El tema del trabajo suele analizarse por muchos observadores como un problema de los trabajadores, y al respecto ríos de tinta se han vertido. Despreciando la posición del empleador.
Podría hablarse del empresario. Pero, la expresión empleador es más amplia ya que comprende —por ejemplo— además de a las empresas, a instituciones sin fines de lucro y a profesionales universitarios independientes.
Sobre el particular se han creado concepciones filosóficas, con raíces en el terreno ideológico y legislativo, que a partir de realidades surgidas hace doscientos años, encuentran eco fácil en peritos legales y en muchos fallos de los jueces llamados a pronunciarse, cuando las cosas derivan a un conflicto.
Quien emplea a otros, queda así convertido en un ave de rapiña. Al que no se le reconoce inteligencia, ni esfuerzo, ni trabajo. Apenas se le reconoce condición innata de explotador al que debe atacarse a mansalva.
Si actúan sindicatos, todo empeora. Dentro de esta óptica el sindicalismo tiene derecho a todo y en especial, a mantener su fuente principal de trabajo: que la gente esté descontenta y cundan los conflictos.
Algunos cambios han habido y un puñado reducido de dirigentes sindicales tienen una óptica distinta, pero se trata de la excepción que confirma la regla. Los sindicatos en el Uruguay han perdido capacidad de aglutinamiento y prestigio, por múltiples razones. Entre ellas, destacan su propia actitud y —especialmente— el cambio de la realidad económica y social.
Todos estos elementos son parte de los que constituyen el llamado costo laboral del país, y se constituyen —por otra parte— en una invitación al mantenimiento y crecimiento del desempleo.
Contratar servicios de terceros en vez de trabajar con empleados propios y solicitar a empresas establecidas mano de obra temporal, son parte de los medios que conducen a la reducción de las plantillas de trabajadores estables.
Durante la administración nacionalista, se tomaron varias medidas orientadas a promover desregulaciones elementales de la realidad laboral. Por ejemplo se permitió la apertura del comercio sin limitación de horas de cierre, exigiéndose el cumplimiento de los derechos laborales. Porque, paradojalmente en un país de comercio y turismo, las horas de apertura comercial estaban limitadas.
La desregulación más grande fue la de la determinación de salarios por Consejos y ramas de actividad, que de haber persistido cuando el advenimiento del Mercosur, hubiese conducido a una desocupación generalizada.
Ha llegado en el tema la hora de reivindicar definitivamente al empleador, como el gran dador de empleo, pagador de retribuciones y beneficios y de la aportación a la seguridad social. Naturalmente que los hay mejores y peores, más humanos y menos humanos, pero sin empleadores, no hay empleados y no existe filosofía, ni norma, ni fallo judicial aplicable a alguien.