SILVIA PEREZ Y JOSE MARIA BELLO
Ayer, Juan Ramón Carrasco volvió a dedicar un día entero para atender al periodismo y evacuar las dudas que pueden haber dejado las dos primeras presentaciones de Uruguay en las Eliminatorias. Los dos primeros partidos, "por los puntos que duelen", como dijo el propio técnico.
Instalado en el living de la casa de su asesor, Luis Torena, y mientras algunos de los integrantes de su cuerpo técnico (Adán Machado, Darwin Rodríguez y "Pinocho" Vargas) trabajaban en la otra habitación, el entrenador de la selección celeste, vestido con equipo deportivo rojo, con las ya infaltables iniciales J.R. en el buzo, se dispuso a contestar a todas las preguntas, aclarando antes que, como siempre, iba a hablar con la verdad: "como ya la han escuchado y la van a seguir escuchando".
—¿Qué saldo te dejaron estos dos primeros partidos?
—Me queda la tranquilidad de que lo que yo vaticiné, se dio. Eso me deja tranquilo y por eso duermo tranquilo, duermo en paz. Eso no quiere decir que esté conforme con el resultado, pero sí con el funcionamiento. Dije en lo previo que la gente iba a ir a disfrutar al Estadio y salieron contentos después de la exposición futbolística frente a Bolivia. También dije que en el exterior se iba a tratar de buscar el protagonismo, a crear chances de gol. Que no se iba a jugar con un delantero, ni apostar al pelotazo o a un gol de tiro libre o de corner. (Aunque eso no quiera decir que no me guste o que no valga). Yo no aseguraba ganar, pero sí crear chances y si estas se daban iba a tener un alto porcentaje de hacerlo. Eso se dio, pero nos faltó contundencia. Lo que no esperaba y me sorprendió fue perder la brújula después del tercer gol. Eso no es lo que yo entreno, lo que yo inculco, lo que pregono. Ya había pasado en partidos amistosos, pero no se había perdido la línea. Frente a Paraguay se salieron del libreto, pero para mal. Es algo a trabajar.
—¿Cuáles creés que fueron las causas?
—Las causas... la impotencia de no haber concretado las chances que se tuvieron, mientras que Paraguay sin ser más, fue más contundente. El jugador no siempre juega con viento a favor, a veces el resultado en contra no te deja actuar con la misma libertad que si todo te sale bien. Tampoco hay que olvidar que Recoba y Ligüera no estaban en un 100% y por eso no habían arrancado en el partido.
—Y alguien que hacía tanto que no jugaba, como Sorondo, ¿podía estar en un 100%?
—Para el partido que yo preví, sí. Y de hecho me lo confirmó. No hubo una jugada en que Sorondo me hiciera dudar. Podía haberme puesto nervioso si cada pelota que pasara por él saliera mal jugada, o que perdiera en el pase, o que le pegara para cualquier lado, o que lo encararan con pelota dominada y quedara en blanco... pero yo no ví nada de eso. Lo que sí ví fue una mala ubicación en el primer gol. Que se fue para adelante cuando estaba Aguiar y dejó a Cardozo y a Santa Cruz atrás de él. ¡Eso sí!, pero no lo llevo a la falta de fútbol. No sé cuál fue la razón para esa reacción. Me preocupa la falta de competencia si va a cabecear y le pasa por arriba la pelota. Por ese lado me quedo tranquilo.
—¿Hablaron después del partido sobre los errores? ¿En este caso sobre esa reacción?
—No hay posibilidades de hablar sobre los errores porque se van enseguida. Lo trabajo con la gente de acá, aunque de repente, no haya estado en el partido. Me sirve para trasmitírselo a ellos cuando vuelvan a trabajar, entonces hay que ver el partido y mostrarles el hecho. Hacerles ver que eso no puede pasar en un equipo que tiene la mente y el corazón confiados en lo que hemos hecho. Uno nunca es profeta en su tierra, pero a nivel internacional todo el mundo habla de este Uruguay diferente. Hablan maravillas. El que es objetivo sabe que Uruguay juega un fútbol, que hasta ahora, es el mejor que ha tenido. En los puntos, fríamente, estamos debajo de Brasil, pero ellos nos tienen que mirar a nosotros.
—Lembo y Abreu, ¿pueden volver?
—Sí, los únicos que no van a venir son los que no trabajaron conmigo. Incluso esos, si mañana cuando tengan tiempo de estar a la orden y puedan venir, también pueden estar.
—¿Darío Rodríguez habló contigo?
—Habló con un amigo común para desear suerte. Todos sabemos la clase de jugador y de ser humano que es Darío, pero yo mantengo la línea, el que no trabajó, no juega.
