Julia Rodríguez Larreta
Cada vez es más evidente que el fenómeno piquetero ha ido tomando unas dimensiones que al mismo tiempo de desbordar al gobierno argentino, derrumban las contenciones que hacen a la vida civilizada.
Como reguero de pólvora, sus métodos violentos de reclamo se extienden en todas direcciones. Así ha ocurrido con el paro bancario, el cual también ingresó en la senda del salvajismo. Como si fueran parte de los piqueteros (desempleados), para exigir la incorporación al sueldo de 200 pesos que prometió el gobierno, cortaron calles en la city porteña y aumentaron el caos ya habitual que provocan los antes nombrados.
Armaron fogatas con quema de neumáticos y en el segundo día, un grupo atacó una sede del Bank Boston. Las agresiones de los piqueteros corroen tanto la autoridad, como la ética del trabajo, a la vez que saturan la paciencia de la gente y está claro que no es un problema fácil de enmendar.
El "invento" está en camino de matar al inventor, dado que desde el mismo gobierno, no sólo se ha tolerado demasiado, sino que éste le ha otorgado los estímulos financieros que lo sustentan.
DESMANES. Los graves desmanes sucedidos en Salta, donde decenas de individuos desorbitados incendiaron las instalaciones de dos empresas petroleras y los serios disturbios ocurridos en Neuquén, son ejemplos más que suficientes de que por más difícil que sea, la Administración Kirchner debe tomar al toro por las guampas.
Está claro que el abordaje de esta problemática no es simple, porque cuando se aplica la mano fuerte, en seguida se producen las críticas a la represión y también es razonable, tratar de evitar incidentes trágicos. Pero a la vez, muchas contemplaciones son peligrosas y es un facilismo censurar al gobierno de Neuquén por el fuerte despliegue policial, lo mismo que dar por cierto que los 22 heridos, cinco de ellos con balazos, hayan sido víctimas de las fuerzas de seguridad. En realidad no se sabe de dónde provinieron los tiros.
Por otro lado, el Gobernador Sapag, al intentar controlar mejor la entrega de los subsidios, mediante una tarjeta individual de pago, hizo saltar la mecha que promovió los grandes disturbios, porque de esta manera iba a disminuir el manipuleo político y el manejo discrecional por parte de ciertas personas, de los dineros públicos. Si alguien dudaba de que así es como funciona, ya se le habrá terminado la incertidumbre al ver la fuerte reacción suscitada por el plan para eliminar los pagos en efectivo, indiscriminados, tan fáciles de desviar.
ESTRATEGIA. La estrategia del gobierno parece ser la de tentar a ciertos dirigentes con algunas propuestas, para aislar poco a poco a los no dialoguistas, de modo de no perder terreno frente a los duros que engrosan la izquierda.
Se trata de aplicar la clásica consigna peronista de dividir para reinar, pero cuando el Presidente ha hecho tanto alarde de perseguir a los culpables y terminar con la impunidad, no resulta muy coherente que en la Casa Rosada se reciba al jefe piquetero de General Mosconi, conocido como Pepino, como ocurrió el lunes, justo un día antes de que a éste le llegara una orden de arresto, bajo la imputación de varios delitos penales. Es por lo menos un mensaje bastante contradictorio de parte del Ejecutivo.
ECONOMIA. En el área económico-política se prenden luces de variado color. Por una parte, el superávit primario de octubre, superó la meta pactada con el Fondo, gracias a los ingresos por retenciones a las exportaciones, sobre todo de commodities como la soja y un aumento de la actividad. Si se logra el crecimiento anunciado del 7% para este año, se puede pronosticar para el 2004, por efecto arrastre, un piso del 2%. El aumento del gasto público en el 2003, de 3 puntos del PBI, es considerado aceptable. Sin embargo, la necesidad del Estado de solventar gastos sociales o aumentos de salarios y el riesgo de que los precios de los commodities puedan bajar, encienden una luz roja, ya que la solvencia fiscal en el largo plazo es un objetivo que no puede perderse de vista.
Habrá que ver cómo actúa el gobierno, sobre todo a partir de las facultades especiales que el Congreso le ha aprobado al Jefe de Gabinete, dándole un amplio margen de autonomía en el uso del presupuesto. Ha sido una prórroga de la ley de Emergencia Económica, por lo que no es nada nuevo, pero el entorno económico para el 2004 es diferente al 2000 y el 20001, en que regía una rigidez en el gasto público, si bien buena parte de él eran costos fijos, muy difíciles de bajar (jubilaciones, intereses). No hubo entonces mucha diferencia, entre lo aprobado y lo ejecutado. En la actualidad, la devaluación soltó el freno y el default disminuyó pasajeramente el pago de los servicios de la deuda, por lo cual la disciplina en el gasto debería ser un objetivo de máxima prioridad.