En esa dirección

Entre tantas situaciones que han cambiado de manera considerable en la construcción de la sociedad actual, nos interesa detenernos en la divulgación y transferencia de conocimientos. Mirando el presente y, sobre todo el futuro, si en algo estamos de acuerdo es en que ser más es saber más. Pero el conocimiento humano ha alcanzado proporciones gigantescas. Las especializaciones se han encargado de producir avances muy significativos, llenando bibliotecas enteras con información pertinente. A la hora de las realizaciones, no queda otro camino que trabajar en equipos multidisciplinarios. Pero, ¿que hay de las personas comunes? ¿Cómo se insertan en el mundo actual, inundado de información? ¿Quién decide qué es relevante en materia de conocimientos? ¿Siguen dispuestas a que otros decidan su futuro? En este terreno tan delicado como trascendente para la sociedad del siglo XXI, a nuestro entender los medios de comunicación están llamados a desempeñar un papel clave. Si bien no les competen responsabilidades educativas, ocupan con exclusividad un nicho caracterizado por la transferencia de información, desde los sectores donde se produce el conocimiento, hacia los potenciales usuarios de los mismos. A diferencia de tiempos pasados, en la actualidad es muy importante para la sociedad, que el grueso de sus integrantes compartan un proyecto común de desarrollo. No en vano se hacen cada vez más frecuentes los reclamos, tendientes a generar mayores espacios de participación social, con el fin de promover el empoderamiento dentro de nuestro colectivo. Esta extraña palabra significa, ni más ni menos, un concepto de elevado contenido democrático. En tiempos en los cuales la gente va tomando conciencia sobre las causas que afectan sus vidas, es lógico que pretendan y reclamen instancias de participación en la toma de decisiones. A medida que cada persona percibe el poder individual y colectivo que tiene, está menos conforme con quedar excluida de las grandes decisiones. El empoderamiento es una búsqueda de mejor distribución del poder dentro de la sociedad, incluyendo a los sectores tradicionalmente marginados. Busca transformar a las personas y a las sociedades. Pero, para poder opinar e intervenir hay que estar informado, saber cuáles son nuestros derechos y obligaciones, tener acceso a ciertos niveles de discusión, fortalecer nuestro juicio crítico. Quemar esas etapas no es tarea fácil, en especial si consideramos la heterogeneidad de la sociedad, y su inexperiencia en este prometedor terreno. Dado que el grueso de la población está fuera del sistema educativo formal, las transferencias de información y opinión, ocurren principalmente a través de los medios masivos. Se podrá hablar de mayores o menores aciertos, de la necesidad de elevar el nivel profesional de los comunicadores y de los medios. Pero, así está planteado el desafío de nuestro tiempo. En especial para una sociedad marcadamente científica y tecnológica como será la de este siglo. En ese sentido nos preocupan dos aspectos del ejercicio de esta profesión: la capacitación permanente de los comunicadores en actividad, y el mejoramiento de los canales de comunicación entre los periodistas y aquellas personas e instituciones que poseen la información. Estas dificultades a zanjar serán uno de los principales desafíos para encarar en el corto plazo. La dificultad mayor está en dar el primer paso dentro de un colectivo como el de los comunicadores donde se hace muy difícil movilizarlo.

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