SUPERSTICIONES. "Siempre han existido, en nuestra sociedad, los que podríamos llamar cultores de la superstición, vale decir, los que hasta cierto punto —unos más y otros menos— vivían pendientes de evitar cuantos signos, actos, circunstancias, números, fechas o personas, entre otras cosas, estaban admitidos por la generalidad de mucha gente como capaces de contagiar la mala suerte. El Dr. Juan Andrés Ramírez, por ejemplo, se contaba entre los compatriotas de actuación pública, que creían ciegamente en la mala suerte provocada, entre otros ‘maleficios’, por sentarse trece a la mesa, por servir las bebidas con el pico de la botella hacia la derecha y el dorso de la mano hacia abajo, por volcar el salero en el mantel o por ver a un cura de espaldas sin lograr mirarlo, inmediatamente, frente a frente. A este último propósito, no resistimos la tentación de narrar una anécdota del Dr. Leonel Aguirre, quien transitando en automóvil por el centro de la capital, vio a un cura de espaldas, justo cuando éste doblaba la esquina. Ni el ordenar que el coche hiciese lo propio —aunque la transversal estaba flechada en contra— sirvió de remedio porque el cura tenía su destino en una de las primeras casas de la cuadra. Pero el Dr. Aguirre no era de los que se rendían así nomás, en cuestiones de mala o buena suerte. Fue así que golpeó la puerta, preguntó si allí había un sacerdote y cuando lo tuvo cara a cara, le dijo simplemente ‘tanto gusto’ y se alejó como había llegado, siempre a contra flecha".
PARMA Y MANLIO. "Recordamos de los últimos 30 años de la redacción de El Plata a dos figuras extraordinariamente simpáticas y pintorescas, don Luis Parma, el nunca olvidado secretario de redacción y don Manlio Vitale D’Amico, especializado en crítica teatral, pero, a la vez, un periodista capaz de escribir a la perfección, sobre cualquier tema. Parma y Vitale formaron, durante añares, un "tándem" periodístico de rendimiento pocas veces superado y de la relación entre ambos surgieron muchas sabrosas anécdotas. En los últimos tiempos, se sentaban en dos escritorios contiguos, manteniéndose en permanente comunicación sin siquiera mirarse de frente. Aquella máquina maravillosa de fabricar material periodístico estuvo a punto de romperse estrepitosamente el día que Parma le dijo a Vitale: —Manlio ¿no me haces un suelto para el pobre fulano de tal? Y Vitale, sin más explicaciones se puso a escribir (en las cuartillas de papel de diario y con lapicera con pluma mojada en tinta, lo que hacía con letra perfecta). La forma providencial en que se salvaron de una plancha fenomenal, lo demuestra el siguiente diálogo planteado al poco rato: Vitale: —¿En qué cementerio lo entierran? Parma: —Nooo, bárbaro, recién llegó de Europa..."
CIVISMO Y VALOR. "Don Celear Mena o el ‘indio Mena’, como era conocido entre sus innumerables correligionarios y amigos, era un ejemplar muy poco corriente, de civismo y de valor a toda prueba. Allí donde se presumiera la posibilidad de un enfrentamiento político violento, allí estaba, en primera fila este devoto militante del Nacionalismo Independiente. Un solo botón anecdótico, basta para dar la pauta de los puntos que calzaba don Celear.
Allá por el año 1935, al Dr. Juan Andrés Ramírez le anunciaron de fuente aparentemente insospechable, qué elementos del gobierno dictatorial planeaban para una madrugada próxima, un ‘asalto’ a su domicilio, sito en ese entonces, en la esquina de Avenida Brasil y Libertad. Ramírez se limitó a disponer que su familia durmiese fuera de la casa mientras él, con un amigo íntimo, muy bien probado para trances como ése, pasaron la noche en vela, convenientemente armados. Por qué no se cumplió lo del asalto, jamás se supo. Pero lo que sí se supo, ya al día siguiente, fue que el indio Mena también había hecho la guardia por su cuenta y riesgo, sentado en un banco de la cercana Plaza Río Branco".