Alicia Haber
Tres exposiciones, tres publicaciones de enjundia, la presencia en Montevideo de la infatigable Consuelo Ciscar, de la curadora cubana Llilian Llanes, del diseñador de moda Manuel Fernández y del gran equipo valenciano que acompañó las exhibiciones hablan, otra vez, de un enorme esfuerzo en pos del intercambio cultural realizado por la Generalitat de Valencia.
Los números son elocuentes: desde 1996 cuando comenzó su labor la directora de Promoción Cultural, Consuelo Ciscar, realizó 1055 exposiciones, trabajó con 640 críticos y expertos en arte, publicó medio millar de catálogos, y envió al Uruguay 24 muestras con sus correspondientes catálogos-libros. Estos esfuerzos y estos logros inevitablemente tienen nombre y apellido porque responden a la política de quien los lleva a cabo y no ceja en su empeño: Consuelo Ciscar. Aunque está desbordada de tareas se tomó su tiempo para venir, aunque sea por 24 horas a Montevideo, estar con los curadores, artistas, periodistas y dialogar con todos los amigos que tiene en esta ciudad.
DIALOGO. El diseñador español Manuel Fernández, muestra en el Museo de Artes Visuales hasta que punto es posible el trabajo conjunto entre la moda, el diseño y la creación de plásticos contemporáneos como Miquel Navarro, Manolo Valdés, José Morea, Juan Genovés, Eva Davinova, Ouka Lele y Equipo Límite, entre otros. Toda la planta baja del museo y parte de la alta está intervenida por hermosas prendas que son a la vez objetos de arte contemporáneo y un desafío a la imaginación. No es casual que esto suceda hoy en Montevideo promovido por Valencia.
Desde la década del 70 hay un auge del encuentro entre arte y moda, y las fronteras entre las artes cada vez más se diluyen. Los modistos Yohji Yamamoto, Rei Kawakubo (Comme des Garons) o Issey Miyake se han transformado en figuras que interesan al mundo del arte.
Los artistas, los curadores y los críticos de arte prestan atención creciente a la moda. En 1996, Sischy, Celant y Settembrini organizaron una muestra en Florencia dedicada a diálogo entre diseñadores de moda y artistas tales como Miuccia Prada y Damien Hirst, Azzedine Alaia y Julian Schnabel, Gianni Versace y Lichtenstein. A Giorgio Armani le organizaron una retrospectiva en el Museo Guggenheim Museum de Nueva York y a Gianni Versace una en en el Victoria and Albert Museum de Londres mientras que Yves Saint Laurent fue homenajeado en el Museo del Louvre y Valentino en el espacio contiguo al David de Miguel Angel en la Galería de la Academia. Algo similar ocurrió con Hugo Boss en el Guggenheim. Y hay muchas más muestras sobre arte y moda como Los años sesenta y la Moda en el Victoria and Albert Museum , Rapture: Art’s Seduction by Fashion, en la Barbican Gallery de Londres, Fashion: The Greatest Show on Earth en el Bellevue Art Museum.
Un número grande de artistas interdisciplinarios ("crossover artists") pueden dar cuenta de las demandas de la moda y así se genera una nueva vertiente que se conoce como "fashion art".
Hoy al entrar al Museo Nacional de Artes Visuales se constata hasta que punto España y Valencia se imponen en este terreno con obras muy destacables plasmadas por artistas peninsulares y por este diseñador Manuel Fernández quien está en una senda muy imaginativa y acerca a través de la vestimenta el arte contemporáneo al gran público quien muchas veces lo rechaza en formato cuadro, escultura o instalación.
ICARO. El abanico fue conocido y realizado por casi todas las culturas. De larga historia, siempre supuso invención de diseños y uso de diferentes tecnologías de creciente perfección así como ingenio y creatividad para utilizar los materiales que se tuvieran en cada región y cultura. Nunca fue un objeto meramente utilitario.
Empero en la época contemporánea no ha sido un objeto privilegiado para el arte. Llilian Llanes, la curadora cubana, fascinada por ellos, y fanática de su uso en los calientes veranos de la Habana, estimuló la creatividad de los artistas y ellos le regalaban abanicos intervenidos por sus lenguajes. Llanes le dio un giro inesperado al dialogar con los creadores e impulsarlos a que se expresen en ese soporte tan especial. Ahí nació esta original exposición.
Artistas cubanos, valencianos, argentinos, y de otras partes de América intervienen abanicos o crean los suyos y es admirable la versatilidad expresiva y lo que logran con esos adminículos. En la muestra se pueden detectar la presencia de y el talento de artistas de primera como Manolo Valdés, José Morea, León Ferrari, Miquel Navarro, Yoko Ono "Kcho", Manuel Mendive. También esta inteligente y acertada propuesta tiene el enorme mérito de aproximar al gran público a lenguajes vanguardistas que muchas veces resultan muy agresivos cuando se presentan en formato cuadro, escultura o ambientación pero son aceptados en forma de objetos utilitarios como los abanicos. Es una excelente iniciativa.
Un artista helénico y múltifacético
Vangelis Papathanassiou es un famoso compositor, músico y productor musical griego nacido en 1943. Está vinculado con el cine, el teatro, y otras actividades del mundo del espectáculo. Entre sus éxitos figuran las bandas sonoras de Carros de Fuego (con la cual ganó un Oscar), Blade Runner, 1492: La Conquista del Paraíso, Perversa Luna de Hiel, Missing. Se destaca también en el ballet y el teatro. Este año creó la música para Las troyanas y Hécuba interpretada por Irene Papas en Roma.
Pero salvo para el núcleo de amigos y familiares cercanos nadie sabía sobre su pintura, a la que se ha dedicado toda su vida y que llena las paredes de su casa. Nunca quiso exhibirla y luego de muchos trámites, discusiones y charlas finalmente cedió ante Consuelo Ciscar, quien es entusiasta y muy persuasiva y un público internacional la vio en la más reciente Bienal de Valencia realizada este verano europeo. Ahora está en Montevideo mostrada en el Museo Nacional de Artes Visuales.
El ser humano es un tema central de la obra de Vangelis quien lo asocia a lo etéreo o místico, y revela siempre la influencia de lo helénico y de los mitos de su tierra. Trazos propios del expresionismo abstracto en medio de la serenidad de colores suntuosos, del diálogo entre abstracción y figuración, y un homenaje permanente a la cultura helénica, son características de su obra. Retratos calmos e íntimos, figuras angelicales, rostros desdibujados, manchas, perfiles que recuerdan la escultura griega, son esenciales en su iconografía.