Un sueño construido por los presos

| Si la empresa crece esperan darle trabajo y capacitación a un centenar de internos del complejo Santiago Vázquez

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Eduardo Barreneche

Ganan bien por su trabajo. En lugar de armas, ahora usan formones, sierras, martillos y serruchos.

De a uno o en parejas, los presos llegan a la fábrica ubicada en un galpón del Complejo Carcelario (Comcar), situado a poca distancia del pueblo Santiago Vázquez.

A veces, antes de ingresar al galpón, Leonardo L., de 34 años, mira los campos poco llanos que se extienden detrás de la alambrada de la cárcel.

El sol calienta el pasto, liquidando los últimos rocíos. A unos cincuenta metros de distancia, unos borregos sin esquilar balan sin entusiasmo, mientras esperan que algún recluso les traiga ración.

Al mirar el paisaje, Leonardo tiene una fugaz ilusión de que no se encuentra dentro de una cárcel, la más grande del país. Enseguida piensa en su barrio Aires Puros.

Traspasa el umbral de la carpintería y lo sorprende el olor a viruta, trozos de madera y aserrín.

Firma en una planilla el horario de entrada y, al igual que sus 12 compañeros, se dispone a trabajar en cualquier puesto que le ordene el encargado y uno de los integrantes de la Cooperativa Copremade, Miguel De Lima (50). Leonardo L. es uno de los 30 reclusos y ex presos que trabajan en la cooperativa que construye casas prefabricadas en el Comcar.

Hace cuatro años que está encarcelado por intentar robar las remesas del Banco República en el Aeropuerto de Cerro Chapeu de Rivera.

El asalto, calificado de "fácil" por el jefe de la banda durante las instancias preparatorias, le significó a Leonardo seis balazos en el cuerpo.

RENTABLE. El embrión de crear una empresa que construyera casas de madera en el Penal de Santiago Vázquez surgió hace tres años en la mente de Ramón Ricci, un constructor que cumple una condena en el Comcar.

La cooperativa de presos comenzó a funcionar hace ocho meses, tras el cambio de mando en la Dirección Nacional de Cárceles.

"El apoyo del actual director (Enrique) Navas fue fundamental para que este emprendimiento se concretara", dijo a El País el administrador de la empresa, Niver Guerra.

Desde su creación hace ocho meses, la cooperativa vendió casas por casi 100 mil dólares.

"La empresa es altamente rentable", aseguró De Lima.

No es poco para una firma que se inició con casi nada de capital. Las dos máquinas circulares y la lijadora las construyeron los propios presos.

En este momento, Copremade construye las paredes de tres casas. En el exterior, unos 15 ex reclusos se encuentran armando otras dos viviendas y "ya hay dos más encargadas", dijo el administrador.

En las horas libres, los presos construyen cajones para frutas pedidas por una firma del Mercado Modelo. Antes de 30 días deberán entregar 2.000 cajones. Y ya tienen un pedido por otros 5.000. Por cada cajón, la cooperativa recibe 18 pesos.

Según De Lima, el dinero generado por la fabricación de los cajones se utiliza para pagar los salarios de los empleados.

Dentro de una semana, la cooperativa construirá una escuela en el Cerro. Se trata de una iniciativa propuesta por la Fundación Niños con Alas, con el apoyo del Banco Santander.

La obra, que albergará a 300 alumnos, consistirá en la construcción de seis aulas y la refacción de un local. La magnitud del trabajo obligó a De Lima a contratar a otros 16 obreros, además de los 30 que trabajan en forma permanente en la empresa.

Una firma de arquitectos contrató a la cooperativa para hacer paneles de madera para exportarlos hacia Italia. La idea es enviar una muestra para ofrecer kits de casas de madera en el país europeo.

PROTECCION. En la puerta del galpón no hay guardias. Tampoco cámaras de video en su interior, pese a que en la carpintería existen múltiples objetos que podrían transformarse en un arma. Sin embargo, la guardia de la cárcel está tranquila.

