JAVIER A. PASTORIZA
Dice que es un obsesionado por el trabajo. Que sigue los negocios con tenacidad y persistencia. Que todos los días toma decisiones —unas correctas, otras equivocadas—, porque no hacerlo es regresivo. Al cabo de un año singular para la agropecuaria, Gerardo Zambrano habló de la vaca loca, de las inversiones en el sector y de los negocios por pantalla. Pero también se refirió a la necesidad de cambio que requiere el país y a los gerentes que no los hacen, desconociendo los lineamientos "del presidente del directorio", refiriéndose al Dr. Jorge Batlle.
—¿Cómo cae esta noticia de la vaca loca en EE.UU. en el contexto de un buen fin de año para la agropecuaria del país?
—Obviamente es un hecho en contra, pero habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Lo cierto es que terminamos el 2003 mejor de lo que lo empezamos. Basta ver los valores del ganado, la lana, los granos, de la tierra... Y eso no vino porque sí. La gente le critica muchas cosas al gobierno, al presidente (Jorge Batlle), pero el status sanitario actual y el precio de la carne que hoy gozamos llegó por la forma de encarar los problemas de la aftosa por parte del gobierno, por la actitud que mantuvo el presidente, encarando con honestidad y transparencia la epidemia, que nos dio la credibilidad para volver rápidamente con la carne a Canadá, Estados Unidos y a otros mercados.
—¿Puede un país vivir y recuperarse de una crisis únicamente a partir del agro?
—En Uruguay sí. Estoy convencido de que puede y debe sustentarse en la producción primaria y en una industria que procese y le de valor agregado. Es claro que necesitamos calidad y ser eficientes para lograr mejores precios. Pero más allá de otras apuestas —como el turismo o el software—, hay que tener en claro que debe haber una política económica clara hacia los rubros que queremos desarrollar. Este gobierno, arrastrando situaciones que venían de antes —el efecto de la devaluación en Brasil del 99 o la importancia que tenía el sistema financiero hasta que se derrumbó—, tuvo que vivir situaciones críticas, como las tuvo toda la región, y ahí nos hizo ver que un país como Uruguay tiene que partir de la producción primaria para sustentar su desarrollo. Lo está haciendo ahora y a partir de una base genuina.
—Desde muchos ámbitos se dice que el agro no genera empleo...
—Hay que ir al interior y ver el cambio que se ha experimentado de un año a esta parte. Pasó de una situación crítica, de gente que emigraba, a recibirla, porque ahora hay posibilidades de trabajo que no se encuentran en Montevideo. A uno le gustaría que toda esa recuperación se vertiera más rápidamente en el resto de la sociedad... Lleva su tiempo, aunque es seguro que lo hará.
—Crisis quiere decir también oportunidad. Las ventas por pantalla se consolidaron justamente en los peores momentos económicos.
—Soy partidario de los cambios y de las tomas de decisiones. Cuando se toman más las acertadas, nos va bien. Y viceversa. Pero cuando uno no las toma, seguro que va para atrás. Las ventas virtuales de ganado dieron la credibilidad necesaria para un buen funcionamiento del sistema. Y se desarrollaron aprovechando los momentos críticos por no tener que mover hacienda. Con la crisis financiera y bancaria, el sistema se pudo sustentar con la venta al contado. La gente que no sabía dónde colocar sus ahorros se volcó al negocio. Es un sistema que da seguridad y garantías a quienes operan, que bajó costos gracias a la escala. Tiene el costo de un negocio particular y las ventajas, por las pujas, de una subasta, con el valor agregado de la certificación. En el caso de Plazarural también está el de contar con el aval del Banco República.
—¿Es fácil convencer a la gente de que invierta en el agro?
—Hubieron muy buenos negocios para los inversores, partiendo de la base que la compra de haciendas fue muy conveniente en el momento de la crisis bancaria, con números muy favorables cuando se terminaba el negocio. Esos números ya no son tan fáciles de repetir ahora. Pero quedó la sensación de que se trata de una inversión segura, palpable, con mayor o menor rentabilidad, pero con una seguridad difícil de obtener en otras opciones. Ahora no se puede hablar de alta rentabilidad, porque eso no sucede en el agro uruguayo ni en el de todo el mundo, pero sí se puede garantizar una renta razonable, a la seguridad, y que eventualmente con una buena producción y una buena forma de hacerla se mejora esa renta.
—¿No es, de alguna forma impensable, que ingresen fuertes capitales hacia un sector demasiado primario?
—Hay que entender que el campo cambió. Que hoy se aplican otros sistemas de trabajo, otras tecnologías, que se puede vivir de mejor manera. Hoy no se puede pensar en ganadería sin hacer pasturas. En lo agrícola hay otras semillas, nuevas variedades... Se aplica más conocimiento, más tecnología y ese tipo de herramientas dan sustento para convencer a un inversor de que la del campo es una apuesta segura, la mejor opción para colocar su plata.
—Sin embargo se dice que este es un país que se resiste a los cambios...
—Sin duda. Lamentablemente el país no ha tenido políticos concientes, ni sobre la importancia que tiene el agro ni de la necesidad de cambios que se necesitan para seguir creciendo. Hoy sí tenemos un presidente convencido, pero la ciudad no aprecia el peso del campo, que habitualmente ve a los productores como gente quejosa. Tal vez nos ha faltado sentido común para unir lógicamente a ambos sectores. Eso a veces pasa en situaciones de crisis, que nos unen, y en ese aspecto habría que trabajar más para hacerlo, en beneficio del país.
—¿Ud. es de los que piensan que la llamada clase política vive una realidad diferente a la del resto de la población?
—Siento que no siempre los políticos ven las cosas como las vemos los restantes miembros de la sociedad. En ese sentido coincido con las expresiones del Dr. Carlos Ramela con respecto al funcionamiento político. Y esas cosas es bueno decirlas. El país tiene, en algunos aspectos, un subdesarrollo grande: no quiere que muchas cosas que deben cambiar, lo hagan. Y la gran mayoría de los políticos está en esa tesitura y no quieren tomar decisiones. Tal vez por eso debamos apostar más a las próximas generaciones para que el país se desarrolle y se inserte en el mundo. Lo siento como empresario, porque me duele que no tengamos una visión amplia para que el país crezca. Porque el país es como una empresa, donde el presidente del directorio marca los lineamientos que deben seguir los gerentes. Pero siento que no hemos tenido buenos gerentes para cumplir esos mandatos.