—¿Te preocupa que ahora Munúa no juegue?
—Me preocupo por muchos jugadores de cancha que tienen que jugar. El arquero practica en un arco igual al del partido, y va a trabajar centros, remates y potencia de pie. Va a trabajar todo y si me hablan de esos exámenes, de esos partidos claves, con gente, él ya los tiene.
—¿No esperabas más de Olivera?
—Esperaba más, muchísimo más.
—¿Lo vas a seguir respaldando?
—El va a tener la posibilidad de jugar en la Sub 23. El tema es que Olivera trae lo de la Sub 20, pero yo evalúo desde que están conmigo. Y conmigo no ha dado ni cerca de lo que puede dar, pero no hay que olvidar que está jugando en un puesto al que no está acostumbrado y al que lleva tiempo adaptarse, pero va a tener su revancha jugando en la Sub 23 en el puesto de él.
—¿Lo respaldás porque te sentís identificado con el, porque es un creador como eras vos?
—No. Son características diferentes. Yo me identifico más con Ligüera o con el "Chino". Olivera es un 10 más potente. Quizás en el pase de gol, le falte, pero tiene todo.
—Hubo un momento frente a Paraguay en que había tres 10 en la cancha, el "Chino", Ligüera y Olivera, ¿no es demasiado?
—No, porque tenían que cumplir diferentes roles. Uno puede ser mixto, otro como el "Chino" cumplir la función de punta. Eran roles diferentes.
—A Giacomazzi, ¿lo sacaste porque no rindió?
—Sí, es un jugador que no ha dado todavía lo que puede dar.
—Contra Chile, ¿el planteamiento va a ser el mismo que frente a Bolivia?
—No creo que cambie nada. Jugando en casa no creo que cambie con nadie.
—Una vez dijiste que a Brasil era al único que le ibas a jugar distinto a los demás, ¿cómo pensás hacerlo?
—Puede ser, sí...(se ríe) Puede ser que varíe un poco lo que es mi figura, pero no lo que es mi filosofía de apuntar al arco rival. Puede que tome algunas precauciones, pero siempre apuntando a eso. Soy optimista para ese partido, respeto mucho a Brasil y a Argentina que son rivales que van a estar en la conversación, pero en base a fútbol, no sé si los vamos a llevar por delante, pero sí vamos a buscar los tres puntos.
—¿Va a haber nuevos nombres?
—Sí, Hornos va a estar. ¡Ligüera y Hornos son como Pelé y Coutinho!
—¿Te preocupa que se juguen dos partidos tan seguidos, y más con el ritmo que vos exigís, sobre todo por el cansancio?
—Lo del cansancio pasó con algunos, el caso del "Chino" y Ligüera por la pubalgia, que es una lesión rebelde que aparece y desaparece. Pero otro cansancio no, y no fueron seis cambios los que hice. Los cambios tácticos fueron tres, los otros fueron por fuerza mayor. Lo que pasa es que cierto periodismo orienta las cosas para cualquier lado y por eso hablan y hablan de seis cambios.
—Pero el médico y los propios jugadores dijeron que estaban para jugar.
—No, no, no. Pasa esto: el jugador siempre dice que está bien y los médicos dijeron que estaban aptos para jugar, o sea que si tenés que echar mano a ellos lo podés hacer, pero eso no quiere decir que estén bien. No hay que olvidarse que están jugando para Uruguay. ¡No sean malos! No estaban en un 100%. ¿Quién es el que por historia tiene palabra acá? Si hay alguien que no miente es J.R. ¡Es la posta!
"Por hacerle una pierna al DT, no"
—¿Hay algo que hiciste y no harías de nuevo?
—Puede ser...El problema es que no te lo dicen, te enterás después del mal resultado. En el caso de Regueiro me enteré después que estuvo incómodo, pero nunca me lo dijo. Nunca me habló.
—¿Y vos le preguntaste?
—Yo no tengo que preguntarle nada. Yo doy la formación y el jugador me dice si lo hace o no lo hace. Es como el jugador que me dice que está más o menos. Más o menos, ¡no! ¡Conmigo no! Con otro de repente no importa, conmigo no, porque yo siempre voy al funcionamiento y no al nombre. Se supone que si yo te pongo en un entrenamiento de arquero y no me decís nada y te pongo en los amistosos y no decías nada, y después llega el partido, andás mal y decís que de arquero no querés jugar. De repente eso es algo que no volvería a hacer. No quiero que me vuelva a pasar que un jugador diga que jugó en un puesto donde no estaba cómodo. Esto es la selección, pero no hay ninguno atronillado ni por obligación. Prefiero a un jugador convencido y que quiere el puesto. Además, así como en La Plata jugó para atrás, en Italia fue el mejor. Después de Argentina, yo le di otra oportunidad porque tampoco me voy a quedar con un partido, todos somos humanos y podemos tener un mal partido. Y si en Italia fue el mejor, ¿cómo no le iba a dar un oportunidad frente a Paraguay si iba a jugar con linea de 4? Con él tenía piernas y cabezazo... podía haber puesto a Richard Núñez pero con él no tenía cabezazo. Yo duermo tranquilo.
