Una obra solidaria al borde del colapso

| Fundada en 1965 por el infatigable religioso, la crisis golpeó duramente a la obra, que ahora enfrenta su cierre

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Alvaro J. Amoretti

A cinco años de la muerte del padre Martín, la obra que el religioso argentino fundó en medio del descreimiento general en agosto de 1965 se encuentra literalmente en estado agonizante. La ausencia del hombre que a fuerza de voluntad y carisma personal se encargó durante más de tres décadas de gestionar personalmente los recursos que hicieron posible lo que alguna vez pareció una quimera, sumada al impacto de la recesión económica que desde 1999 soporta el país, llevaron a que las donaciones que antes fluían terminaran por extinguirse, que las ventas económicas y las excursiones al exterior que otrora reportaban ingresos frescos hoy arrojen pérdidas, y que hasta los dineros que se reservaban para tiempos de tormenta en un plazo fijo en el Banco de la República terminaran víctimas de la reprogramación.

El coordinador general de la obra "Promoción de Acción Social", Miguel Rajkovich, admite que la situación es "extremadamente delicada" y que en función de la falta de recursos la atención que diariamente se brinda a un centenar de niños de entre 5 y 12 años en el edificio de Bogotá y Viacava "sólo puede garantizarse hasta fin de año".

"Uno quiere ser optimisma y hasta siente el deber de serlo cuando todos los días ve a los chiquilines llegar a la obra a comer y merendar, a divertirse y a aprender, pero la realidad marca que la situación empeora mes a mes, y que con los recursos de que disponemos no podemos asegurar que el año que viene podamos abrir las puertas", dice Rajkovich.

La administradora de "Promoción de Acción Social", María Inés Mariezcurrena, asegura que hasta la muerte del padre Martín la obra disponía, invariablemente, de una reserva económica que le permitía financiar un año de actividades. Las fuentes de ingresos eran variadas.

"El padre Martín conocía a todo el mundo, y todo el mundo lo conocía a él. Por eso, cuando salía a golpear puertas, era difícil que alguien le dijera que no", recuerda Mariezcurrena. Pero al año siguiente de la muerte del fundador, la recesión llegó para quedarse. Los tres mil socios que mensualmente aportaban desde 20 pesos hasta sumas elevadas en dólares se redujeron hasta los poco más de cien de hoy en día. El dinero comenzó a faltar.

La crisis obligó al Estado a bajar sus gastos. Y los mil dólares mensuales que aportaba el Banco Hipotecario del Uruguay y los recursos que periódicamente proporcionaba UTE desaparecieron. Las empresas públicas siguieron cobrando a la obra el agua, la luz y el teléfono, pero suspendieron todo apoyo económico.

Las donaciones de ropa, muebles y artículos en desuso bajaron dramáticamente. "Antes el camión salía cuatro veces por semana a buscar donativos que tomábamos telefónicamente, y siempre volvía lleno. Ahora sale una vez por semana, y regresa con cuatro o cinco cosas", se lamenta Mariezcurrena.

PROBLEMAS. Para atravesar la tormenta, la Junta Administrativa de la obra buscó apelar a la imaginación para generar recursos que permitieran superar la coyuntura, pero todos los intentos fracasaron.

Los viajes que "Promoción de Acción Social" promocionaba a través de su audición radial y que reportaban ingresos de miles de dólares a la obra, este año arrojaron incluso pérdidas. Lo mismo sucedió con algunos festivales musicales. Y la línea 0900 de que se disponía debió ser cancelada.

Para colmo, cuando los integrantes de la Junta Administrativa salieron a visitar a personas y empresas, de la misma forma que en vida lo hacía el padre Martín, los resultados fueron desalentadores. "A él le daban dinero. A nosotros ni siquiera nos abren la puerta", asegura Mariezcurrena.

Así las cosas, la reserva económica terminó por agotarse. Y también se consumió la mayor parte del producido de la venta de una casa en Carrasco que fue donada a la obra, y que se comercializó en 90 mil dólares. Sólo quedaron 30 mil dólares, que para asegurar el futuro se depositaron en una cuenta a plazo fijo en el Banco de la República. El depósito fue alcanzado por la reprogramación de agosto de 2002.

En la actualidad, "Promoción de Acción Social" registra un déficit mensual de 2 mil dólares. La veintena de personas que atiende cada día al centenar de niños beneficiarios de la obra percibe mensualmente un sueldo mínimo.

PRESENTE. La obra atiende hoy a un centenar de niños carenciados. Los menores llegan al mediodía después de salir de la escuela, saludan con un beso a los funcionarios y se sientan a comer el almuerzo que, desde la mañana, preparan las cocineras Adela Borsari y Ofelia Curutchet.

