El maestro regresa a Barcelona

| La exposición recorrerá la trayectoria del artista y su importante contribución teórica

Con una muestra que reúne 307 obras del artista y teórico del arte uruguayo, el Museo Picasso de la capital catalana iniciará el próximo 26 de noviembre su nueva temporada. La exposición que recogerá todas las vertientes artísticas de Joaquín Torres García, abarca los años que van de 1891 a 1920, época que el pintor pasó en Barcelona y muestra la importancia esencial que el maestro tuvo en el noucentisme, del que fue figura clave, no sólo por su obra pictórica, sino también por sus escritos teóricos, en los que establece las premisas esenciales del arte noucentista. Pero Torres tuvo también protagonismo en el giro del año 1917 hacia una exaltación del individualismo del arte de vanguardia, que plasmará en su libro Arte y evolución. En este sentido se aborda su adhesión entre 1917 y 1922 (tanto en Barcelona como en los años que pasó en Nueva York, de 1920 a 1922) al vibracionismo propugnado por Rafael Barradas.

Por otra parte, la exposición recogerá una amplia selección de obras en las que se muestra la posterior evolución de TorresGarcía, poniendo énfasis en su adhesión a los principales grupos representantes de la abstracción en el París anterior a la segunda Guerra Mundial, entre 1926 y 1932, de los que fue miembro fundador junto a Mondrian, Kandinsky, Arp y Van Doesburg del grupo Cercle et Carré y, posteriormente, de Abstraction-Création. Luego llega el constructivismo, también denominado universalismo constructivo, escuela que él mismo fundó y defendió no sólo en el ámbito plástico, sino también en el teórico.

El visitante podrá contemplar una amplia representación de los grandes murales noucentistes que Torres García creó para la residencia del Barón de Rialp, los proyectos para el salón Sant Jordi de la Diputación de Barcelona (actual Palacio de la Generalitat) y los murales para el lucernario de su residencia de Mon Repòs, en Terrasa; los pequeños juguetes y construcciones de madera pintada con los que fusionó arte y pedagogía; sus obras vibracionistas en las que muestra la Barcelona y la Nueva York de los año 20, dos ciudades modernas en las que rascacielos, tranvías, barcos y automóviles conviven con el ir y venir de la gente. Así la memoria del maestro uruguayo vuelve a un primer plano gracias a una muestra de gran porte.

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