CONSULTORA SERAGRO
Previsiblemente, hasta tanto no haya un mercado alternativo de similar nivel, se resentirá el precio de los ganados de embarque. Eventualmente, esto puede traer aparejado alguna baja en el precio de la carne que se vierte al abasto interno, lo que genera algunas expectativas absurdas: "¡qué suerte!" dicen los despistados, "vamos a comer asado, otra vez".
No advierten que, si llega a concretarse ese desastre, el precio a pagar por toda la sociedad será enorme: comeremos el asado más caro del mundo.
La posible afectación del sector ganadero —que en todo caso será transitoria, no hay que dramatizar—, implica golpear al rubro más importante de nuestra economía, del que extraen sus ingresos miles de familias y de empresas nacionales, y que dependen de su nivel de actividad y de su prosperidad.
En una rápida enumeración:
1. Hay 48 mil establecimientos agropecuarios con vacunos; de ellos, 28 mil obtienen su principal ingreso de la ganadería de carne, pero en todos los otros también tiene una importancia capital.
2. En esos predios trabajan 74 mil trabajadores permanentes, entre propietarios de la empresa y asalariados, y contratan miles de horas de trabajo zafral.
3. Uruguay es el país que tiene mayor número de vacunos por habitante (3,5) del mundo, y su economía es fuertemente dependiente de la suerte que corra el rubro.
4. La producción de carne en gancho, del orden de las 430 mil toneladas anuales (este año flaco) aporta la mayor cantidad de divisas por exportación —U$S 369 millones este año—, y pusieron más de 110 mil toneladas en el mostrador de las carnicerías para alimentar al público (muy retraído, por cierto).
5. En el proceso de producción, el sector ganadero es un fuerte consumidor de insumos, tales como fertilizante, semillas forrajeras, servicios de maquinaria, alambre, madera, específicos veterinarios; y aún productos de alta tecnología, como los informáticos y de comunicación, genética animal, asesoramientos técnicos productivos y de gestión. Múltiples empresas de esos sectores dependen de la demanda ganadera.
6. El transporte de haciendas a frigorífico requiere de más de 60 mil viajes de camión por año, sin contar los movimientos entre los establecimientos, ni las ferias locales.
7. En los frigoríficos trabajan por lo menos 6 mil obreros y empleados. A su vez, la industria demanda numerosos insumos (energía, agua, maquinaria, herramientas, vestimenta y calzado, detergentes, etc.).
8. Luego de obtenida la producción, genera múltiples actividades en el área de los servicios y producciones conexas: envases, etiquetados, certificaciones, controles sanitarios, documentaciones, publicidad, seguros, transportes y manipulación de cargas, servicios portuarios, etc.
9. En todas las etapas actúan diversos agentes comerciales, comisionistas, o gestores de distinto tipo.
Todas estas áreas se verían favorecidas por un aumento de los volúmenes de producción de carne, que es perfectamente factible de alcanzar. Del mismo modo, se afectan cuando esos volúmenes decrecen, o cuando los valores caen.
HISTORIA RECIENTE. Cuando la aftosa superó todos los controles, en abril del 2001, el trancazo de los mercados resultó en una baja del precio de los ganados. Los novillos gordos, la categoría referencial, bajaron de 77 cts. el kilo a poco más de 60 cts., y luego menos aún. La faena cayó de 1,85 millones en el año 2001, a 1,37 millones en el 2000, y todavía no se ha recuperado totalmente.
Esto determinó para el sector ganadero una reducción de los ingresos globales por concepto de embarques a frigorífico, de cientos de millones de dólares en ese período, gestando una recesión que se fue extendiendo a todos los rincones del país.
Esas condiciones continuaron —con variaciones—, hasta junio de este año, cuando EE.UU. volvió a comprar carne. La dinamización que introdujo se fue acentuando en el correr de los meses, y estaba en su punto máximo en este diciembre cuando, luego de mucha tardanza, empezaba finalmente a aumentar la faena. Los precios de los ganados (a este fin de año) habían aumentado entre un 44 y un 48 % respecto al mes de mayo, previo al inicio de los embarques a EE.UU., respondiendo a los valores de la carne exportada, que aumentó en porcentajes similares.
Una faena de los valores actuales vertiría cerca de U$S 700 millones al año al sector ganadero, unos U$S 250 millones más que los del año 2000, sin considerar los aumentos que pueden lograrse en los volúmenes de producción.
Esos mayores ingresos también llegan a los criadores y demás productores de ganado de reposición, que venden sus animales a los invernadores a precios cada vez más entonados.
