Son muy variados los acercamientos propuestos en esta película por once cineastas de diversos países convocados por el productor francés Alain Brigand, sobre el impacto de los atentados del 11 de setiembre de 2001. Un primer y seductor episodio dirigido por la iraní Samira Makhmalbaf se ocupa de un grupo de niños afganos refugiados en Irán a los que la maestra intenta explicar lo que acaba de ocurrir en los Estados Unidos. Los chicos están mucho más preocupados por un vecino que cayó en un pozo, y discuten sobre las misteriosas razones de Alá. Igualmente atrayente resulta el episodio del francés Lelouch, que prefiere contar una historia de amor sobre cuyo futuro los atentados, ignorados por una sordomuda que no alcanza a ver el televisor, introducen una cuota de incertidumbre. El resultado es un cuento de impecable factura, quizás lo mejor que el habitualmente frívolo Lelouch haya filmado en mucho tiempo.
Es mejor la idea que la realización del episodio egipcio, donde Youssef Chahine reúne al fantasma de un "marine" norteamericano muerto en un ataque terrorista en El Líbano con una familia palestina en territorio ocupado por Israel, y lanza algunas acusaciones hacia la política exterior de los Estados Unidos. Y es por cierto muy trivial el capítulo de Burkina Faso, dirigido por Idrissa Ouedraogo, acerca de cinco niños que fantasean con lo que podrían hacer si cobraran los 25 millones de dólares prometidos por la captura de Osama Bin Laden.
Algunos realizadores prefieren establecer vínculos o contrastes con otras masacres. El bosnio Danis Tanovic recuerda a las 7.000 víctimas de Srebenica, el 11 de julio de 1995), por la que las viudas de las víctimas salen a manifestar una vez por mes. El británico Ken Loach extrae un buen partido de la experiencia de un chileno exiliado en Inglaterra que escribe una carta a los familiares de las víctimas norteamericanas, recordándoles otro 11 de setiembre: el de la caída de Salvador Allende. El israelí Amos Gitai contrasta con eficacia e ironía la cobertura de los atentados norteamericanos con la rápida salida del aire de la información de una bomba palestina en Tel Aviv.
En otros casos el acercamiento es más indirecto. El norteamericano Sean Penn elige la crónica de un anciano viudo y solitario (Ernest Borgnine) que dialoga con su esposa muerta en un departamento cercano a las Torres. La india Mira Nair cuenta el caso real de una familia pakistaní en Nueva York cuyo hijo desapareció el 11 de setiembre: se sospechó que el muchacho estuvo vinculado al atentado, y recién mucho después se comprobó que había sido una de las víctimas. El japonés Shoei Imamura emite su alegato antibélico a través de la experiencia de un combatiente de la Segunda Guerra Mundial que cree ser una serpiente (o prefiere serlo, en vez de un hombre) luego de haber conocido los horrores de una carnicería de dimensiones globales.
Sin duda unos episodios son mejores que otros, aunque es posible que cada espectador tenga un favorito diferente. No es difícil reconocer la solvencia narrativa de Lelouch o Imamura, la calidez y la frescura de Makhmalbaf, la agudeza y la cuota de sarcasmo de Gitai, el toque de lirismo de Penn, el rigor testimonial de Loach, hasta la apertura de Tanovic a una realidad menos socorrida. Otros capítulos son menos satisfactorios (Chahine, Ouedraogo, Nair). En el caso de la cineasta india, sobre todo, los once minutos parecen un corsé demasiado rígido para una historia que hubiera requerido de otra duración y otro desarrollo. Por su parte, los experimentos del mexicano Inárritu con la banda sonora y los oscurecimientos de la imagen son del tipo "tómelo o déjelo".
Sin embargo, el conjunto importa más que cada episodio en particular. Es realmente muy buena la idea (atribuible al "productor artístico" Brigand) de confrontar estéticas, ideologías y aproximaciones diversas a un tema que dolió a todos. Frente a los fundamentalismos y los proyectos hegemónicos, el film celebra la diversidad, obliga al espectador a contemplar las cosas desde varios puntos de vista, y reivindica el arte, la creación, la expresión individual y colectiva, como respuesta al fanatismo y el horror. Quizás corresponda confiar todavía en la condición humana.
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CRITICA | GUILLERMO ZAPIOLA
11.09.01: EL DIA QUE CAMBIO EL MUNDO
Directores. Samira Mahkmalbaf, Claude
Lelouch, Youssef Chahine, Danis Tanovic,
Idrissa Ouedraogo, Ken Loach, Alejandro
González Inárritu, Amos Gitai, Sean Penn,
Shohei Imamura.
Libretos. Youssef Chahine, Sabrina
Dhawan, Amos Gitai y Marie-Jose
Sanselme, Alejandro Gontález Iñarritu,
Ken Loach, Paul Laverty y Vladimir Vega,
Claude Lelouch, Samira Makhmalbaf,
Idrissa Ouedraogo, Sean Penn,
Danis Tranovic, Daisuke Tengan,
Pierre Uytterhoeven.
Productor artístico. Alain Brigand.
l Francia 2002