Los alimentos provienen de donaciones de particulares y del INDA, que aproximadamente cada dos meses envía arroz, azúcar, cocoa, fideos, harina, leche en polvo, sal, dulce de membrillo, sémola, lentejas y porotos. Pero con eso no alcanza, y la obra debe disponer de otros 10 mil pesos por mes para mantener la calidad de la alimentación que se ofrece a los niños en el almuerzo y en la merienda.

Las provisiones se almacenan en una despensa que, aunque humilde, está limpia y clasifica en cajas los alimentos para cada día de la semana. Sin embargo, el INDA le exigió a la obra la instalación de una estantería metálica, la que ya fue instalada.

Fuentes de la obra aseguraron a El País que el INDA también observó a Promoción de Acción Social" por el hecho de que los viernes se entreguen viandas con alimentos básicos a una veintena de menores, cuando la atención debe brindarse solamente de lunes a viernes. "Les dijimos que les damos esa vianda después de haber comprobado que esos veinte chicos no comían nada en todo el fin de semana, y nos parece nuestro deber ayudarlos. Y aunque nos dijeron que si seguimos haciéndolo el INDA nos retirará todo apoyo, les hemos anunciado que no renunciaremos a ese deber", afirma Rajkovich. Después del almuerzo, los educadores de la obra apoyan a los niños con su tarea escolar. Se vigilan los deberes, se revisan los cuadernos, se realiza un seguimiento de las notas y se mantiene un contacto telefónico permanente con la maestra de cada niño. De esa forma se pueden detectar a tiempo los problemas y derivarlos al psicólogo Carlos López, o reforzar la asistencia a los niños que lo necesiten.

"Hacemos lo que podemos y, sin dinero, hasta lo que no podemos. Y nos gustaría poder atender a casi trescientos niños de la zona que quieren ingresar a esta obra, y a los que no podemos recibir por falta de recursos. Pero la realidad es que si las cosas no cambian vamos a tener que bajar la cortina", advierte Rajkovich.

Datos

En la actualidad la obra "Promoción de Acción Social", que funciona en la calle Bogotá 3551, ofrece atención a un centenar de niños carenciados de entre 5 y 12 años del Cerro, Casabó, Cerro Norte, La Teja y Gruta de Lourdes.

La obra controla que los niños concurran cada mañana a la escuela y realiza un seguimiento de su rendimiento a través del contacto permanente con sus maestras y del control de los carné de asistencia y aptitud.

En "Promoción de Acción Social" los niños reciben de lunes a viernes un almuerzo balanceado y una merienda. Además, la obra les provee de vestimenta y calzado, les ayuda a realizar las tareas escolares, les celebra sus cumpleaños y el Día del Niño, y les ofrece la posibilidad de integrarse a talleres de pintura en tela, dibujo, encuadernación, artesanía, cocina, repostería, música y expresión plástica.

La obra brinda asimismo servicio médico y odontológico al niño y a su familia, y cuenta con asistentes sociales y con un Departamento de Psicología.

Lo que hasta 1998 fue la habitación del padre Martín es hoy la sala de informática de la obra. Cuando un niño baja sus notas en la escuela, los educadores de "Promoción de Acción Social" les suspenden los juegos en computadora hasta tanto la maestra no reporte un cambio de actitud. "Se esfuerzan el doble para recuperar esa oportunidad de aprender jugando", explica la administradora María Inés Mariezcurrena.

En la actualidad, el edificio que iba a albergar a la Escuela de Oficios ha sido arrendado por la obra a una empresa metalúrgica que paga un alquiler de 5 mil pesos mensuales.

Las donaciones a la obra pueden realizarse a través de los teléfonos 311 15 94 y 3111484.

Luchador incansable

Algunos años antes de su muerte, el padre Martín golpeó la puerta de una empresa pública para obtener el apoyo económico que le permitiría a su obra mantener la asistencia a los niños carenciados.

El presidente de la empresa pública recibió al fundador de "Promoción de Acción Social" en su despacho y escuchó el pedido del religioso, pero negó el apoyo del organismo. "Después de todo a ustedes no los mandó el Estado a hacer esa obra", disparó el jerarca.

Cuenta un testigo de la breve entrevista que, tras escuchar esa frase, el padre Martín se levantó de su asiento y respondió al jerarca con tanto respeto como firmeza. "En lugar de explicarle por qué hacemos lo que hacemos, prefiero dedicar ese tiempo a golpear otra puerta para conseguir la plata que necesitamos para seguir haciendo lo que hacemos", replicó. Y se fue.

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