Con los valores anteriores, no se invertía en pasturas, no se reponían los toros, no se alambraba, no se arreglaban las instalaciones ni las maquinarias, y tampoco se pagaban los impuestos ni las deudas (ni las bancarias ni las particulares); en definitiva no aumentaba el empleo, sino que seguía reduciéndose el círculo, acrecentando la pobreza general.
La dinamización indudable que está sintiendo la economía nacional, tiene gran parte de su origen, y la parte más firme de su sostén, en los avances del sector agropecuario.
La agricultura pegó un salto espectacular, pero nuestro clima no da garantías sobre la repetibilidad del éxito; en cambio, la ganadería de carne, en las condiciones en que se produce en nuestro medio, es mucho más estable, y cuando sube un escalón puede defenderlo muy eficientemente. Pero como el sector recién viene saliendo del pozo, y apenas está preparándose para lograr una cosecha valiosa, que permita acomodar el caballo, una merma inesperada en los ingresos puede tener un efecto desalentador exacerbado.
OVEJAS Y SEGUROS. Cuando estalló el escándalo de la Vaca Loca en Inglaterra, en abril del año 96, la carne ovina salió indemne de la estampida, y aumentó su consumo y su precio. Otro tanto ocurrió cuando la Vaca Loca apareció en los países del continente europeo, y el consumo de carne vacuna se desplomó.
Ahora, la carne ovina se beneficia de una demanda firme a nivel mundial, que no puede ser cubierta por la actual oferta, lo que se traduce en precios sostenidos, y en suba. Habrá que ver qué ocurre en EE.UU., pero no sería extraño que algunos platillos de calidad y alto valor de carne ovina, sustituyan a sus equivalentes vacunos en los círculos de consumo sofisticado.
En nuestro país estamos jugados a la carne vacuna, señalaba un analista experiente, y eso nos hace más frágiles. Ahora se corre el riesgo de una baja (casi segura) del mercado de los vacunos, pero será transitoria, y tiene salidas alternativas; aún así, los establecimientos ganaderos —y el sector agropecuario todo—, serían mucho más sólidos si diversificaran sus ingresos manejando ambas especies, como tradicionalmente ocurría: cuando bajaba la vaca, la oveja defendía la plata. Y viceversa.
En estos tiempos, sólo podemos lamentarnos de no tener más ovejas, también por estos percances inesperados.
BARBAS EN REMOJO. Ni hablar, ni pensar, en lo que pasaría si la Vaca Loca apareciera en nuestro país. Y que no se diga que esto es imposible.
Basta enunciar la posibilidad que algo tan terrible ocurra, para concluir que es imprescindible reforzar los mecanismos de control, en particular de la composición de las raciones que se utilizan, de los productos que se importan, y de todo punto de riesgo que determinen los expertos. Tal vez fuera necesario obtener una evaluación externa, objetiva, sobre la solidez de los sistemas de control, que obligue a una permanente crítica y actualización de los procedimientos y los instrumentos utilizados.
También en esta materia, en nuestro medio, es común el discurso oficial, complaciente, que da por descontado que tenemos todo bajo control, cuando la realidad está muy distante de esa pretensión.
Con este episodio debería quedar saldada la discusión sobre la importancia de llevar adelante la trazabilidad más estricta posible; incluyendo la identificación individual de todo el rodeo. Cualquier inversión en ese sentido sería mínima en relación a los riesgos que pueden llegar a evitar.
Y finalmente: la estrategia de promocionar el carácter natural de nuestra producción —carne natural certificada, o carne orgánica, o lo que sea—, asume una importancia renovada. La posibilidad de hacerse conocer con ese perfil, puede, cada vez más, tener una compensación económica real, como no la ha tenido hasta el presente.
El peso de la producción
El Valor Bruto de la Produción de carne vacuna, ovina y lana, alcanzó a los U$S 711,4 millones de dólares, en el 2000, según la Dirección de Estadísticas Agropecuarias del MGAP, citada en la Encuesta Ganadera 2001. De esta cifra, 264 millones son transacciones entre productores.
Con los valores actuales, los montos, en todas las etapas y productos, serían mucho mayores.
Números que cifran
El sector agropecuario creció 10,8 %, en valores constantes (sin considerar las subas de precios de sus productos) entre este año y el anterior, según el Banco Central. Según Opypa, el sector primario representa hoy el 10,5 % del PBI (desde el 6,5 % de hace un par de años). No conocemos los cálculos actualizados, pero sumada toda la cadena del agronegocio, debe superar el 30 %.