—¿Regueiro se cerró las puertas de la selección?
—No, no. Va a ser llamado si lo veo con posibilidades en otro puesto. Ya lo dijo él. Como un favor no. Por hacerle una pierna al técnico no. Una pierna se puede hacer en un equipo de fútbol, pero en la selección, no.
—¿Y hay algo que no hiciste y deberías haber hecho.
—No, yo duermo tranquilo. Hoy me estaría reprochando y no dormiría de caliente si hubiese dejado el mismo equipo para conformar a la gente o al perdiodismo o por aquello de equipo que gana no se cambia. O que Paraguay me ganara, como me ganó, por arriba por no haber puesto a los jugadores que yo consideraba idóneos para ese partido.
Se olvidaron del libreto del maestro
—En estos dos primeros partidos, ¿el equipo rindió más de lo que esperabas, menos, o como esperabas?
—En el primer partido, más de lo que esperaba y en el segundo yo sabía que el primer tiempo iba a ser así, pero pensaba que en el segundo íbamos a desnivelar. Más teniendo en cuenta la presión de ellos. Sabía que se iban a poner nerviosos, que la gente les iba a chiflar y hasta pensaba que podía haber alguna expulsión. Y con el "Chino" y Ligüera afuera y con el equipo de ellos desarmado, mataba. Claro, eso en el partido que uno juega antes, en el que se imagina.
—¿Y qué fue lo mejor de Uruguay?
—La identidad futbolística. Esa en la que todos son solidarios cuando no se tiene la pelota, y cuando la tienen no la rifan, y se hace un gol y se busca otro. Todo lo que ya se ha visto en los amistosos y también ahora, por los puntos que duelen.
—¿Y lo peor?
—Que el equipo perdiera el rumbo y se saliera del libreto totalmente.
—¿Y la contundencia?, porque frente a Paraguay faltó la contundencia de partidos anteriores.
—En todos los partidos hay goles que se erran, situaciones que no se concretan, pero hay goles y goles. Como los dos que tuvo Bueno. Lo estuve mirando con detenimiento y no son chances como la de Forlán, o como la del mismo Bueno afuera del área. Esas son cosas que se dan en los partidos, no siempre el que tiene la chance la puede concretar. En las dos jugadas puntuales de Carlitos fue diferente, en la del primer tiempo, en que él se pasa y la tira para atrás, si se hubiese tirado con las dos piernas para adelante, era gol. No hay misterio. Y en la del taco si se hubiera dado vuelta rápido también era gol. No había nadie, y era gol. Esos dos goles errados son mucha ventaja en ese tipo de partido".
Al "Pita" no le hablen de fútbol
El técnico de la selección venía de pasar unos cuantos días en Sarandí del Yí y allí, en su pueblo natal había festejado su cumpleaños. Es que siempre que puede, Carrasco se tira hasta Sarandí donde se reencuentra con familiares y amigos de toda la vida. Esos para los que Carrasco no es J.R., sino el "Pita", sobrenombre que obtuvo por comer pitanga de camino a la escuela. Entre ellos el técnico encuentra el bálsamo ideal donde recargar sus baterías. Allí vuelve a ser el de antes y nadie le habla de fútbol, salvo que él mismo saque el tema.
En realidad, lo mismo pasa cuando Carrasco va a jugar al pool como hizo toda la vida, o se da una vueltita por algún boliche. Los que lo conocen no le dicen una palabra de fútbol y si alguien, que no tiene esa confianza, se le acerca con ese fin, él le pregunta: "¿vos acá a qué viniste? A jugar al pool, ¿no?". Lejos de ofenderse, el interlocutor se ríe, y dice "¡Bien Juan! ¡Siempre sos el mismo!" Y tienen razón porque, al menos por ahora, el técnico de la selección no parece haber cambiado en nada. Por eso no tiene ningún empacho en reconocer que la mayoría de las veces no concentra con los futbolistas y se va para su casa: "ya concentré demasiado cuando era jugador. ¿Que voy a hacer ahí? Yo lo que tengo que hacer es trabajar en la cancha, pero no tengo que quedarme a cuidar a los jugadores, no necesitan que les de la mamadera ni los tape".