Víctor Hugo Morales
Bienaventurados los que no tenían para pagarse la entrada al fútbol, porque de ellos sería el reino de las plazas verdes y espaciosas con la manta sobre el pasto y el mate corriendo generoso, una silla para el abuelo y la portátil en la horqueta del árbol.
Los que ingresaron a los estadios, desperdiciaron la tarde a la espera de una jugada que les recompensara el esfuerzo. Fue hacia el final del partido del Monumental, cuando River ganaba 2 a 0 al modestísimo Olimpo que, por fin, se pudo ofrecer una acción que honrara al futbol. Mascherano que juega de cinco corto en la mitad de la cancha, corrió como si fuera un ocho y cruzó el centro hacia el que venía de diez. Ferreyra, otro pibe de las inferiores más generosas del futbol mundial, la llevó con el pecho, corrió más rápido que el arquero Vivaldo y cuando ambos levantaron las piernas, la zurda del "millonario" empujó la pelota hacia la red.
Por una semana River no tendrá que dar explicaciones. Es decir, su técnico no se verá acorrlado en las entrevistas por los periodistas que, en vez de preguntar, acusan. Y los dirigentes no tendrán que decir cada diez minutos que le "ratifican la confianza". Es para lo único que sirve el partido de ayer. Para eso y para descontarle dos puntitos a Boca. Nada más.
De Boca hablando, hay que señalar su inesperado empeño por emparejar la tabla. Hace cambios, sufre la ausencia de Tévez, juega mal, y perdió un punto por día, desde el miércoles, cuando igualara ante Lanús.
La crónica dice tambien que Independiente parece a punto de ahogarse. Saca la cabeza del agua, pero se hunde de nuevo.
De los que tienen sueños grandes, el único que se recupera es San Lorenzo, pero todavía está lejos. La esperanza de todos es que Banfield le gane a Boca el partido pendiente, el 15 de octubre. Entonces Boca sería uno más del pelotón principal y no el protagonista de una fuga que lo muestra pinchado pero con mucha ventaja.
Condenado a la mediocridad, el campeonato transcurre sin emoción y sin gracia. Por eso, en tardes tan agradables como la que ayer tenía Buenos Aires, mejor la placidez de los parques.