lúcido año, compatriotas.