Boca abrió el libro

Víctor Hugo Morales

Siete días después, la fiesta. Cumplida una semana de aquella actuación desabrida y criticable de Boca ante Nueva Chicago, los xeneizes desataron en la tarde ventosa y soleada, ya no ese oficio que se le reconoce de equipo sabio pero contenido, dispuesto tan solo a dar lo necesario para ganar los partidos y los campeonatos. El despliegue de ayer fue el esperable de un verdadero campeón de América que juega ante los fantasmas de lo que alguna vez fue Estudiantes de la Plata.

Boca abrió el libro y si hubiera llegado al último capítulo, ese que menciona la capacidad de definir, de convertir goles, como un atributo indispensable, habría que reconocerle una actuación perfecta.

Esa máquina de jugar que fue ayer el equipo de Bianchi, tendría un bonus especial, un premio que le llegaba a través de las radios. Ocurría que mientras el Pato Abbondanzieri vivía la tarde más tranquila de su vida, San Lorenzo de Almagro, hasta ayer nomás el enemigo, perdía en su cancha frente a Quilmes, un encuentro pleno de atractivos en el que los arqueros parecían Manga en sus mejores tiempos, y los palos se corrían hacia adentro para devolver disparos. Jugado frente a los arcos, casi inexistente el paso por la mitad de la cancha, las escenas dramáticas se repitieron de principio a fin y ganó Quilmes, al final, con un gol anotado al principio del partido.

Alguna vez habrá que contar con lujo de detalles que hubo una tarde en la que las hinchadas despidieron con la misma pompa, con idéntica gratitud a los que ganaron y a los derrotados.

Esa, una historia infrecuente para un medio ganado por el resultadismo y la neurosis, fue la que escribieron San Lorenzo y Quilmes. Y cabe celebrarla por más que, si ulls no tumba a Boca el miércoles en Rosario, en serio debe decirse que el torneo habrá llegado a su fin.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar