Eduardo Roland
Después de cuatro años, el maestro Roberto Montenegro vuelve a dirigir la Orquesta Sinfónica del Sodre en un concierto que tendrá lugar esta noche a las 20.30 en el Salón Montecarlo del Hotel Conrad de nuestro principal balneario. Se trata de un concierto benéfico que tiene también como cometido apoyar y dar brillo al lanzamiento del Tercer Festival de Jardinería y Paisaje "Ciudad de Punta del Este".
Ahora bien, dadas las circunstancias esta función se convierte en un punto importante para la orquesta estatal, ya que en estos días Montenegro ha sido confirmado como director estable de la Ossodre para la próxima temporada. El puesto estaba vacante desde el 30 de junio, cuando venció el contrato del maestro Piero Gamba. De ahí que de alguna manera este concierto sea el comienzo de un nueva etapa que todos esperamos contribuya al mejoramiento de una de las instituciones sinfónicas con mayor historia en América del Sur.
— ¿Cuándo fue la última vez que dirigió a la Orquesta Sinfónica del Sodre?
— La última vez que fui invitado oficialmente por el Sodre fue en el año 98, cuando abrí la temporada de conciertos: hicimos Concierto para violín de Beethoven, y la Sinfonía "Júpiter" de Mozart, recuerdo muy bien los comentarios de Washington Roldán en El País diciendo que se había llevado una doble sorpresa: primero el hecho de que las entradas estuvieran agotadas, y segundo la transformación que había tenido la orquesta bajo mi dirección. Para mí fue un elogio muy grande de alguien muy entendido y que no regalaba conceptos.
— ¿Cómo ha sido la preparación de este concierto cuyo repertorio no es sencillo?
Empecé a ensayar con la orquesta hace una semana, es un programa difícil, pero así como es difícil, es atractivo para el oído. Lo hice a propósito, preparé un programa con dificultades técnicas para poder medir realmente el potencial de la orquesta, saber dónde estamos parados para de ahí comenzar a avanzar.
—En realidad llama un poco la atención, porque cuando uno piensa en un evento en el Conrad con cena, piensa en un repertorio archiconocido en base a oberturas de óperas famosas, etcétera.
— Pero si bien son obras de dificultades extremas como El Moldava de Smetana, Los Preludios de Litz e incluso la Suite Los Pájaros de Respighi que es muy delicada, por el otro lado pensando en este lanzamiento del Festival de Jardinería en el Conrad, es evidente que se trata de música muy agradable para el oído y además no es un programa largo.
— Y el cierre con el Malambo de Ginastera seguramente va a ser como un golpe de efecto...
Sí, fantástico. Para mí Ginastera es el más grande compositor que ha tenido nuestra América, un individuo que realmente dominaba la técnica compositiva, los colores de la orquesta, y creo que el Malambo es uno de los fragmentos más accesible para entrar en su obra, porque es de efecto, muy rítmico y a todo el mundo le gusta.
— ¿Cómo encontró a la Orquesta del Sodre (tanto técnica como anímicamente) después de cuatro años sin trabajar con ella?
— Yo no creo en las orquestas buenas o malas, creo en el director de orquesta. Todas las veces que me he parado frente a la orquesta del Sodre jamás se me ha ocurrido de que la Ossodre deba sonar como la Filarmónica de Berlín o la orquesta de Chicago; pero sí que suene dentro del máximo de sus posibilidades. Si damos el máximo, tarea cumplida. Siempre encontré en la Orquesta del Sodre una atmósfera muy buena, de mucho respeto, y las condiciones como para hacer un trabajo constructivo. Ayer (el jueves), en el último ensayo previo a este concierto fui muy claro: le dije a los músicos que en cada ensayo de los cinco que tuvimos habíamos subido el nivel, cosa que no siempre sucede. "Estamos en un veinte por ciento de lo que pretendo, todavía nos queda un ochenta". Yo estoy convencido que gradualmente vamos a llegar al cien. Es el comienzo, y de todas maneras hemos preparado un concierto digno.