MARIANA RETHEN
Uruguay cuenta con personal capacitado para realizar investigaciones científicas y tecnológicas de calidad, pero se requiere la colaboración de los distintos países de la región para realizar actividades en conjunto, aseguró a El País Arturo García Arroyo, director de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología FECYT y ex coordinador del Programa Crecimiento Competitivo y Sostenible y de los Programas de Investigación Tecnológica de la Comisión Europea.
Garcia Arroyo, que vino a Uruguay a dar una serie de conferencias, dijo que siempre existen nichos en el mercado que permiten el desarrollo de productos o servicios competitivos.
— ¿Qué opinión le merece el desarrollo que tiene Uruguay en materia de ciencia y tecnología?
— Lo que se manifiesta claramente es la cantidad y la calidad de personal científico e investigador que ha formado este país. La calidad humana y la preparación científica y tecnológica es excelente y por eso, desgraciadamente para el país, muchos encuentran acomodo fuera cuando las circunstancias son complicadas.
— Como ex asesor en la Comunidad Económica Europea ¿qué valoración se ha hecho desde allí de la región del América del Sur en la materia?
— Que se tienen equipos humanos, que se tienen universidades y grupos de investigación, que existen instituciones que resisten cualquier análisis comparativo en cuanto a la calidad de la ciencia que generan, pero que faltan recursos. Uruguay, Chile y Brasil son los países que claramente destacan del resto de los países del Cono Sur, pero hace falta una acción positiva hacia el fomento de la colaboración, aunque sea a nivel de las instituciones de los responsables de las políticas científicas y tecnológicas.
— Para lograr todo esto se necesita una política de gobierno fuerte, y en este caso de varios gobiernos. ¿Cómo se logra eso?
— Lo primero que se necesita es una voluntad política del gobierno. Segundo esa voluntad política tiene que venir consensuada por los partidos políticos en cuanto a sus líneas principales. Después la creación de instrumentos, planes sectoriales, planes nacionales, planes de cooperación, lo que se quiera, de acuerdo a los recursos y a la misión que se tenga. Luego el seguimiento, poner un equipo que vaya siguiendo la marcha de la política y vaya informando.
— Mucha gente puede pensar que Uruguay por su tamaño y población no debería involucrarse con la investigación científica, porque no cuenta con las ventajas que pueden tener otros países. ¿Es posible destinar un país a ser exclusivamente de servicios?
— No para nada, eso sería un error y quien lo diga creo que se equivoca. Por muy chico que sea un país es claro que necesita la política científica tecnológica, pero no porque vaya a sobrepasar el potencial de los países con más recursos, sino para educar, conocer, estar informado de lo que está pasando. Además siempre hay nichos. Es el caso de Finlandia. Allí son son 5 millones de habitantes y sin embargo es líder mundial en dos o tres campos de investigación tecnológica industrial.
— ¿Qué expectativas tiene a futuro de todos los conocimientos y productos que aún se están desarrollando y que van a cambiar permanentemente la forma de vida actual?
— Es difícil predecir sin ser irresponsable. Pero todo indica que el futuro es el de las ciencias bios, la integración del sustento físico químico con la información, el tratamiento de la información y la biología, el nivel celular y molecular es el que hará mover el mundo.
— Todo esto está enmarcado en una ética profesional, pero a veces surgen algunos prejuicios sobre la ciencia que exceden a lo ético. ¿Cuál es el lugar de la ética en esto?
— El científico debe tener una ética para saber que hay actuaciones que producen un mal. Pero eso no debe interrumpir el proceso de conocimiento. El científico tiene que seguir dando respuesta a las preguntas que aparecen. El problema ético no es que se investiga o no, sino qué uso se hace de la investigación y las consecuencias tan nefastas que pueden producir sobre la humanidad.