A poca distancia de la fábrica, un grupo de presos juega un partido de fútbol con camisetas similares a las de Peñarol y River. Cada tanto se escucha el sonido del pito del juez.

A poca distancia de allí, tres penados charlan en la sombra de uno de los galpones, ubicado a poca distancia de la carpintería.

"Ninguno de estos presos pueden entrar en la carpintería. Los propios reclusos de la empresa les dicen que su entrada es prohibida", explicó el administrador Guerra.

TRABAJO DURO. Unos 600 cajones de frutas se amontonan contra una de las paredes del galpón de la carpintería. Héctor (31) y Manuel (35) confeccionan cajones uniendo maderas finas con unos clavos pequeños.

"Como cualquiera de los otros obreros, Héctor y Manuel son polifuncionales. Además de carpintería, saben de albañilería", dijo De Lima.

En el piso de la fábrica no hay suciedad. Dos aprendices tienen, entre otras tareas, la obligación de sacar toda la viruta y aserrín en un carro de mano y llevarlo al exterior para su eliminación.

Leonardo L. dice que, con su sueldo, ayuda a la manutención de su esposa Andrea M. (31) y sus dos hijos Darwin (13) y Débora (7).

"Esto es importante porque me permite cambiar de vida. Cuando trabajo estoy tranquilo y no pienso en otras cosas", dijo.

La relación con su esposa también cambió. "Ella está contenta y me apoya. Lo que hice en Rivera, no le gusta nada. Es que no tenía empleo y estaba pasando muy mal. Todos tenemos errores en la vida", explicó.

Cuando hay pedidos de casas, Leonardo L. y sus compañeros trabajan hasta 14 horas por día. Es que la paga no es nada despreciable: entre 2.500 y 4.000 pesos. Se trata de salarios que no ganaban cuando se encontraban en libertad.

Producirán pelotas para clubes deportivos y ONGs

Pelotas y redes para fútbol y fútbol sala, vóleibol, handbol y básquetbol serán fabricadas por los reclusos. Este emprendimiento comenzará a implementarse a través de un convenio de cooperación interinstitucional entre el Ministerio del Interior y el Ministerio de Deporte y Juventud.

Una experiencia similar se viene desarrollando ya en Brasil, donde el programa involucra ya a unos 12 mil reclusos de distintas prisiones norteñas. En Uruguay el programa se denominará "Pintando la Libertad" y las autoridades aspiran a que de capacitación y empleo a un gran número de reclusos.

Los insumos deportivos serán utilizados en las actividades que desarrolla a distintos niveles el Ministerio de Deporte y Juventud, pero también serán utilizados por municipios, instituciones deportivas y ONGs que soliciten el material. La experiencia desarrollada en Brasil ha demostrado las ventajas que provee el sistema que, además de cumplir con un cometido de clara reinserción social, permite al recluso obtener un ingreso. En el vecino país, además de suministrar el material fabricado por los reclusos a muncipios y clubes deportivos, han comenzado a exportarlo a distintos países.

El acuerdo interinstitucional fue suscripto el pasado 6 de octubre y quedó a cargo de la Dirección Nacional de Cárceles la implementación del programa de trabajo.

Datos

En la construcción de las casas, la cooperativa Copremade utiliza maderas tratadas con garantías de uso por 50 años. La tecnología de fabricación y el diseño de las viviendas es similar a las aplicadas en Estados Unidos y Canadá.

El metro cuadrado de una casa hecha por esta empresa ronda los 200 dólares. Según los responsables de Copremade, su precio es un 50% inferior al de la competencia.

Cada casa es entregada llave en mano y evaluada por la arquitecta Elena de Soto.

Las viviendas son pintadas con productos Renner, que otorgan una garantía de 10 años.

Los sistemas eléctricos son proporcionados por Conatel y los cables cuentan con una protección antillama.

Las paredes de las casas cuentan con cámaras aislantes que utilizan lana de vidrio y son enteramente forradas por dentro con lambriz.

Al carecer de una financiación bancaria que permita la compra de la casa en cuotas, la adquisición de una vivienda se efectúa con el 50% al contado y el 50% restante con la entrega de las llaves.

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