El factor de humillación

| La fuerza individual más subvaluada en las relaciones internacionales es la humillación

Si el presidente Bush desea estar en mejores condiciones de controlar los problemas que enfrenta en Irak y en Cisjordania, le sugiero que estudie el discurso pronunciado el 16 de octubre por el Primer Ministro saliente de Malasia, Mahathir Mohamad ante un grupo de líderes musulmanes. La mayor parte de ese discurso fue un análisis brutalmente franco de las causas de la declinación del mundo musulmán. Aunque también se vio mancillado con vergonzosos ataques contra los judíos, aún así fue revelador. En cinco ocasiones se refirió a los musulmanes como seres humillados. Si algo he aprendido durante el tiempo que he dedicado a cubrir los asuntos mundiales, es esto: la fuerza individual más subvaluada en las relaciones internacionales es la humillación.

"Yo no enumeraré los casos de nuestra humillación", dijo Mahathir. "Todos somos musulmanes. Todos estamos oprimidos. Todos estamos humillados... Hoy nosotros, toda la comunidad musulmana, somos tratados con desprecio y deshonor... Hay una sensación de desesperanza entre los países musulmanes y sus pueblos. Sienten que no pueden hacer nada bien". Y añadió: "Nuestra única reacción es sentirnos cada vez más iracundos. La gente iracunda no puede pensar adecuadamente".

Una de las razones por las que Yasser Arafat rechazó el plan de Clinton para un Estado palestino fue que él y sus seguidores no deseaban un estado que les fuera entregado por Estados Unidos o Israel. Eso sería "humillante". Deseaban ganarlo a sangre y fuego. La televisión de Hezbolá había bombardeado a los palestinos con relatos acerca de cómo los libaneses expulsaron a los israelíes. Los militantes palestinos deseaban la "dignidad" de hacer otro tanto.

Recuerden siempre que el conflicto entre árabes e israelíes es acerca tanto de fronteras como de Premios Nobel. Es acerca de dónde debe estar la línea divisoria y es acerca de la humillación que surge cuando un bando tiene éxito en modernizarse y el otro no. Como dice Mahathir en su discurso: "Sacrificamos vidas innecesariamente sin lograr nada, salvo generar represalias masivas y humillación. (Pero) estamos en contra de un pueblo que piensa. (Los judíos) sobrevivieron a 2.000 años de persecuciones no por responder a los ataques, sino por pensar... No podemos combatir contra ellos usando sólo la fuerza. Debemos usar también nuestra mente".

Y es por ello que los palestinos necesitan tanto su propio Estado como un nuevo liderazgo capaz de desarrollar su dignidad basándose en logros, no en resistencia.

Otro tanto puede decirse de Irak. ¿Por qué las fuerzas estadounidenses nunca han logrado la ovación que esperaban por liberar a Irak de la tiranía de Saddam? En parte, es porque muchos iraquíes se sienten humillados de no haber sido capaces de liberarse ellos mismos, y la presencia estadounidense, e incluso su ayuda, les recuerda eso. Añada a esto las humillaciones diarias y falta de comunicación que son parte inevitable de una ocupación, e incluso los liberadores con mejores intenciones acabarán por desgastar su bienvenida al poco tiempo. Yo estaba con un traductor iraquí un día en Bagdad, tratando de ingresar a la oficina del Consejo Gobernante. El guardia estadounidense privado de seguridad en la puerta me ordenó cerrar la boca hasta que se me permitiera hablar. Después le dijo a mi traductor que se sentara a sudar en el insoportable calor mientras me escoltaba a mí —el estadounidense— al interior para determinar si el líder iraquí que íbamos a ver estaba disponible. Los dos sentimos unos deseos irresistibles de dar un puñetazo en la cara a ese guardia.

"Irak está lleno de hombres iracundos", escribió Mustafá Alrawi, editor administrativo de Irak Today, en el Daily Star de Beirut. "En el área injustamente llamada ‘el Triángulo Sunita’, la población se vio gravemente afectada por la decisión de desbandar al ejército y por la política de despedir a cualquiera que tuviera simpatías con el partido Baath... Miles de hombres, muchos de ellos que se enorgullecían de su rango y estatus, quedaron confusos y desconcertados. Debe recordarse que el ejército... no combatió durante la invasión de Estados Unidos, y de hecho dio su sello de aprobación al plan de derrocar a Saddam Hussein. Tienen un orgullo herido que deben restañar. Tribus enteras se sienten avergonzadas de haber apoyado la invasión, sólo para ser dejadas al margen por la misión miope de la coalición acerca de como se debe gobernar a Irak".

Nunca, jamás, subestimen el orgullo de un pueblo, sin importar lo derrotado que pueda estar. Para los iraquíes es muy fácil odiar a Saddam y resentir a Estados Unidos por permanecer demasiado tiempo en su país. Recurra a la dignidad de la gente y estará dispuesta a hacer lo que sea por usted. No le preste atención, olvídela, y no levantarán un dedo para ayudarlo. Y es por ello que un amigo paquistaní me dice que lo que Estados Unidos más necesita en Irak es una estrategia de "deshumillación y redignificación".

La única forma en que Estados Unidos alentará la creación de un gobierno decente en Irak es si cada día entregamos más poder a los iraquíes y creamos las condiciones económicas en las que los iraquíes pueden tener éxito. En la medida que demos más poder a los iraquíes, menos humillados se sentirán, más tiempo tendrá Estados Unidos para ayudarlos y menos necesitarán ellos nuestra ayuda.

© "The New York Times"

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