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  - Editorial
El hambre en el mundo

La terrible revelación conmovió a todos los asistentes al acto inaugural de la Jornada Mundial de la Alimentación que organiza anualmente la FAO. Fue justamente el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Jacques Diouf, quien hizo públicas las escalofriantes cifras: "Unos 840 millones de personas en el mundo padecen hambre y 800 millones de ellas viven en el mundo en desarrollo", dijo. Y de inmediato Diouf formuló un llamamiento a los gobiernos de todo el mundo, a la sociedad civil, al sector privado y a los ciudadanos a unirse en una "alianza contra el hambre". Recordó así un compromiso que 179 jefes de Estado hicieron el año pasado de formalizar un combate frontal contra este flagelo y que debería concretarse este año, sin que hasta el momento se hayan definido estrategias ni métodos de acción.

En este ambiente aún conmovido por el discurso del Director General de la FAO llegó el momento de hablar para nuestro presidente, designado principal orador de la ceremonia.

"Ha llegado el momento de hacer menos discursos y más cosas; es tiempo de abrir los mercados y dejar que la gente viva de su trabajo", afirmó Batlle entre los aplausos y las ovaciones de los presentes, según relatan las crónicas. Siguió su discurso Batlle, totalmente improvisado, refiriéndose a la situación de América Latina, un continente productor de alimentos en tal proporción que bastarían para colmar las carencias de todos aquellos que sufren hambre a lo largo y ancho del mundo. Se refirió a la necesidad de que el mercado actúe a los efectos de resolver estos problemas tan críticos y que deberían llenar de vergüenza a los que tienen en sus manos las posibilidades de socorrer a los 840 millones de seres que no pueden satisfacer sus necesidades básicas alimentarias y no hacen nada en ese sentido. Lo que hay que hacer, finalizó su emotiva arenga "es asegurar a las familias trabajo y oportunidades para que se nutran de su propio trabajo".

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