Al padre Martín siempre le preocupó que los niños que a los doce años egresaban de "Promoción de Acción Social" fueran capaces de insertarse gradualmente, a través de un oficio o de una habilidad concreta, en el mundo de los adultos. Por eso, con fondos del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y 40 mil dólares obtenidos por el propio religioso en Roma, la obra refaccionó a nuevo un gigantesco galpón levantado sobre un terreno de su propiedad ubicado a dos cuadras de su sede, para convertirlo en una Escuela de Oficios.
La inversión permitió dotar al local de modernos vestuarios y de luz y agua industrial. Pero a la muerte del padre Martín le siguió la recesión económica y aunque muchos jerarcas de gobierno prometieron públicamente transformar aquel sueño en realidad, el proyecto durmió en un cajón hasta que en 2001 la consejera de UTU, Fanny Arón, tomó contacto con la iniciativa.
"Esta señora nos visitó en la mañana del 24 de agosto de 2001 y se mostró muy interesada en el proyecto. Nosotros se lo dábamos a UTU por veinte años, para que allí funcionara una escuela industrial, y a cambio sólo pedíamos que nos enviaran bancos nuevos para los chiquilines de la obra, que nos arreglaran algunos techos que se llovían y que nos habilitaran un cupo en esa escuela de oficios para que nuestros chicos pudieran ingresar a ella sin dificultades", recuerda el coordinador general de Promoción de Acción Social, Miguel Rajkovich.
La jerarca dio el visto bueno y esa misma tarde se presentó en el lugar un arquitecto de UTU para empezar a trabajar en el proyecto. "Nos pellizcábamos, porque estaba a punto de hacerse realidad un viejo anhelo del padre Martín y de la gente de la zona", afirma Rajkovich.
En marzo de 2002 las autoridades de UTU y los representantes de Promoción de Acción Social firmaron frente a los medios de comunicación el convenio respectivo. Pero —siempre hay un pero— cuando se apagaron las cámaras y se disiparon los flashes, aparecieron los inconvenientes. En febrero pasado UTU resolvió abortar el proyecto debido a que la obra no disponía de los títulos de propiedad del predio.
"Les exhibimos documentación de la Dirección de Catastro, que demuestra que somos los propietarios del predio, incluso cuando no tenemos en nuestro poder los títulos correspondientes, pero de todos modos UTU mantuvo su decisión y la ilusión se derrumbó", explica Rajkovich.
El edificio que iba a albergar a la Escuela de Oficios ha sido arrendado por la obra a una empresa metalúrgica que paga un alquiler de 5 mil pesos mensuales. El sueño, que alguna vez pareció convertirse en realidad, terminó por esfumarse.