Revelan que Jackie Kennedy estuvo al borde del suicidio

| Jacqueline se sentía incapaz de cuidar de sus dos hijos, y se preguntó si no estarían mejor con el hermano de su esposo

SAN FRANCISCO | EFE

A punto de cumplirse los 40 años del asesinato del ex presidente John F. Kennedy, nuevas revelaciones dan otra dimensión a la figura de su esposa Jacqueline quien, según confesó a un sacerdote, se planteó a menudo el suicidio, agobiada por la pena.

De cara al público estadounidense, que siempre profesó simpatía y admiración hacia la elegante primera dama, Jacqueline se convirtió en un ejemplo de estoicismo por su contención tras el asesinato de su marido, el 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas).

Sin embargo, como a menudo ocurre, la procesión iba por dentro y, según acaba de conocerse, la esposa del mandatario llegó a plantearse incluso la posibilidad de quitarse la vida.

Las revelaciones sorprendieron al público estadounidense, que desconocía esta faceta de la ex primera dama, y causaron estupor entre quienes creen que lo que Jacqueline dijo al religioso era de carácter privado.

CONFESOR. El sacerdote en cuestión, Richard McSorley, jesuita y profesor de teología de la Universidad de Georgetown, en Washington (la capital estadounidense) debía de tener un ojo puesto en la historia ya que anotó en su diario, escrito a máquina, los detalles de las conversaciones que mantuvo con la ex-primera dama, la mayoría en una cancha de tenis.

A su muerte, McSorley donó sus documentos personales —incluido su diario— a la Universidad de Georgetown, que a su vez decidió darlo a conocer al público esta semana.

Agobiada por la pena tras la muerte de su esposo, Jacqueline se sentía incapaz incluso de cuidar de sus dos hijos, y se preguntó si no estarían mejor con el hermano del presidente asesinado, Robert, y su mujer Ethel.

"No soy buena para ellos", dijo Jacqueline al sacerdote pocos meses después del asesinato del presidente, "estoy sangrando por dentro".

La ex primera dama tenía dudas sobre las repercusiones espirituales del suicidio, y preguntó al párroco si Dios le separaría de su marido si se suicidase.

"En ocasiones, me siento fuera de mí misma. ¿No entendería Dios que lo único que quiero es estar con él?", confesó al sacerdote, que acudió a consolar a Jacqueline a petición del hermano del presidente, Robert, quien también fuera luego asesinado.

MAL GUSTO. Su antigua jefe de personal, Letitia Baldrige, criticó la difusión de este documento y dijo que es "ridículo" y "de muy mal gusto" sacar a la luz estas confesiones para revelar sentimientos "totalmente comprensibles en una dolida viuda".

Jacqueline estaba particularmente apenada por no haber podido decir adiós a su marido, y en sus conversaciones con el religioso se arrepentía de la melancolía que había sentido en los meses antes del asesinato a causa de la muerte del bebé prematuro de la pareja, en agosto de 1963.

"Si hubiera tenido un minuto para decirle adiós", dijo Jacqueline, "sentí melancolía y me alejé más tiempo del necesario. Podría haberle hecho (a su marido) mucho más feliz, sobre todo en las últimas semanas".

La ex primera dama también describió al sacerdote el famoso asesinato: "No supe que le habían disparado con la primera bala, tenía la cabeza girada hacia el otro lado. Cuando miré hacia el presidente, ya había sido disparado por segunda vez".

Entre pelota y pelota, Jacqueline expresaba al sacerdote sus dudas sobre su recuperación y la posibilidad de que pudiera casarse de nuevo.

Pero Jacqueline sí se recuperó, y en 1968 se casó con el millonario griego Aristóteles Onassis.

Pero ese es otro capítulo de su historia.

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